Característico del mundo de la política en Argentina son vivenciar las conflictivas y chocantes relaciones entre funcionarios que, entre acusaciones y denuncias, nunca compatibilizan, aún en aspectos formales y protocolares, cuan mínimos o no que sean.
Más allá de las tradicionales disputas por el poder y las alianzas de turno, la más seca e interesante relación entre personajes políticos la protagonizan desde hace casi un año los sujetos de mayor poder en el país en cuanto a carácter institucional: La presidente y el vicepresidente.
La sumisa conexión que experimentaban Cristina Fernández y Julio Cobos se convirtió en confrontación luego que el mendocino sorprendiera con un voto negativo en el Senado durante el conflicto con el sector agropecuario, que le valió al Gobierno Nacional la dura derrota en la puja por imponer las retenciones a toda costa.
De ahí en adelante, Cobos fue literalmente separado de manera gradual, del resto del oficialismo, hasta quedar completamente aislado, a pesar de la mirada positiva que ganó a nivel opinión pública desde su memorable frase: “mi voto no es positivo”.
El peor y más triste costado de esta telenovela con futuras repercusiones a nivel elecciones, es la falta completa de respeto para situaciones de suma formalidad protocolar, que no fue entendida por el matrimonio santacruceño que maneja los hilos de la Nación.
El ensañamiento para con la figura de Cobos superó al respeto que se le debe tener a la investidura del vicepresidente de la Nación, así como también se debe pedir compromiso respetuoso a cualquier cargo público, sea del rango que sea, desde la presidencia hasta el intendente de la localidad más pequeña. Cuestión de EDUCACIÓN.
El último acto que revistió poca inteligencia política sucedió en el día de ayer, cuando se cumplieron 231 años del nacimiento del prócer más grande que alguna vez haya pisado suelo argentino: El General José de San Martín.
El acto en Yapeyú, Corrientes, iba a ser – y de hecho fue – encabezado por el Vicepresidente Julio César Cleto Cobos. Tratándose del Libertador, se esperaba, como era debido, una presencia que luego se convirtió en una ausencia tan notoria como alevosa e irrespetuosa: Los granaderos.
Fuerza militar creada por el mismo San Martín, brillaron por su ausencia, gracias a la decisión desde Presidencia…y desde Olivos, donde Néstor Kirchner sigue influyendo tanto como para utilizar indiscriminadamente el tango 01 (negado al Vice unos días atrás para viajar a Tartagal) y el helicóptero presidencial, así como también medios oficialistas.
El regimiento de granaderos a caballo asistió en su totalidad al acto que encabezó la poco ilustre Ministra de Defensa Nilda Garre, en la capital federal, con la excusa de “unificar” los actos. Argumento endeble y poco creíble para quien analiza la devaluación de la fórmula “Cristina – Cobos” en el último año.
¿Por qué esta determinación? La simple presencia de Cobos fue la causa. No tan increíble a esta altura, y muy cierto.
Mientras tanto, en Rosario Cristina Kirchner aprovechaba la ocasión para hacer demagogia extrema, al pronunciar un típico discurso de aliento vacío de contenido a la ciudadanía y de reto a los que se portan mal.
Cobos exaltó la figura del general, sin antes aclarar que esta errónea decisión es una falta total de respeto hacia el prócer, no hacia él, más allá de luego intentar atenuar su tono y expresarse de un modo conciliador y tranquilizador, su arma más fuerte dentro de la voracidad oficialista.
Lamentablemente, este detalle no ganará el espacio debido en los medios, y menos que menos, en la opinión pública (lo cual es aún mas grave), que ajena a tomar la autocrítica como algo constructivo, omitirá tal situación, que se desvanecerá en la espesa niebla del olvido.
“Yo tengo respeto por las instituciones”. Alguna vez la presidenta Cristina Fernández, durante su primer y gran conferencia de prensa, respondió con esa simple frase, en tono seco y claro, la opinión que a su parecer le merecía la actitud del vicepresidente, Julio Cobos, respecto de su falta total de acompañamiento al proyecto oficialista durante el conflicto con el campo en el 2008.
Ese aparente “respeto” que tanto la jefa de estado como tantos otros se atribuyen, es tan falso que ni siquiera pueden mantenerse las diferencias al margen cuando de homenajes y recordatorios se trata.
Y fue el padre de la Patria, ni mas ni menos, y todos los concurrentes al acto en la Provincia de Corrientes, quienes tuvieron que soportar la incomodidad y la molestia que genera una actitud poco madura de alguien de quien se espera mucho, pero mucho más.
jueves, 26 de febrero de 2009
martes, 24 de febrero de 2009
El complicado panorama del pasante.
Hallar un trabajo para un estudiante universitario resulta tan complicado como útil para su formación una vez que lo encuentra, y ya inmerso en el mundo laboral, se convierte en el espacio donde se reparten las energías, en conjunción con el estudio, para aprender y explotar al máximo las posibilidades que la empresa le provee, sea cual fuere.
La sanción de la nueva ley de pasantías número 26.427 (que deroga la anterior ley nº 25.165) a fines de diciembre del último año recibió aplausos y críticas por igual.
Por un lado, hacen presencia nuevos beneficios que percibirían los estudiantes y que las empresas sin restricciones deberán cumplir a rajatabla.
Pero consecuentemente, esas ventajas aparentes reducen el abanico de posibilidades, ya que la reducción de horas, sumada a la relación directa que la pasantía tendría con la orientación educacional del estudiante, reducen las chances de búsqueda por parte de los empleadores, quienes además este año, en vistas de las dificultades económicas que se avecinan, no arriesgarán recursos monetarios en jóvenes inexpertos.
Los más perjudicados: aquellos alumnos de los primeros años de carrera.
Al visto bueno que los legisladores de manera unánime le dieron al proyecto - con el argumento que se regularizaría un sistema que podía desembocar en el fraude laboral por parte de las empresas, probable, y de hecho cierto – se le opusieron las voces que afirman que la aprobación de la ley se debe estudiar desde la intención de quedar bien con los sindicatos, razón que incluye la poca utilidad que para los mismos empleadores tiene de ahora en más contratar a un pasante.
La carga horaria estipulada por el texto fija el límite de 4 horas solamente, en lugar de las 6 horas antes establecidas, aunque con la obligación a nivel contractual de poseer cobertura de una obra social y de una ART (Aseguradora de riesgos de trabajo)
No obstante, el pasante, que en la nueva ley solo gozaría de un año máximo de práctica profesional, con la posibilidad de 6 meses de prórroga, no formará parte del staff empresarial como ocupante de una vacante en un puesto o como creación de empleo antes no existente. Otro punto más que reduciría la intención de búsqueda.
Su posición será paralela a todo ello, lo cual lo convierte en una “inversión” poco confiable y redituable para la organización, más teniendo en cuenta que en caso de “irregularidad” se sobreentenderá la existencia de una relación formal de trabajo, que conllevaría al estudiante a realizar reclamos y percibir beneficios más allá de los estipulados, incluido el salario.
Sin embargo, desde varios sectores se destacó la intención pedagógica que encubre al renovado sistema de pasantías.
Esto implica el compromiso por parte de la empresa de suscribir en el contrato, además de las condiciones específicas de trabajo, la alineación con respecto a la orientación educativa del estudiante a nivel académico, cuestión que se delineará en conjunto con la nueva figura del “docente guía”, proveniente de la institución educativa de la que el estudiante forme parte.
En cuanto al salario, se determinará acorde a las horas de trabajo – máximas, 20 por semana – y el convenio colectivo de trabajo al que este subscripto el organismo u empresa contratante.
El nuevo marco legal que se ha establecido para el desarrollo de pasantías en el país puede ser estudiado desde dos perspectivas.
Desde la perspectiva oficialista y de quienes la apoyan, se destacan las ventajas de contratación que el pasante gozará y como realizará una actividad laboral en función de su carrera.
Más allá de ello, las nuevas condiciones que se imponen por ley no estimulan al empresariado para hacer uso del servicio de un estudiante.
Muchos beneficios por pocas horas y por ser un sujeto que no formaría parte del staff de la empresa, lo cual saca a la luz una contradicción no tenida en cuenta.Con respecto al trabajo en concreto, muchos estudiantes de carreras con nivel de apertura laboral baja verán cerradas puertas que los podía sumergir en el mercado desde otro lado, lo cual podía ser interpretado como erróneo, o como enriquecedor para su educación y formación, no solamente académica, sino también social – Ejemplos: Cadete, administrativo y parecidos.
Las dudas se irán aclarando a medida que las distintas casas de estudio impartan las condiciones a los estudiantes que busquen adherirse al sistema, aunque la aprobación de la ley generó en el mismo alumnado suspicacias y desconfianza, que se evaporarán o acrecentarán de acuerdo a las chances que en particular se puedan disfrutar o no.
La sanción de la nueva ley de pasantías número 26.427 (que deroga la anterior ley nº 25.165) a fines de diciembre del último año recibió aplausos y críticas por igual.
Por un lado, hacen presencia nuevos beneficios que percibirían los estudiantes y que las empresas sin restricciones deberán cumplir a rajatabla.
Pero consecuentemente, esas ventajas aparentes reducen el abanico de posibilidades, ya que la reducción de horas, sumada a la relación directa que la pasantía tendría con la orientación educacional del estudiante, reducen las chances de búsqueda por parte de los empleadores, quienes además este año, en vistas de las dificultades económicas que se avecinan, no arriesgarán recursos monetarios en jóvenes inexpertos.
Los más perjudicados: aquellos alumnos de los primeros años de carrera.
Al visto bueno que los legisladores de manera unánime le dieron al proyecto - con el argumento que se regularizaría un sistema que podía desembocar en el fraude laboral por parte de las empresas, probable, y de hecho cierto – se le opusieron las voces que afirman que la aprobación de la ley se debe estudiar desde la intención de quedar bien con los sindicatos, razón que incluye la poca utilidad que para los mismos empleadores tiene de ahora en más contratar a un pasante.
La carga horaria estipulada por el texto fija el límite de 4 horas solamente, en lugar de las 6 horas antes establecidas, aunque con la obligación a nivel contractual de poseer cobertura de una obra social y de una ART (Aseguradora de riesgos de trabajo)
No obstante, el pasante, que en la nueva ley solo gozaría de un año máximo de práctica profesional, con la posibilidad de 6 meses de prórroga, no formará parte del staff empresarial como ocupante de una vacante en un puesto o como creación de empleo antes no existente. Otro punto más que reduciría la intención de búsqueda.
Su posición será paralela a todo ello, lo cual lo convierte en una “inversión” poco confiable y redituable para la organización, más teniendo en cuenta que en caso de “irregularidad” se sobreentenderá la existencia de una relación formal de trabajo, que conllevaría al estudiante a realizar reclamos y percibir beneficios más allá de los estipulados, incluido el salario.
Sin embargo, desde varios sectores se destacó la intención pedagógica que encubre al renovado sistema de pasantías.
Esto implica el compromiso por parte de la empresa de suscribir en el contrato, además de las condiciones específicas de trabajo, la alineación con respecto a la orientación educativa del estudiante a nivel académico, cuestión que se delineará en conjunto con la nueva figura del “docente guía”, proveniente de la institución educativa de la que el estudiante forme parte.
En cuanto al salario, se determinará acorde a las horas de trabajo – máximas, 20 por semana – y el convenio colectivo de trabajo al que este subscripto el organismo u empresa contratante.
El nuevo marco legal que se ha establecido para el desarrollo de pasantías en el país puede ser estudiado desde dos perspectivas.
Desde la perspectiva oficialista y de quienes la apoyan, se destacan las ventajas de contratación que el pasante gozará y como realizará una actividad laboral en función de su carrera.
Más allá de ello, las nuevas condiciones que se imponen por ley no estimulan al empresariado para hacer uso del servicio de un estudiante.
Muchos beneficios por pocas horas y por ser un sujeto que no formaría parte del staff de la empresa, lo cual saca a la luz una contradicción no tenida en cuenta.Con respecto al trabajo en concreto, muchos estudiantes de carreras con nivel de apertura laboral baja verán cerradas puertas que los podía sumergir en el mercado desde otro lado, lo cual podía ser interpretado como erróneo, o como enriquecedor para su educación y formación, no solamente académica, sino también social – Ejemplos: Cadete, administrativo y parecidos.
Las dudas se irán aclarando a medida que las distintas casas de estudio impartan las condiciones a los estudiantes que busquen adherirse al sistema, aunque la aprobación de la ley generó en el mismo alumnado suspicacias y desconfianza, que se evaporarán o acrecentarán de acuerdo a las chances que en particular se puedan disfrutar o no.
lunes, 16 de febrero de 2009
Donde hubo fuego, cenizas quedan.
Recordar sucesos del pasado resulta beneficioso para evaluar con sentido crítico el accionar ante determinadas situaciones, para resaltar los puntos favorables, y en especial, para no caer en el mismo tropezón y omitir la repetición de los errores.Esta premisa es tan útil como pocas veces puesta en práctica, más aún, cuando juegan variables como el poder y la popularidad ante la opinión pública.
Desde la Casa Rosada y el sector de las ruralistas comenzaron a sacarse chispas una vez más, como si inconcientemente se intentará rememorar el grave conflicto – todavía no resulta en concreto – que desde el 11 de marzo del 2008, durante 4 meses mantuvo en vilo a la sociedad, y que originó una disputa de alcance nacional.
El campo sufrió en los últimos meses del año pasado una devastadora sequía que destruyó miles de hectáreas en las provincias donde el agro es la actividad primordial (Buenos Aires, Chaco, Córdoba, Corrientes, Entre Ríos, Formosa, La Pampa, Santiago del Estero, Santa Fe y Río Negro) ocasionando una millonaria pérdida estimada en 43.000 millones, según estimaciones del agro.
La tardía declaración de la Emergencia Agropecuaria (por Ley 22.913) fue el primer paso en el tratado de problemática tan devastadora para las expectativas económicas del país. La medida prorroga por un año el pago del Impuesto a las Ganancias, Ganancia Mínima Presunta y bienes personales a todos los productores afectados.
El supuesto alivio para los trabajadores del campo abarcaría desde créditos a cinco años provistos por el Banco Nación, a tasa anual del 8% (Cuando el interés se marcaba en 14%), con la condición de que se privilegie la industria nacional con maquinarias enteramente fabricadas en suelo argentino.
El tema más punzante y delicado también fue anunciado por la Presidenta Cristina Kirchner: Subsidios en resarcimiento del desastre que las sequías causaron. Después de presiones, tanto de la mesa de enlace como de las líneas opositoras al Gobierno y los gobernadores de las provincias afectadas, la mandataria – que se hizo tristemente rogar – prometió el envío de $230 millones para aquellos que puedan comprobar las consecuencias sufridas por la inclemencia climática.
No obstante, todo siempre parece resultar insuficiente. Y la mesa de enlace amenazaba con nuevos paros de actividad – como si a la baja rentabilidad ya existente esto ayudara -, aunque la apertura dialoguista que se emitió desde la Casa Rosada calmó temporalmente los ánimos, y las advertencias quedaron en “tiempo muerto”.
Sin embargo, el eje de la polémica se mantiene firme: Las retenciones. Ubicadas hoy en el orden del 35% para la soja (La más alta), los impuestos a la exportación es el talón de Aquiles para los productores, quienes insisten en que debe ser tratado en cualquier posible reunión con el Gobierno.
Al mismo tiempo, desde Casa Rosada advierten que más allá de las ofertas de medidas concretas que se presentarán, las retenciones ni siquiera se mencionarían, ya que una potencial reducción de las mismas originaría un importante impacto fiscal, sustentado en el argumento oficial que la soja actualmente goza de buenos precios a nivel internacional, que oscila alrededor de los U$S 230 por tonelada en las actuales negociaciones de contratos de comercialización.
Entonces ambos lados siguen tirando de la soga, con la misma fuerza e ímpetu, y sin señales de siquiera aflojar y dar el brazo a torcer.
Al implacable e impiadoso fenómeno natural se le sumó las pérdidas, si a producción se refiere, que se sintieron mientras las rutas eran invadidas por trabajadores de la tierra y se realizaban paros en la misma frecuencia con la que un ser humano respira, y también, la clásica reacción tardía a nivel estatal, que recién anunciaba medidas para palear la cuestión a mediados de enero – “hechadas en cara” demagógicamente con publicidad oficial en los medios de comunicación.
Más de lo mismo.
La cuestión radica en preguntarse si prevalecerá una vez más el vació palabrerío demagógico que termina con sepultar las pretenciones de aquellos “que no son amigos”, o si por una vez ganará el sentido y la coherencia, y por ende, la unión de criterios.
¿Podrá evitarse jugar en un terreno limpio y no minado de personajes nefastos con intenciones poco honestas, como los Moreno, los Moyano, los D’Elia, o incluso varios miembros de líneas políticas opositoras al Gobierno, que se toman como pueden de la cuestión para figurar?
¿Hasta cuando dejarán de contar las cámaras de televisión para ver quien ruge más fuerte?
Es claro que esta vez, se colocaron en la mesa cartas más altas, y por ende, mas fuertes. El juego de la política también se hizo presente para el mundo rural, ya que muchos de sus más reconocidos representantes son tentados por partidos políticos para unírseles en las próximas cruzadas “anti K”, que se disputarán en las elecciones legislativas de Octubre.
No es detalle menor recordar la exasperación que ambas partes – Gobierno y campo – lograron en el otro, que por momentos las negociaciones e invitaciones a anuncios oficialistas ignoraban a los cabeceras: Buzzi (Federación agraria), Llambías (CRA), Garetto (Coninagro) y Biolcatti (Sociedad Rural)
Va a resultar fundamental, como resaltaron desde las entidades rurales, el cara a cara con la presidencia, más allá de los buenos términos en que se refirieron a esta postergación del paro el Ministro del Interior, Florencio Randazzo, y el jefe de Gabinete – y vocero oficial – Sergio Massa.
De todas maneras, la fecha incierta siempre pone en duda la concreción del esperado encuentro. La novela del año pasado, que en definitiva nunca se cerró con final feliz, continúa en su segunda temporada, dando lugar al temor del renacimiento de un potencial conflicto.
Desde la Casa Rosada y el sector de las ruralistas comenzaron a sacarse chispas una vez más, como si inconcientemente se intentará rememorar el grave conflicto – todavía no resulta en concreto – que desde el 11 de marzo del 2008, durante 4 meses mantuvo en vilo a la sociedad, y que originó una disputa de alcance nacional.
El campo sufrió en los últimos meses del año pasado una devastadora sequía que destruyó miles de hectáreas en las provincias donde el agro es la actividad primordial (Buenos Aires, Chaco, Córdoba, Corrientes, Entre Ríos, Formosa, La Pampa, Santiago del Estero, Santa Fe y Río Negro) ocasionando una millonaria pérdida estimada en 43.000 millones, según estimaciones del agro.
La tardía declaración de la Emergencia Agropecuaria (por Ley 22.913) fue el primer paso en el tratado de problemática tan devastadora para las expectativas económicas del país. La medida prorroga por un año el pago del Impuesto a las Ganancias, Ganancia Mínima Presunta y bienes personales a todos los productores afectados.
El supuesto alivio para los trabajadores del campo abarcaría desde créditos a cinco años provistos por el Banco Nación, a tasa anual del 8% (Cuando el interés se marcaba en 14%), con la condición de que se privilegie la industria nacional con maquinarias enteramente fabricadas en suelo argentino.
El tema más punzante y delicado también fue anunciado por la Presidenta Cristina Kirchner: Subsidios en resarcimiento del desastre que las sequías causaron. Después de presiones, tanto de la mesa de enlace como de las líneas opositoras al Gobierno y los gobernadores de las provincias afectadas, la mandataria – que se hizo tristemente rogar – prometió el envío de $230 millones para aquellos que puedan comprobar las consecuencias sufridas por la inclemencia climática.
No obstante, todo siempre parece resultar insuficiente. Y la mesa de enlace amenazaba con nuevos paros de actividad – como si a la baja rentabilidad ya existente esto ayudara -, aunque la apertura dialoguista que se emitió desde la Casa Rosada calmó temporalmente los ánimos, y las advertencias quedaron en “tiempo muerto”.
Sin embargo, el eje de la polémica se mantiene firme: Las retenciones. Ubicadas hoy en el orden del 35% para la soja (La más alta), los impuestos a la exportación es el talón de Aquiles para los productores, quienes insisten en que debe ser tratado en cualquier posible reunión con el Gobierno.
Al mismo tiempo, desde Casa Rosada advierten que más allá de las ofertas de medidas concretas que se presentarán, las retenciones ni siquiera se mencionarían, ya que una potencial reducción de las mismas originaría un importante impacto fiscal, sustentado en el argumento oficial que la soja actualmente goza de buenos precios a nivel internacional, que oscila alrededor de los U$S 230 por tonelada en las actuales negociaciones de contratos de comercialización.
Entonces ambos lados siguen tirando de la soga, con la misma fuerza e ímpetu, y sin señales de siquiera aflojar y dar el brazo a torcer.
Al implacable e impiadoso fenómeno natural se le sumó las pérdidas, si a producción se refiere, que se sintieron mientras las rutas eran invadidas por trabajadores de la tierra y se realizaban paros en la misma frecuencia con la que un ser humano respira, y también, la clásica reacción tardía a nivel estatal, que recién anunciaba medidas para palear la cuestión a mediados de enero – “hechadas en cara” demagógicamente con publicidad oficial en los medios de comunicación.
Más de lo mismo.
La cuestión radica en preguntarse si prevalecerá una vez más el vació palabrerío demagógico que termina con sepultar las pretenciones de aquellos “que no son amigos”, o si por una vez ganará el sentido y la coherencia, y por ende, la unión de criterios.
¿Podrá evitarse jugar en un terreno limpio y no minado de personajes nefastos con intenciones poco honestas, como los Moreno, los Moyano, los D’Elia, o incluso varios miembros de líneas políticas opositoras al Gobierno, que se toman como pueden de la cuestión para figurar?
¿Hasta cuando dejarán de contar las cámaras de televisión para ver quien ruge más fuerte?
Es claro que esta vez, se colocaron en la mesa cartas más altas, y por ende, mas fuertes. El juego de la política también se hizo presente para el mundo rural, ya que muchos de sus más reconocidos representantes son tentados por partidos políticos para unírseles en las próximas cruzadas “anti K”, que se disputarán en las elecciones legislativas de Octubre.
No es detalle menor recordar la exasperación que ambas partes – Gobierno y campo – lograron en el otro, que por momentos las negociaciones e invitaciones a anuncios oficialistas ignoraban a los cabeceras: Buzzi (Federación agraria), Llambías (CRA), Garetto (Coninagro) y Biolcatti (Sociedad Rural)
Va a resultar fundamental, como resaltaron desde las entidades rurales, el cara a cara con la presidencia, más allá de los buenos términos en que se refirieron a esta postergación del paro el Ministro del Interior, Florencio Randazzo, y el jefe de Gabinete – y vocero oficial – Sergio Massa.
De todas maneras, la fecha incierta siempre pone en duda la concreción del esperado encuentro. La novela del año pasado, que en definitiva nunca se cerró con final feliz, continúa en su segunda temporada, dando lugar al temor del renacimiento de un potencial conflicto.
martes, 10 de febrero de 2009
El desgastado sentir nacional.
El sentimiento nacionalista en Argentina lamentablemente no se destaca por la defensa comprometida de la esencia sobre la cual se edificó y evolucionó el pasado y presente de la república, a nivel social, económico y político.
La carencia de conocimiento, por más pequeño que sea, resulta más dañina para el andar cotidiano de la nación de lo que muchos creen, tanto adultos como las nuevas generaciones.
El hallarse huérfano de discernimiento coherente y con sentido de la ubicación no implica culpar a las nuevas tendencias – tanto de moda, mediáticas y tecnológicas – de todos los males culturales al que la Argentina se ha mal acostumbrado.
Pero sí es alarmante toparse con la ignorancia de muchos chicos y adolescentes en referencia a cuestiones básicas del mundo sociopolítico que caracteriza al ayer y al hoy del país donde nacieron y viven.
La falta de estímulo desde la escuela, sumada al dinamismo vacío de contenidos que ostentan tanto la televisión como Internet – en contraposición con las enormes ventajas que este último medio confiere – inclinaron gradualmente a la población a encontrar otros canales de descarga emocional con sentido nacionalista.
Uno de los rubros donde se aplica “exageradamente” el amor por los colores es el fútbol.Sería hipócrita renegar de la pasión que tan amado deporte despierta en los argentinos, y peor aún, es de tontos intentar desviar tal sentimiento hacia mundos que, de seguro, a miles no les interesarán, como la política y la economía.
La objeción a tal situación – como puede ser también en tendencias de moda u otras actividades – es el creer que la bandera y los símbolos patrios – que tristemente muchos desconocen – solo son útiles adornos cuando la selección de x deporte anota un gol o tanto, o cuando algún personaje nacional excede los límites rioplatenses para alcanzar fama mundial, sea del ámbito que sea.
Mientras tanto, las fechas patrias, olvidadas oficialmente, son vulneradas por la perversidad con que el desinterés golpea fuertemente a las figuras que hicieron célebre el nombre Argentina en el globo.
Los años han demostrado la contundente derrota de la férrea educación tradicional por la moderna enseñanza superficial que omite la “carga de contenidos” para los estudiantes.
Aquel eficiente modelo de instrucción, que se centraba en la impartición minuciosa de información del nacimiento, evolución y características políticas, económicas y sociales de la república, lo cual generaba un compromiso – aún en su mas marcada superficialidad – por parte de los adolescentes que reflejaban el futuro, fue gradualmente reemplazada por un sistema que abogó por el “libertinaje histórico”, es decir, mezclar indiscriminadamente el significado de las fechas, los símbolos y personajes patrios, al punto de alcanzar el desinterés total.
A nivel política también se encuentran responsables directos de esta crisis de sentir patriota y nacional.Actualmente, la masa popular – entendiéndose a la misma como una conjunción de clases, no solamente las más bajas – se guía por discursos demagogos, que repetidos en el tiempo como si fueran estereotipos, aunque alternando sus interlocutores, al carecer de originalidad y contenido, impiden cualquier razonamiento coherente, actuando de esta manera como un aliviador de la actividad cerebral.
Entonces la pasión en este caso es llevada de la correa por puras palabras, consiguiendo ninguna reacción, como aquel que arrastra a un pequeño perro adiestrado que no hace más que seguir a su dueño fielmente.
Nadie recuerda el significado del escudo, o de las escarapelas y su origen.
En el olvido se sumergen la importancia de próceres ilustres del pasado, ni se memorizan fechas y lugares donde acontecieron sucesos trascendentales para la historia nacional.
No se trata de autoritariamente obligar a jóvenes y adultos a digerir todos los documentos escritos que existan sobre la cuestión. La presente “queja” expone en sus palabras la urgente necesidad de inculcar un interés básico por conocer lo que fuimos, lo que somos, y adonde vamos.
La historia no es una materia de la primaria, secundaria. Es la relación del pasado, con la actualidad que al argentino le toca vivir. Y tiene que ver mucho más de lo que miles, millones tal vez, creen. Solo hay que leer.
La carencia de conocimiento, por más pequeño que sea, resulta más dañina para el andar cotidiano de la nación de lo que muchos creen, tanto adultos como las nuevas generaciones.
El hallarse huérfano de discernimiento coherente y con sentido de la ubicación no implica culpar a las nuevas tendencias – tanto de moda, mediáticas y tecnológicas – de todos los males culturales al que la Argentina se ha mal acostumbrado.
Pero sí es alarmante toparse con la ignorancia de muchos chicos y adolescentes en referencia a cuestiones básicas del mundo sociopolítico que caracteriza al ayer y al hoy del país donde nacieron y viven.
La falta de estímulo desde la escuela, sumada al dinamismo vacío de contenidos que ostentan tanto la televisión como Internet – en contraposición con las enormes ventajas que este último medio confiere – inclinaron gradualmente a la población a encontrar otros canales de descarga emocional con sentido nacionalista.
Uno de los rubros donde se aplica “exageradamente” el amor por los colores es el fútbol.Sería hipócrita renegar de la pasión que tan amado deporte despierta en los argentinos, y peor aún, es de tontos intentar desviar tal sentimiento hacia mundos que, de seguro, a miles no les interesarán, como la política y la economía.
La objeción a tal situación – como puede ser también en tendencias de moda u otras actividades – es el creer que la bandera y los símbolos patrios – que tristemente muchos desconocen – solo son útiles adornos cuando la selección de x deporte anota un gol o tanto, o cuando algún personaje nacional excede los límites rioplatenses para alcanzar fama mundial, sea del ámbito que sea.
Mientras tanto, las fechas patrias, olvidadas oficialmente, son vulneradas por la perversidad con que el desinterés golpea fuertemente a las figuras que hicieron célebre el nombre Argentina en el globo.
Los años han demostrado la contundente derrota de la férrea educación tradicional por la moderna enseñanza superficial que omite la “carga de contenidos” para los estudiantes.
Aquel eficiente modelo de instrucción, que se centraba en la impartición minuciosa de información del nacimiento, evolución y características políticas, económicas y sociales de la república, lo cual generaba un compromiso – aún en su mas marcada superficialidad – por parte de los adolescentes que reflejaban el futuro, fue gradualmente reemplazada por un sistema que abogó por el “libertinaje histórico”, es decir, mezclar indiscriminadamente el significado de las fechas, los símbolos y personajes patrios, al punto de alcanzar el desinterés total.
A nivel política también se encuentran responsables directos de esta crisis de sentir patriota y nacional.Actualmente, la masa popular – entendiéndose a la misma como una conjunción de clases, no solamente las más bajas – se guía por discursos demagogos, que repetidos en el tiempo como si fueran estereotipos, aunque alternando sus interlocutores, al carecer de originalidad y contenido, impiden cualquier razonamiento coherente, actuando de esta manera como un aliviador de la actividad cerebral.
Entonces la pasión en este caso es llevada de la correa por puras palabras, consiguiendo ninguna reacción, como aquel que arrastra a un pequeño perro adiestrado que no hace más que seguir a su dueño fielmente.
Nadie recuerda el significado del escudo, o de las escarapelas y su origen.
En el olvido se sumergen la importancia de próceres ilustres del pasado, ni se memorizan fechas y lugares donde acontecieron sucesos trascendentales para la historia nacional.
No se trata de autoritariamente obligar a jóvenes y adultos a digerir todos los documentos escritos que existan sobre la cuestión. La presente “queja” expone en sus palabras la urgente necesidad de inculcar un interés básico por conocer lo que fuimos, lo que somos, y adonde vamos.
La historia no es una materia de la primaria, secundaria. Es la relación del pasado, con la actualidad que al argentino le toca vivir. Y tiene que ver mucho más de lo que miles, millones tal vez, creen. Solo hay que leer.
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