jueves, 27 de marzo de 2008

Pasados por agua, ¿hasta cuando?

Pocos minutos después de la 1 de la madrugada del jueves 27 de marzo, el primer destello de luz resplandeció sobre la ciudad por menos de un segundo, como el flash de una potente cámara fotográfica.
A partir de ese momento, una seguidilla de relámpagos que duró cerca de una hora le imprimió a la noche porteña el tinte tétrico de una historia de terror y suspenso, acompañados de los posteriores truenos que amenazaron con descargar su furia sobre las calles.
Afortunadamente llovió levemente durante unos pocos minutos. Sin embargo, la alarma vuelve a encenderse para los vecinos y las autoridades, a menos de un mes de las tormentas que durante una semana dejaron a la ciudad de Buenos Aires, la provincia y varios puntos del país totalmente paralizados bajo el agua.
Más allá de la “sinceridad” del jefe de Gobierno Mauricio Macri, que al anunciar un plan maestro de obras admitió que los efectos de las mismas se podrán ver recién de 3 a 4 años, hacia el final de su gestión, los vecinos no podrán esperar mucho más tiempo.
Si los proyectos hidráulicos demandan tanto tiempo, siempre y cuando no haya trabas políticas y económicas que impidan su avance – lo cual es una variable indefectiblemente a tener en cuenta -, la administración Macri deberá poner mayor énfasis y aceleración en cuestiones que a primera vista parecen detalles, pero a la hora de sumar, son complicaciones graves.
El estado de las calles: muchas veredas de la ciudad siguen en estado deplorable. Las baldosas fuera de su lugar, raíces de árboles que parecen intentar tomar las sendas, y en muchos casos las esquinas se confunden con el asfalto, muchas de las cuales tienen las rampas destruidas.
También es común toparse en las calles con boquetes de consideración que acortan el paso, tanto para los vehículos como para los peatones, además de convertirse en un real peligro por la precariedad con la que son separados y resguardados esos espacios.
¿Dónde esta el control? Las empresas de agua y electricidad realizan refacciones, pero al momento de finalizarlas, dejan en pobre estado la zona en la que han trabajado. En la última gran tormenta se han realizado denuncias de cables sueltos, de agujeros en la calle apenas cubiertos por simples pedazos de madera.
A esto se le suman cuestiones más complejas: El aumento del nivel de construcciones, el cual ha generado gran cantidad de discusiones en barrios como Caballito y Almagro, se ha notado con mayor fuerza en zonas cercanas a la costa, como Puerto Madero. Esto genera una alteración del sistema de paso por las napas a nivel subterráneo, lo cual impide el escurrimiento normal del agua.
El actual gobierno hecha culpa al pasado en la ciudad y la falta de obras eficaces para luchar contra un mal natural que sigue originando fuertes dolores de cabeza a los porteños. “Esto es porque no hemos invertido durante años” declaró Macri.
Enseguida Aníbal, ex jefe de Gobierno hasta su destitución en el 2006, salió al cruce de estas declaraciones, alegando que durante sus años al frente de la ciudad se realizaron planes integrales de prevención, además de recordar que él mismo en persona fue a Washington en busca de un crédito por parte del Banco Mundial. “está el plan y está la plata” sentenció a finales de febrero.
Una de las razones principales del anegamiento casi total de las calles de la ciudad radica en un problema de décadas, que genera más debate que soluciones: El arroyo Maldonado.
El trayecto del arroyo, que parte desde la zona oeste, hasta llegar a la desembocadura en el Río de la Plata, tras pasar por el Aeroparque Jorge Newbery, encuentra su punto más difícil en el recorrido bajo la Avenida Juan B. Justo, históricamente una avenida que vive bajo el agua gran parte del año.
Nuevamente han sido anunciadas varias obras, entre las cuales se encuentra la construcción de túneles que alivien el paso del agua dentro del canal de hormigón que no da abasto con cada gota que cae sobre la ciudad.
Más allá de lo ocurrido en el pasado y las buenas intenciones que pueda reflejar el actual Jefe de Gobierno, los vecinos sufren cada vez que un relámpago cruza el cielo y que un trueno anuncia la llegada de la lluvia. Peor es el sentir al ver que unas pocas gotas dejan inhabilitada a más de la mitad de las calles y pasos, y en varios de los casos, destruyen viviendas, dejando a la gente sin nada, con la obligación de volver a empezar.
A nivel infraestructura, la ciudad de Buenos Aires, la Provincia, y en general el país, ha logrado serios avances y modificaciones que a la vista embellecen el paisaje. Pero en la superficie y bajo la misma, la historia es diferente. El pobre nivel de desagote, la basura y el poco mantenimiento se complotan para generar un verdadero caos cada vez que el cielo se nubla. Y parece que hay que seguir esperando.

lunes, 24 de marzo de 2008

Parque Centenario: La obra interminable. Parte I

Cuando en Mayo del 2005 la administración del entonces jefe de Gobierno Porteño Aníbal Ibarra anunciaba la remodelación y reacondicionamiento del Parque Centenario, las quejas y pedidos de los vecinos que se habían estado acumulando durante años parecían encontrar por fin respuestas.
El proyecto prometía el arreglo y enrejado de la parte central del Parque, donde se encuentra el pocas veces limpio lago con patos, en tan solo 10 meses, para luego expandir las obras a la periferia, e incluso incluir en el proceso al Museo de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia.
El centro geográfico de la ciudad de Buenos Aires y uno de los espacios verdes más grandes con 17 hectáreas, quedaba de esta manera incluido junto a otros 21 lugares en el proceso de enrejado y cuidado de plazas y parques.
Sin embargo, desde esa promesa de inversión de $ 16 millones hasta el día de hoy, los cambios satisfactorios que se notaron al comienzo, han quedado obsoletos ante la falta total de cuidado que el espacio sufre hoy, además del estancamiento de las obras en los alrededores de la parte central.
El reluciente pasto ha desaparecido en casi todo el terreno, los baños se encuentran cerrados en su mayoría, o extremadamente sucios en caso de ser abiertos, y el anfiteatro, el que presumía de ser en el futuro el más grande del país, nunca fue terminado. Todas estas imperfecciones, sumadas a la falta de seguridad en medio de la oscuridad, y a la incomodidad visual y física que generan las zonas cuyo arreglo no ha sido concluido, convierten al parque Centenario en un paseo poco agradable.
No es un dato menor que desde el comienzo del trabajo en el Parque, el mando del Gobierno de la Ciudad haya cambiado de manos tres veces: Aníbal Ibarra fue destituido el 7 de marzo del 2006, lo reemplazo su vicefeje, Jorge Telerman, y el 10 de diciembre pasado, asumió el Líder el Pro y ex presidente de Boca Juniors, Mauricio Macri.
De todas maneras, aún con el paso de tres jefes de Gobierno, y teniendo en cuenta que en nuestro país es complicado ver continuidad de políticas cada vez que hay un cambio en el mando de cualquier gobernación, es llamativo el descuido total que sufre el Parque, contrariamente a lo sucedido con otros espacios verdes, que han avanzado velozmente con sus respectivas obras, e incluso con menos meses de trabajo.
Las reformas en el sector central del parque ya habían sufrido un retraso: de ser anunciadas para febrero – marzo del 2006, recién pudieron ser disfrutadas por los vecinos para el mes de septiembre.
A partir de allí, la irresponsabilidad de los encargados del cuidado, y en gran parte también de los transeúntes, que no entienden sobre la protección del patrimonio municipal, han arrastrado al histórico parque a la decadencia.
Otro problema radica en el trabajo de los artesanos. Antes abrían su feria dentro de los límites del parque, pero actualmente, los fines de semana, el trayecto de la avenida Patricias Argentinas que bordea el sector del Museo, queda bloqueada por los puestos, que a falta de lugar, deben permanecer en la calle.
¿Qué es lo que está haciendo Macri por este espacio? Los cambios no son demasiados, por no decir nulos. El parque Centenario sigue siendo una sombra de lo que los vecinos soñaron que sería para esta época.

viernes, 21 de marzo de 2008

No aprender nunca a conducir

“Si te vas, volvé”. Las ‘buenas intenciones’ que el Gobierno transmitió a la población con la ‘sugerencia’, publicada en medios gráficos y por mensajes de texto, para que los conductores manejen con especial cuidado durante ese fin de semana largo no han logrado, por el momento, resultados favorables. Tan solo han pasado dos días – jueves y viernes – y el número de muertes ha ascendido a 23.
El comportamiento irresponsable en las rutas y caminos argentinos y en muchas ocasiones la falta de control desde la policía y las sanciones legales, sumado al mal estado de muchas carreteras, se mezclan para lograr llevar a la Argentina muy alto en el ranking de países con mayor cantidad de accidentes viales, en proporción a su parque automotor.
Increíblemente, desde el Gobierno salen a ‘calmar los ánimos’ con declaraciones confusas, hasta casi bizarras, afirmando que el plan da resultado, debido a la menor cantidad de víctimas con respecto a la semana santa del año 2007.
¿Es realmente efectiva la disposición de la Casa Rosada cuando tenemos que de todas maneras lamentar muertes?
La respuesta salta a la vista con tan solo mirar los números. Sin embargo, la culpa no es cargada en su totalidad por las autoridades gubernamentales.
El argentino sigue sin aprender a conducir, y más que nada, continúa ignorando las experiencias como sociedad, y sin prestar atención a las campañas de concientización, o sin apelar al sentido común, acelera a toda velocidad, sin importar el lugar, y que se salve el que pueda.
Las variables a tener en cuenta son muchas. En primer lugar, la aplicación de las sanciones por ley determinadas, desde un minúsculo choque en dos calles de la ciudad, hasta castigar severamente la falta de respeto a las normas de tránsito.
Superficialmente, la crisis vial en Argentina debe ser combatida con fuertes castigos legales a quienes violen las normas de tránsito, desde un minúsculo incidente con un semáforo en rojo en una calle de la ciudad, hasta el choque más grande en una ruta. Pero la aplicación de las sanciones, como en muchos de los ámbitos en el país, es endeble.
Desde la autoridad hay que comenzar a corregir aquellas imprudencias e irresponsabilidades que los conductores parecen empeñados a mantener en vigencia. Las altas velocidades y la temeridad tras el volante son los componentes básicos para la receta fatal del accidente vehicular. Y como la sal a una ensalada, la impaciencia es el condimento especial que origina muchos de los incidentes en las calles.
De todas maneras, con el ejemplo se enseña. Y en ese sentido, las falencias en los controles juegan un papel preponderante.
De fondo, la educación, que en Argentina tampoco pasa por un momento de gloria, es el elemento fundamental para comenzar a cambiar esta situación. La enseñanza desde los primeros niveles debe abordar la cuestión vial como esencial para la formación de un adolescente que luego saldrá a la calle, bajo su responsabilidad, manejando su vida y la de los demás.
Las políticas de Estado son nulas en la Argentina. Sabido es que la llegada de una nueva bandera partidaria al poder es sinónimo de crítica de lo hecho anteriormente y de cambios casi totales en los ministerios e instituciones estatales.
A pesar de ello, la crisis vial debe ser atendida especialmente por el Gobierno Nacional, en coparticipación con la ciudad y los gobiernos provinciales, para generar seguridad desde las leyes, desde la aplicación de las mismas y la concientización en materia educativa, no simplemente desde campañas cada fin de semana largo.

miércoles, 19 de marzo de 2008

La impunidad y la tragedia, marcas registradas del fútbol argentino

El sábado 15 de marzo nuestro fútbol ha muerto otro poco más. El deporte más popular de la Argentina ha vuelto a sufrir el ataque de insensatos que, disfrazados bajo el manto sagrado que significa para un hincha normal la camiseta de su club, han logrado vestir de luto a la familia futbolera, una vez más.
Nuevamente, grupos minoritario, y no por ello con poca fuerza, tiñeron con sangre inocente a lo que se supone que debe ser, y es en definitiva, un espectáculo. Esta vez, la víctima fue Emanuel Álvarez. Con tan solo 21 años y toda una vida por delante, este joven encontró la muerte cuando se dirigía con hinchas de Vélez a disfrutar del equipo de Hugo Tocalli que, en defensa del liderazgo del torneo, visitaba al San Lorenzo de Ramón Díaz. Pero en el camino, el delirio y la irresponsabilidad asesina que nos invade día a día se personificó en un individuo que, sin piedad, y obviamente sin pensar, atacó a los micros que habían partido de Liniers, con un arma de fuego, que acabó con la vida del adolescente hincha de Vélez.
Apenas sucedido el hecho, comienzan a repartirse las culpas, y en la desesperación y la impotencia, buscamos al culpable inmediato. Pero no alcanza. Ofrecer cien mil pesos por un dato que delate al asesino cada vez que algo de esta naturaleza suceda, no alcanza.
Ninguna reacción violenta tiene justificación y en cada caso es totalmente reprochable el uso de la fuerza como medio para lograr un objetivo, sea cual fuere. Pero es entendible la reacción de la hinchada del club de Liniers cuando, en el Nuevo Gasómetro, el partido iba a dar comienzo, sin estar tanto los árbitros como los jugadores, enterados de la masacre ocurrida una hora antes. Y el partido fue suspendido.
Los interrogantes vuelven a fluir y el tema de la "violencia en el fútbol" retorna a la agenda, obligándo a los dirigentes y políticos a desempolvar una cuestión que nunca encuentra solución.
Los barrabravas copan nuevamente el escenario que debiera ocupar el juego protagonizado por 22 hombres vestidos con camisetas de distintos clubes. ¿Quiénes son estos barrabravas?
En la mayoría de los casos se saben quienes son, pero nadie se atreve a denunciar quien los mantiene, y cuando la verdad sale a flote, distintas voces la callan - de manera violenta en algunos casos - o contradicen. Entonces los responsables directos se lavan las manos, y vuelven a sentarse en sus elegantes oficinas, aparentando buscar soluciones de un problema al que están íntimamente apegados.
Y el ministro de justicia Aníbal Fernández intenta separar a la violencia en el fútbol de la inseguridad que nos aqueja a todas horas. Pero ambos son males que conllevan la muerte. Ambos son males que no encuentran medidas satisfactorias, y que sigan acumulando víctimas inocentes.
¿Dónde está la policía? Las supuestas “fuerzas de seguridad” solo saben apalear y reprimir a través del alambrado de un estadio de fútbol, y no protegen como es debido a las personas civilizadas que, en este caso, son representados por simples hinchas del fútbol, que se vieron a merced de un asesino sin cerebro.
Y para demostrar una vez más la incapacidad de la Policía federal en muchas de sus responsabilidades, los micros de Velez volvieron por el mismo camino, con tan solo un par de patrulleros resguardando cualquier desborde que no iban a poder evitar.
Sin embarbo, la violencia no termina allí. El domingo, en las cercanías de la cancha de Boca se sufrieron momentos de extrema tensión cuando los mismos barrabravas del club se enfrentaron en la calle como si fuesen soldados en medio de una guerra.
Y porque lamentablemente esto es así. Las guerras entre quienes buscan el poder, bancados por dirigencias que, aún con las mejores intenciones - aunque no todas lamentablemente -, no logran erradicar de raíz esta enfermedad que oprime al fútbol y no deja respirar un aire de espectáculo, más allá de los triunfos y las derrotas, reglas de lo que es, a fin de cuentas, un juego.
La mira y las críticas llueven sobre la subsecretaría de espectáculos deportivos, a cargo del ex árbitro Javier Castrilli, cuya rectitud y eficacia dentro del campo de juego no puede transmitir a las medidas a tomar en el rubro ‘seguridad deportiva’.
Lo cierto es que la ineficacia de los operativos de seguridad, la insuficiencia e irregularidad de los controles previos y las sanciones que no se aplican, más al agregado de la complicidad de las dirigencias y el descontrol de los que se hacen llamar hinchas, aunque lo que menos les interese es el espectáculo, se han conjugado una vez más para llevarse la vida de un inocente.
Ninguna muerte es digerible. No hay que dejar que el fallecimiento de Emmanuel Álvarez pase desapercibido. Se siguen sumando, y las estadísticas de cada fecha no sirven para opacar y silenciar lo que ha sucedido. No hay que seguir cometiendo el mismo error.
Todos somos responsables. Todos formamos parte de una sociedad que aprendió a vivir en medio de la ambigüedad extrema: solidaridad y calidez por un lado, irresponsabilidad, inmadurez por el otro, con el agregado que la cara negativa de la Argentina se agiganta cuando lleva consigo la muerte sin sentido, el llorar de una familia que una vida ha perdido, y la inseguridad que cada día se renueva, con diversas formas de aniquilar una paz social que se aleja más y más, mientras en el mundo de la política los cruces son constantes, pero las medidas tomadas siguen sirviendo de nada.

domingo, 16 de marzo de 2008

Presentación

Mi deseo de convertirme en periodista nació de una vocación que desde los 13 años aproximadamente intenté cultivar y desarrollar, más allá de las limitaciones lógicas que encontré en mí mismo en plena época de aprendizaje: escribir.Contar historias cortas o dejar a la mitad las más extensas fue una práctica común en mi tiempo libre fuera de la escuela secundaria, aun cuando muchas veces el impulso y ganas de redactar ganaban por sobre el lento pero recomendable armado de ideas antes de lanzarme sobre el papel.Así es como a los 18 años logré fomentar en mí mismo el sueño de convertirme en Periodista, profesión a la que ví con cariño desde la gráfica. Afortunadamente, el pasaje por la Universidad me ayudó a desarrollar un gusto especial por los otros medios, además del conocimiento extenso que pude adquirir sobre el real trabajo periodístico en los distintos ámbitos en los que el profesional se mueve.Mi objetivo final pude lograrlo tras 4 años de estudio, el 20 de diciembre del 2007, cuando finalmente me convertí en Licenciado en Ciencias de la Comunicación.Este espacio que me he creado responde a una inquietud personal: la de poder expresar mi pensar y sentir sobre los sucesos de la realidad, los más cercanos y los más amplios, sin olvidar la tarea básica del periodista de informar, adecuándonos a cada situación y tema en particular, pero sin dejar de analizar y contar lo que deba y requiera ser contado y criticado.Espero poder llevar a cabo mis tareas de la manera más eficaz posible, y por sobre todo, que mis palabras sean del agrado de ustedes, a quienes estarán dirigidas, enmarcado siempre dentro del respeto y la educación.Gracias.