En ausencia de Cristina, la ‘dueña de casa’, el ‘revoltoso’ y nada lento Julio Cesar Cleto, inevitablemente al cuidado de la Casa, realizó las actividades que mas irritan a la poca dialoguista señora y su omnipresente esposo, cuya presencia en estos momentos no es visible, pero que acechando en los alrededores siempre se encuentra.Representado en este pequeño drama familiar se refleja la tensa y totalmente disfuncional relación que el vicepresidente Julio Cobos mantiene con el Poder Ejecutivo, acentuado con mucho énfasis esta última semana, momento durante el cual Cobos se preparó su propia agenda de actividades ‘no kirchnerista’.
Julio Cobos aprovechó el viaje que La Presidenta Cristina Fernández realizó a los Estados Unidos para entrevistarse con inversores en bolsa y participar en la Asamblea General de las Naciones Unidas, en momentos de plena crisis económica – financiera del país del norte y con el caso de la valija de Antonini salpicando al Gobierno de los santacruceños – de lo cual Cleto se apartó enseguida.
Dato interesante: Ante empresarios y economistas la Presidenta defendió los índices del INDEC, sepultando de esta manera cualquier esperanza de futura modificación en el manejo de los números oficiales que tan artísticamente dibuja el secretario de comercio interior, Guillermo Moreno.
Teniendo en cuenta que con ella viajo casi toda la “trouppe” de funcionarios pesados del Kirchnerismo como el Jefe de Gabinete Sergio Massa, el Ministro de Planificación Julio de Vido, el Canciller Jorge Taiana y el mismo ex Presidente Néstor Kirchner, Julio Cobos se vio ante la posibilidad de darle rienda suelta a sus intenciones de relación con la oposición, aunque ya se había diferenciado del Gobierno después del “No” en el Congreso.Esta semana pasaron por su despacho el Jefe de Gobierno Mauricio Macri y la vice jefa Michetti – que no habían sido recibidos por la Presidenta – y el integrante más bullicioso de la mesa de Enlace rural, Eduardo Buzzi. El titular de la Federación Agraria incluso tiró un pequeño ‘palito’ para la santacruceña: “La Presidenta debería tomar el ejemplo”.
Los meses anteriores hizo uso de su creciente reputación. Por ejemplo, visitó la Feria Rural y a ruralistas de la Provincia de Buenos Aires, y se volvió a codear con viejos elementos del radicalismo K, aunque del partido tradicional le siguen dando la espalda, más allá de algún que otro guiño (eso cambiará si el vicepresidente continúa su ascenso en la popularidad)Estas actividades fueron complementadas con apariciones públicas más distendidas, aunque no menos importantes: fue a ver a los Midachi al teatro, corrió maratones y disfrutó en vivo del triunfo del equipo argentino de Copa Davis el fin de semana pasado.
Las alianzas de distintos grupos de fuerza dentro del mundo político nacional se marcan cada vez con más claridad. Las “amistades” se van formalizando.
El mendocino sabe que, en presencia del concreto e inocultable deceso de la Concertación plural que lo catapultó al sillón del segundo rango políticamente más importante del país, tiene que posicionarse en soledad dentro del tablero de funcionarios que se encuentran en pleno movimiento en busca de alianzas para las elecciones Legislativas del año que viene.Es por ello que en las últimas semanas se lo ha visto a ex gobernador de Mendoza acercarse al gobernador de Santa Fe, Hermes Binner, cuyo sistema socialista compartido con Radicales fue objeto de halagos y admiración por parte del Vicepresidente.
¿Cómo ha sido el camino de ‘Don Cobos’ desde aquel 10 de Diciembre, cuando se dio inicio a un nuevo periodo presidencial?Durante los primeros casi 4 meses de gestión, la figura de Julio Cobos se escondía tras la sombra de Cristina Kirchner, y se lo veía en escasos actos públicos de nula relevancia política, más allá del interés social de los involucrados.
Un giro de tuerca se sucedió cuando Cobos tomó parte en el largo conflicto con el campo, al desviar su discurso de la férrea posición que el oficialismo mantuvo desde el inicio del proceso.Y el protagonismo del mendocino trepó escaleras enteras (y no solamente peldaños) cuando definió la empatada votación en la cámara de Senadores acerca del proyecto de ley de retenciones que la misma Presidenta se había visto forzada a enviar al Congreso.
Aquella inolvidable frase, “Mi voto no es positivo, mi voto es en contra”, empujó al Vicepresidente a la cima de la popularidad positiva que un funcionario puede llegar a disfrutar en estas épocas, aunque con esa acción firmó la sentencia de muerte, no solo del sistema de altos impuestos para el sector agropecuario, sino el destino de la fórmula que compuso con Cristina Fernández.Y aunque intentó con buenas intenciones reavivarla, ‘rogando’ por reuniones a solas con la Presidenta por medio escrito (una carta) y medios audiovisuales (¡El Vicepresidente, con quien la presidencia tendría que tener relación más que fluida!), no logró sacar a flote la unión puramente política que los unía.
En su único encuentro cara a cara, la Mandataria no hizo más que refregarle el hecho de haber “traicionado” al Gobierno. Esa fuerte – e injusta – denominación fue la más utilizada por los kirchneristas como Pichetto (Jefe del bloque del Senado) y el piquetero Luis D’Elia, que llegó a catalogarlo como lo peor de la miseria política nacional.
El vicepresidente sigue marcando distancia con el partido que lo acercó a lo más alto del poder en Argentina, y hace su propio juego, con armas leales y propias del laberíntico mundo de la política, lo cual implica buscar alianzas por conveniencia y afinidad, aunque este último concepto queda totalmente eliminado cuando de llegar al poder se trata.
El tiempo a corto plazo definirá como evoluciona esta cuestión, que verá sus resultados en las elecciones para Congresistas 2009.
viernes, 26 de septiembre de 2008
domingo, 21 de septiembre de 2008
Los nuevos subtes, “sepultados bajo tierra”
Tantas promesas lanzadas al aire como globos llenos de gas sobrevuelan el clima de campaña electoral cada vez que se avecina una elección, a nivel nacional o en cualquier distrito. Pero esos globos permanecen flotando a la deriva por un corto lapso de tiempo. Y finalmente, se pinchan.
El Argentino, saturado de tanto palabrerío previo, esta de alguna manera entrenado para pronosticar en algún momento cuando esas promesas vayan a perder consistencia, y finalmente declararse “incumplibles”. A veces ese pronóstico resulta tan alevoso como augurar tiempo tormentoso cuando ya se está bajo la lluvia. En otras ocasiones, las esperanzas se mantienen en el tiempo, hasta resultar ser decepcionados otra vez.El Jefe de Gobierno, Mauricio Macri, ya debió dar de baja una de las prioridades con las que ganó las elecciones de Octubre del 2007, las que lo alejaron del recinto de Diputados al que tan poco llegó a visitar en su gestión como legislador.
¿Quiénes son los perjudicados en esta ocasión? Los más de 1.600.000 usuarios de las líneas subterráneas que recorren la ciudad, que el día jueves 18 de Septiembre escuchó en boca del mismo Macri el destino fatal que recibieron las promesas de 40 kilómetros nuevos de trenes que se construirían durante su gestión, para contribuir a un tránsito más fluido y más abarcativo en el terreno que constituye la Capital del país.“Como un viaje a la luna”.
Con tal contundencia definió Macri a la posibilidad de cumplir con las construcciones de las líneas F, G e I, las extensiones de los recorridos de la A, B y E y la finalización del trayecto de la línea H, que en su momento de manera apurada inauguró el anterior jefe de Gobierno, Jorge Telerman, cuando intentaba conseguir votos.¿Por qué este lapidario anuncio? Porque no hay plata. Porque las tradicionales pujas de “poder político y posicionamiento entre la masa” vuelven a atentar contra el cumplimiento de algún objetivo, alguna promesa, que supone el bienestar para la sociedad, en este caso, los habitantes de la Ciudad de Buenos Aires.
El tire y afloje se sucede entre Mauricio Macri y el Gobierno Nacional.
El empresario acusó a la administración de la Presidenta Cristina Fernández de retrasar el traspaso del control de los subtes al ámbito de la Ciudad, lo cual permitiría manejar los fondos y avanzar de este modo con las construcciones tan anunciadas.Las palabras de Macri imputaban “poca voluntad” y “aislamiento financiero” que se le aplicaba a su gestión desde la Casa Rosada. Además de ello, últimamente se deslindó de responsabilidades, las cuales adjudicó a la “política de entorpecer” que, según su mirada, le aplican desde la Nación, la oposición, los gremios y la justicia, como si se tratara de un chiquito lloriqueando porque sus compañeros no lo dejan jugar tranquilo. El juego de la política es tan complicado como lleno de artimañas, y quienes allí participan, deben aprender a “respetar esas peculiares reglas”.
Aunque si es verdad que Macri había pedido con insistencia una reunión con el Jefe de Gabinete, Sergio Massa, la cual después de ser pospuesta infinidad de veces, se canceló, sin saber la real razón, si bien se asume que desde el Poder Ejecutivo le bajaron línea al ex intendente de Tigre.De todas maneras, la financiación de los subtes no provendría enteramente del Estado.
En Mayo pasado, la legislatura porteña aprobó la llamada ‘Ley de subtes’ – ley Nº 670 - que establecía que de los 2500 millones de pesos que se necesitan para financiar los 40 kilómetros nuevos de tramos de subtes, 1500 provendrían de créditos del exterior, seguramente el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Y según el mismo Jefe de Gobierno, distintos grupos inversores europeos y chinos estaban ansiosos por ‘regalar’ equipos de suma importancia para este medio de transporte. Dicho de otra manera, endeudarse.Obviamente, para el circo mediático al que nos tienen acostumbrados los funcionarios, hace falta el contraataque del otro lado.
Y la Presidenta no defraudó. Le adjudicó a Macri falta de responsabilidad al no asistir a un acto en la Provincia que inauguraba obras para el tratamiento de líquidos cloacales, y más grave aún, cuestionó a la administración PRO de no cumplir con su parte de dinero para bancar el saneamiento del Riachuelo.Naturalmente, desde el oficialismo porteño, todo fue negado y rechazado.
Historia repetida. Ya había sucedido al inicio de la gestión del empresario cuando se debatía la transferencia de los fondos y manejo de la Policía Federal a la ciudad. Aquello no llegó a buen puerto, y Mauricio Macri decidió formar su propia academia de policía porteña.
Teóricamente, el sistema subterráneo, que recibe un subsidio por mes de $ 27 millones – una contribución estatal además de los subsidios a los trenes y colectivos - proporciona una alternativa rápida y cómoda de viajar hacia cualquier punto de la capital.
En la práctica, saltan dos errores principales, origen de la falta de previsión y de actualización de todo lo que atañe al subte: funcionamiento de los trenes, infraestructura y cuidado de los vagones y andenes. (En 60 años solo se construyeron 5 estaciones de la línea H)Error número 1: ‘rápida y cómoda’ dejó de serlo. Ya no existen las horas pico. No importa el momento del día, los vagones siempre se encuentran atestados de gente que lucha como peces en una red por hallar la posición menos incómoda y dolorosa de viajar. Y las demoras e interrupciones son moneda corriente.El segundo error se verifica al momento de ver el mapa: Los distintos recorridos de las 5 líneas y media de subtes todavía dejan “aisladas” de este sistema de transporte a muchos puntos de la ciudad.
Y ello se solucionaría con las tan mencionadas y promocionadas extensiones y construcción de los nuevos trayectos. Y todo se vuelve un círculo vicioso sin fin.De todas maneras, la ventaja que provee el viajar bajo tierra es que las cabeceras desembocan en puntos neurálgicos de la ciudad, que engloban zonas donde se reúnen paradas de muchos colectivos y estaciones de trenes (que lamentablemente no significa tampoco “descansar luego de un duro viaje en el subte”)
Actualmente, la Capital cuenta con las cinco líneas tradicionales de Subtes (A, B, C, D y E), mitad del trayecto de la H, y estaciones aún sin estrenar – nadie sabe porque – en la extensión de la línea B, además de contar con construcciones para alargar el tramo de la A y la E. Los nuevos trayectos serían: La F, que unirá Constitución con Plaza Italia, en 8,6 kilómetros de extensión. La G irá de Retiro al Cid Campeador, en Caballito, con 7,3 kilómetros. Y la línea I correrá desde Emilio Mitre hasta Plaza Italia, en 6,6 kilómetros.
Muy útiles para descontracturar el agobiado sistema subterráneo y disminuir la densidad de gente que se agolpa en los andenes cada mañana, tarde y noche. No hay respiro. Pero como siempre, los plazos se extienden, se alargan – Y en el tema subtes ya ha sucedido en variadas ocasiones - Y seguimos en la misma situación. Mientras tanto, el transporte público en todas sus variables continúa su proceso de decadencia y auto destrucción.
El Argentino, saturado de tanto palabrerío previo, esta de alguna manera entrenado para pronosticar en algún momento cuando esas promesas vayan a perder consistencia, y finalmente declararse “incumplibles”. A veces ese pronóstico resulta tan alevoso como augurar tiempo tormentoso cuando ya se está bajo la lluvia. En otras ocasiones, las esperanzas se mantienen en el tiempo, hasta resultar ser decepcionados otra vez.El Jefe de Gobierno, Mauricio Macri, ya debió dar de baja una de las prioridades con las que ganó las elecciones de Octubre del 2007, las que lo alejaron del recinto de Diputados al que tan poco llegó a visitar en su gestión como legislador.
¿Quiénes son los perjudicados en esta ocasión? Los más de 1.600.000 usuarios de las líneas subterráneas que recorren la ciudad, que el día jueves 18 de Septiembre escuchó en boca del mismo Macri el destino fatal que recibieron las promesas de 40 kilómetros nuevos de trenes que se construirían durante su gestión, para contribuir a un tránsito más fluido y más abarcativo en el terreno que constituye la Capital del país.“Como un viaje a la luna”.
Con tal contundencia definió Macri a la posibilidad de cumplir con las construcciones de las líneas F, G e I, las extensiones de los recorridos de la A, B y E y la finalización del trayecto de la línea H, que en su momento de manera apurada inauguró el anterior jefe de Gobierno, Jorge Telerman, cuando intentaba conseguir votos.¿Por qué este lapidario anuncio? Porque no hay plata. Porque las tradicionales pujas de “poder político y posicionamiento entre la masa” vuelven a atentar contra el cumplimiento de algún objetivo, alguna promesa, que supone el bienestar para la sociedad, en este caso, los habitantes de la Ciudad de Buenos Aires.
El tire y afloje se sucede entre Mauricio Macri y el Gobierno Nacional.
El empresario acusó a la administración de la Presidenta Cristina Fernández de retrasar el traspaso del control de los subtes al ámbito de la Ciudad, lo cual permitiría manejar los fondos y avanzar de este modo con las construcciones tan anunciadas.Las palabras de Macri imputaban “poca voluntad” y “aislamiento financiero” que se le aplicaba a su gestión desde la Casa Rosada. Además de ello, últimamente se deslindó de responsabilidades, las cuales adjudicó a la “política de entorpecer” que, según su mirada, le aplican desde la Nación, la oposición, los gremios y la justicia, como si se tratara de un chiquito lloriqueando porque sus compañeros no lo dejan jugar tranquilo. El juego de la política es tan complicado como lleno de artimañas, y quienes allí participan, deben aprender a “respetar esas peculiares reglas”.
Aunque si es verdad que Macri había pedido con insistencia una reunión con el Jefe de Gabinete, Sergio Massa, la cual después de ser pospuesta infinidad de veces, se canceló, sin saber la real razón, si bien se asume que desde el Poder Ejecutivo le bajaron línea al ex intendente de Tigre.De todas maneras, la financiación de los subtes no provendría enteramente del Estado.
En Mayo pasado, la legislatura porteña aprobó la llamada ‘Ley de subtes’ – ley Nº 670 - que establecía que de los 2500 millones de pesos que se necesitan para financiar los 40 kilómetros nuevos de tramos de subtes, 1500 provendrían de créditos del exterior, seguramente el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Y según el mismo Jefe de Gobierno, distintos grupos inversores europeos y chinos estaban ansiosos por ‘regalar’ equipos de suma importancia para este medio de transporte. Dicho de otra manera, endeudarse.Obviamente, para el circo mediático al que nos tienen acostumbrados los funcionarios, hace falta el contraataque del otro lado.
Y la Presidenta no defraudó. Le adjudicó a Macri falta de responsabilidad al no asistir a un acto en la Provincia que inauguraba obras para el tratamiento de líquidos cloacales, y más grave aún, cuestionó a la administración PRO de no cumplir con su parte de dinero para bancar el saneamiento del Riachuelo.Naturalmente, desde el oficialismo porteño, todo fue negado y rechazado.
Historia repetida. Ya había sucedido al inicio de la gestión del empresario cuando se debatía la transferencia de los fondos y manejo de la Policía Federal a la ciudad. Aquello no llegó a buen puerto, y Mauricio Macri decidió formar su propia academia de policía porteña.
Teóricamente, el sistema subterráneo, que recibe un subsidio por mes de $ 27 millones – una contribución estatal además de los subsidios a los trenes y colectivos - proporciona una alternativa rápida y cómoda de viajar hacia cualquier punto de la capital.
En la práctica, saltan dos errores principales, origen de la falta de previsión y de actualización de todo lo que atañe al subte: funcionamiento de los trenes, infraestructura y cuidado de los vagones y andenes. (En 60 años solo se construyeron 5 estaciones de la línea H)Error número 1: ‘rápida y cómoda’ dejó de serlo. Ya no existen las horas pico. No importa el momento del día, los vagones siempre se encuentran atestados de gente que lucha como peces en una red por hallar la posición menos incómoda y dolorosa de viajar. Y las demoras e interrupciones son moneda corriente.El segundo error se verifica al momento de ver el mapa: Los distintos recorridos de las 5 líneas y media de subtes todavía dejan “aisladas” de este sistema de transporte a muchos puntos de la ciudad.
Y ello se solucionaría con las tan mencionadas y promocionadas extensiones y construcción de los nuevos trayectos. Y todo se vuelve un círculo vicioso sin fin.De todas maneras, la ventaja que provee el viajar bajo tierra es que las cabeceras desembocan en puntos neurálgicos de la ciudad, que engloban zonas donde se reúnen paradas de muchos colectivos y estaciones de trenes (que lamentablemente no significa tampoco “descansar luego de un duro viaje en el subte”)
Actualmente, la Capital cuenta con las cinco líneas tradicionales de Subtes (A, B, C, D y E), mitad del trayecto de la H, y estaciones aún sin estrenar – nadie sabe porque – en la extensión de la línea B, además de contar con construcciones para alargar el tramo de la A y la E. Los nuevos trayectos serían: La F, que unirá Constitución con Plaza Italia, en 8,6 kilómetros de extensión. La G irá de Retiro al Cid Campeador, en Caballito, con 7,3 kilómetros. Y la línea I correrá desde Emilio Mitre hasta Plaza Italia, en 6,6 kilómetros.
Muy útiles para descontracturar el agobiado sistema subterráneo y disminuir la densidad de gente que se agolpa en los andenes cada mañana, tarde y noche. No hay respiro. Pero como siempre, los plazos se extienden, se alargan – Y en el tema subtes ya ha sucedido en variadas ocasiones - Y seguimos en la misma situación. Mientras tanto, el transporte público en todas sus variables continúa su proceso de decadencia y auto destrucción.
miércoles, 10 de septiembre de 2008
La juventud dividida y mal educada: ¿prólogo de lo que viene?
La Falta total de respeto e intolerancia extrema hacia quienes piensan, actúan y se muestran de manera muy diferente a la forma en que uno como individuo se desenvuelve en la vida, ha tocado límites que ya sobrepasan la simpleza de observar diversas formas de vivir.
Dentro de una sociedad sumergida a punto de ahogo en la violencia entre bandos de “ideologías” distanciadas - más allá del conocido y complejo concepto de ‘inseguridad’ - se encuentran los adolescentes que representan el futuro de la Argentina.
Ya no existe la capacidad de entender y no molestar al otro. No se busca compatibilidad, pero se intenta concebir la coexistencia. Es lógico pensar que en un mundo que aboga por la democracia, la no igualdad de corrientes son – o deberían – ser comunes y naturales.
Sin embargo, el proceso social de separación entre los chicos, que confluyó en el tan conocido y desgastado término “tribus urbanas”, ha alcanzado límites violentos. No se trata solamente de distinguirse de los “demás” por una elección de vida que se representa por actitudes y formas de vestir bien marcadas. Se trata de medir fuerzas.
El fortalecimiento de la división cada vez más marcada evoca cuestiones de fondo que son complejas de entender y resolver, más de lo que la sociedad Argentina en realidad cree. Los hechos saltan a la vista. Las peleas callejeras con el único propósito de sentar territorio dominado y demostrar “quien se la banca más” han puesto a la vista lo peor que tomaron los chicos de tantos años de descuido en su educación y la ausencia de figuras de autoridad – en la escuela y las casas - que les marquen el límite que no debe ser cruzado. Al menos no por gente que intentaría ser decente y encuadrarse dentro de un ámbito de convivencia armoniosa.
Varios puntos de la ciudad de Buenos Aires se convirtieron en lugares de encuentro estratégicos para estos “clanes” de adolescentes. Acorde con esa situación, lo sucedido el domingo 7 de septiembre es una demostración triste y clara de los extremos que se han alcanzado.
Lo que se vivió en las escalinatas de una de las entradas laterales al Shopping de la Abasto en Almagro – no es la primera vez – resultó ser una batalla campal que rememora los peores momentos de un guerra o de un feroz combate de cavernícolas peleando por la supervivencia. A eso apunta este tipo de riñas sin sentido profundo para quienes lo miran de afuera, pero necesaria y realmente sentida por aquellos que la protagonizaron.
¿Quiénes conforman estas tribus urbanas?
La expansión sin fronteras que ha experimentado la tecnología ha sido fuente de reunión de los “Jóvenes nativos” de los nuevos medios de comunicación. Es decir, quienes han nacido y crecido con las mejores computadoras, la ola de celulares y cámaras digitales.
Los ‘floggers’ se caracterizan por ocupar mayoritariamente espacios conocidos como ‘fotologs’, donde se pueden colgar fotos infinitamente y archivarlas como si se tratara de un álbum, gozando de la capacidad de firmar y opinar por parte de cualquier persona.
Tal vez lo más emparentados con este grupo, que se limita a retratarse constantemente, es el porción que ocupan los denominados ‘emos’, que deviene de la abreviatura de “emotional”, que en inglés significa “emocional, sensible”.Justamente así se auto catalogan los adolescentes que sienten este estilo. Su particular mirada triste oculta bajo el mechón de pelo liso que les llueve sobre el rostro, siempre vestidos de negro, como símbolo de una alienación del sistema, de una realidad que ellos mismos afirman no querer ver, enfrentar.
De la misma manera caminan por la vida los conocidos como ‘dark´ o ‘góticos’, que escondidos detrás de pinturas extravagantes y ropas tétricas, se sienten tan alejados del mundo que incluso llegan a intentar suicidarse, o lastimarse severamente, como reflejo del dolor que dicen sentir.
Este aspecto sensible y muy cuidado estéticamente es sentido con rechazo y odio por quienes lo consideran débil y afeminado, como los cumbieros y hiphoperos, en especial los primeros, aunque superficialmente son muy similares (por ende, no se generan problemas entre ambos)
Su estilo musical predilecto es la tradicional cumbia, y en el caso de los segundos, es el break – dance, además de acostumbrarse a pintar graffitis.Al contrario de los floggers y emos, se muestran a la sociedad como un grupo que demanda respeto por medio de una actitud desafiante representada por ropa deportiva holgada, viseras y zapatillas costosas, a las que llaman “llantas”. Su modo de actuar encuentra referencias conocidas en los raperos norteamericanos.
Más allá de estas separaciones tan profundas, las razones para llegar a la agresión física desmedida no deberían existir. ¿Alguien se ha planteado el origen de estas masas de muchachos que marcan su propia realidad buscando un enemigo a quien enfrentar?
No hay excusas ni justificaciones. No todos, pero gran parte de los componentes de estas tribus alientan la confrontación. El término “guerra” ha sido tan usado que deja de ser una mala palabra, para convertirse en parte del lenguaje distorsionado que ya los jóvenes utilizan.
El ámbito hogareño y escolar tienen enorme responsabilidad. Lamentablemente, el debate sobre el nivel y la falta de dirección clara que la educación argentina manifiesta es un tema que, así como posee raíces podridas que deben arrancarse, no provee otro tipo de contención o ayuda psicológica a quienes creen que vivir un modo de vida significa destrozar al otro.
Eso sin tener en cuenta el grado de conocimiento cultural e intelectual que revela la juventud actualmente. Nadie busca la perfección en sabiduría de todos los temas. Pero el nivel de cultura general y la estimulación que reciben es muy bajo. Peligrosamente bajo. Estas son las generaciones que llegan para – supuestamente – encaminar a un país que intenta salir todavía de un pozo político – económico y social. Así difícilmente se llegue a buen puerto, o incluso, se arribe siquiera a puerto.
Es innegable la influencia negativa de los medios – una vez más. Más allá de cubrir un suceso o dar el espacio de expresión necesario para cualquier sector de la sociedad, diversos programas han hecho de este acontecimiento social algo novedoso – aunque lleva su tiempo de arrastre – y también motivo suficiente como para rellenar espacios de valor monetario preciado para el dinámico e insalubre ambiente televisivo en especial.
La justificación para la participación de representantes de los distintos grupos es la chance de mostrar la realidad tal y como es, haciendo alarde de la “libertad de expresión”.
Pero sucede todo lo contrario. No hay reflexión sincera, no hay invitación al análisis. Conductores de programas vacíos de contenido se alinean al lenguaje juvenil y poco intelectual de los jóvenes para “caerles bien” y no hacerlos sentir “incómodos”. Y eso no suma.
Los argentinos hemos aprendido a restar. No proveen valor agregado los medios, los adultos y los contemporáneos de estos muchachos, que o bien se ríen y burlan, o bien los esquivan. Nada de ello sirve.
Dentro de una sociedad sumergida a punto de ahogo en la violencia entre bandos de “ideologías” distanciadas - más allá del conocido y complejo concepto de ‘inseguridad’ - se encuentran los adolescentes que representan el futuro de la Argentina.
Ya no existe la capacidad de entender y no molestar al otro. No se busca compatibilidad, pero se intenta concebir la coexistencia. Es lógico pensar que en un mundo que aboga por la democracia, la no igualdad de corrientes son – o deberían – ser comunes y naturales.
Sin embargo, el proceso social de separación entre los chicos, que confluyó en el tan conocido y desgastado término “tribus urbanas”, ha alcanzado límites violentos. No se trata solamente de distinguirse de los “demás” por una elección de vida que se representa por actitudes y formas de vestir bien marcadas. Se trata de medir fuerzas.
El fortalecimiento de la división cada vez más marcada evoca cuestiones de fondo que son complejas de entender y resolver, más de lo que la sociedad Argentina en realidad cree. Los hechos saltan a la vista. Las peleas callejeras con el único propósito de sentar territorio dominado y demostrar “quien se la banca más” han puesto a la vista lo peor que tomaron los chicos de tantos años de descuido en su educación y la ausencia de figuras de autoridad – en la escuela y las casas - que les marquen el límite que no debe ser cruzado. Al menos no por gente que intentaría ser decente y encuadrarse dentro de un ámbito de convivencia armoniosa.
Varios puntos de la ciudad de Buenos Aires se convirtieron en lugares de encuentro estratégicos para estos “clanes” de adolescentes. Acorde con esa situación, lo sucedido el domingo 7 de septiembre es una demostración triste y clara de los extremos que se han alcanzado.
Lo que se vivió en las escalinatas de una de las entradas laterales al Shopping de la Abasto en Almagro – no es la primera vez – resultó ser una batalla campal que rememora los peores momentos de un guerra o de un feroz combate de cavernícolas peleando por la supervivencia. A eso apunta este tipo de riñas sin sentido profundo para quienes lo miran de afuera, pero necesaria y realmente sentida por aquellos que la protagonizaron.
¿Quiénes conforman estas tribus urbanas?
La expansión sin fronteras que ha experimentado la tecnología ha sido fuente de reunión de los “Jóvenes nativos” de los nuevos medios de comunicación. Es decir, quienes han nacido y crecido con las mejores computadoras, la ola de celulares y cámaras digitales.
Los ‘floggers’ se caracterizan por ocupar mayoritariamente espacios conocidos como ‘fotologs’, donde se pueden colgar fotos infinitamente y archivarlas como si se tratara de un álbum, gozando de la capacidad de firmar y opinar por parte de cualquier persona.
Tal vez lo más emparentados con este grupo, que se limita a retratarse constantemente, es el porción que ocupan los denominados ‘emos’, que deviene de la abreviatura de “emotional”, que en inglés significa “emocional, sensible”.Justamente así se auto catalogan los adolescentes que sienten este estilo. Su particular mirada triste oculta bajo el mechón de pelo liso que les llueve sobre el rostro, siempre vestidos de negro, como símbolo de una alienación del sistema, de una realidad que ellos mismos afirman no querer ver, enfrentar.
De la misma manera caminan por la vida los conocidos como ‘dark´ o ‘góticos’, que escondidos detrás de pinturas extravagantes y ropas tétricas, se sienten tan alejados del mundo que incluso llegan a intentar suicidarse, o lastimarse severamente, como reflejo del dolor que dicen sentir.
Este aspecto sensible y muy cuidado estéticamente es sentido con rechazo y odio por quienes lo consideran débil y afeminado, como los cumbieros y hiphoperos, en especial los primeros, aunque superficialmente son muy similares (por ende, no se generan problemas entre ambos)
Su estilo musical predilecto es la tradicional cumbia, y en el caso de los segundos, es el break – dance, además de acostumbrarse a pintar graffitis.Al contrario de los floggers y emos, se muestran a la sociedad como un grupo que demanda respeto por medio de una actitud desafiante representada por ropa deportiva holgada, viseras y zapatillas costosas, a las que llaman “llantas”. Su modo de actuar encuentra referencias conocidas en los raperos norteamericanos.
Más allá de estas separaciones tan profundas, las razones para llegar a la agresión física desmedida no deberían existir. ¿Alguien se ha planteado el origen de estas masas de muchachos que marcan su propia realidad buscando un enemigo a quien enfrentar?
No hay excusas ni justificaciones. No todos, pero gran parte de los componentes de estas tribus alientan la confrontación. El término “guerra” ha sido tan usado que deja de ser una mala palabra, para convertirse en parte del lenguaje distorsionado que ya los jóvenes utilizan.
El ámbito hogareño y escolar tienen enorme responsabilidad. Lamentablemente, el debate sobre el nivel y la falta de dirección clara que la educación argentina manifiesta es un tema que, así como posee raíces podridas que deben arrancarse, no provee otro tipo de contención o ayuda psicológica a quienes creen que vivir un modo de vida significa destrozar al otro.
Eso sin tener en cuenta el grado de conocimiento cultural e intelectual que revela la juventud actualmente. Nadie busca la perfección en sabiduría de todos los temas. Pero el nivel de cultura general y la estimulación que reciben es muy bajo. Peligrosamente bajo. Estas son las generaciones que llegan para – supuestamente – encaminar a un país que intenta salir todavía de un pozo político – económico y social. Así difícilmente se llegue a buen puerto, o incluso, se arribe siquiera a puerto.
Es innegable la influencia negativa de los medios – una vez más. Más allá de cubrir un suceso o dar el espacio de expresión necesario para cualquier sector de la sociedad, diversos programas han hecho de este acontecimiento social algo novedoso – aunque lleva su tiempo de arrastre – y también motivo suficiente como para rellenar espacios de valor monetario preciado para el dinámico e insalubre ambiente televisivo en especial.
La justificación para la participación de representantes de los distintos grupos es la chance de mostrar la realidad tal y como es, haciendo alarde de la “libertad de expresión”.
Pero sucede todo lo contrario. No hay reflexión sincera, no hay invitación al análisis. Conductores de programas vacíos de contenido se alinean al lenguaje juvenil y poco intelectual de los jóvenes para “caerles bien” y no hacerlos sentir “incómodos”. Y eso no suma.
Los argentinos hemos aprendido a restar. No proveen valor agregado los medios, los adultos y los contemporáneos de estos muchachos, que o bien se ríen y burlan, o bien los esquivan. Nada de ello sirve.
viernes, 5 de septiembre de 2008
Los trenes de la violencia y la decadencia
El ferrocarril en Argentina continúa transmitiendo la enfermedad de la inseguridad en todos los aspectos y variables posibles: irresolución acerca de la pésima manera de viajar, en los horarios trastornados y las eternas tardanzas e interrupciones y la creciente violencia que en torno al sistema en los últimos años ha madurado.
La intolerancia manifestada en su más “apasionada” expresión volvió a copar las vías de un formación ferroviaria, en este caso el Sarmiento en las estaciones Castelar y Merlo, aunque el malestar que ocasiona cuestiones como estas, en el caso de ayer sirvieron de excusa para accionar realmente fuera de lugar.Más allá que los actos vandálicos que culminaron con fuego 7 vagones distan de ser protagonizados por los fastidiosos pero decentes pasajeros que usan las líneas de trenes interurbanos, y se parecen más a actos premeditados, la historia reciente remite a infinitos casos de incidencias relacionadas directamente con los trenes, que encienden todo el tiempo la luz de alerta y emergencia.“Este gobierno cree en el transporte ferroviario. Nosotros hacemos mucho esfuerzo para que el servicio de trenes mejore; de hecho para el año que viene hay un presupuesto de 5 mil millones de pesos destinado a ello", afirmó el ministro del interior, Florencio Randazzo, en un intento de esperanzar a los pasajeros. No alcanza.
La versión oficial enseguida se alineó con la actitud constante de este Gobierno. Confrontar, acusar y desligar responsabilidades. Y una de las personas a las que fueron dirigidos una nueva carga de innecesarias municiones fue el director de Cine, Pino Solanas, quien acaba de estrenar su película documental “la próxima estación”, que cuenta la historia con testimonios de la decadencia del sistema ferroviaria nacional. Una tontería que significa un puntito más dentro del desorden oficial.
¿Qué esta pasando con el servicio de transporte más antiguo que unió al país?
Mientras la administración de la Presidenta Cristina Fernández se aboca a desembolsar más de 10.000 millones de pesos en el innecesario tren bala a un banco francés acusado de corrupción, los subsidios caen como gotas de lluvia a las empresas privadas que explotan los distintos trayectos de los trenes: TBA, a cargo del Mitre y Sarmiento, Metrovías con el Urquiza, Trenes metropolitanos, que controlan al ex Roca, Belgrano Sur y San Martín y Ferrovías con el Belgrano nortePero en sintonía con la metáfora de la lluvia, el casi millón de pasajeros que viajan por día – Y eso que los número hace pocos años eran más altos - a través de este medio sufren como si se tratara de una tormenta constante el viajar en condiciones precarias y peligrosas, de manera tan incómoda como primitiva.
Nuevamente surge uno de los grandes misterios de la política económica argentina con respecto a los subsidios: ¿Dónde van a parar? ¿Qué pasa con las enormes sumas de dinero que se giran para las empresas privadas, no solamente las de trenes?La idea original del pago de un subsidio radica en compensar a las empresas por no alcanzar un piso mínimo de ganancias que sirvan para equilibrar los gastos. Y de ese modo, no se verían en la “penosa necesidad” de aumentar las tarifas – que de todos modos incrementan, como sucedió en marzo, cuando rondó un aumento del 20%.
Pero no hay cambios. Las formaciones, deterioradas y descuidadas – por parte de la empresa y en muchos casos también por el irrespetuoso pasaje – arriban con demoras, y hasta a veces ni llegan, a estaciones que escasamente cuentan con controles básicos de higiene y seguridad. No solo se trata de embellecer las terminales – que de todas maneras dejan mucho que desear -, también las distintas paradas son o bien de difícil acceso normal (porque no es imposible que alguien ingrese sin pagar) o bien un sufrimiento un día de lluvia o de sol intenso. Las reformas edilicias y estructurales también son de imperiosa urgencia. Pero, aparentemente, no hay plata.
Peor panorama aún se presenta a nivel nacional. Ya ni siquiera formaciones históricas como “el gran Capitán” que conecta a Misiones con la Capital, o el fabuloso Tren de las Nubes en Salta, sumadas a las extensas líneas en pleno desuso, cuentan con un cuidado adecuado, como un “país serio” con su patrimonio debería hacer. Desde los distintos gobiernos y empresas, y también un pasaje que muchas veces olvida que rompiendo o pintando donde no debe, agrega un granito de arena más hacia la destrucción total del transporte.
La emergencia ferroviaria decretada por el ex presidente Eduardo Duhalde se alineaba con una situación general del país muy crítica, consecuencia de la devastadora crisis que en el 2001 derrocó a un gobierno fantasma. Y en cuanto al ferrocarril, las presidencias de Menem fueron el “empujoncito final” para llevar a la desaparición a diversas líneas de trenes que unían pueblos y ciudades. Las vías inutilizadas ahora son cientas. Desperdicio total. Error fatal.
Pero a partir de la llegada de Néstor Kirchner al poder, las variables socio económicos fueron torciendo su destino fatídico, y Argentina entró en una época de recuperación innegable. Sin embargo, se hace real y dolorosa la conocida frase “lo bueno dura poco”. Y las mentiras y los fracasos encubiertos o negados se hicieron presentes, con turbios personajes detrás.
La frívola figura detrás de toda problemática de transporte es el secretario – supuestamente especialista en la materia – Ricardo Jaime, quien manipula en sus manos un presupuesto puramente destinado al pago de las “pequeñas contribuciones”, que hasta el momento en lo que transcurrió del 2008, supera los 1500 millones de pesos. 1570 para ser exactos.Similar a lo que hace Moreno con “su” secretaria de Comercio Interior, Jaime, que debería encontrarse bajo órdenes del Ministro de Planificación Julio de Vido, actúa por fuera de su órbita natural de acción, y se convirtió con el tiempo en un funcionario no poco importante para el andar de la administración Kirchner.
Criticado desde la oposición por su ineficacia ante problemáticas tan graves y complicadas como lo es el transporte y el colapso de varios de los medios – vehicular en la ciudad y sus accesos, trenes y el desastre financiero de Aerolíneas – Jaime se convirtió en un simple intermediario entre el gobierno y las empresas concesionarias, que reciben en hermoso paquete de dinero, y no cumplen con nada. Además de mantener contactos dudosos con grupos asociados al transporte de mucho peso, es avalado por la Presidenta y su esposo, y es un sueño imposible pensar en su salida.
Los “números de la decadencia” son contundes. Antes de aterrizar en Argentina el proceso de privatizaciones por todos lados, el sistema de trenes en Argentina contaba con más de 36 mil kilómetros de vías que se redujeron a solo 14 mil, y la velocidad de 100 k/h promedio, por desgaste y falta de recambio y refacciones, bajó a solo 60 (sin contar las interrupciones totales claro)
Al final, la víctima es siempre el mismo: el usuario. Y como esta acostumbrado el pueblo Argentina, los sueños de algo mejor le ganarán una vez más a la realidad.
La intolerancia manifestada en su más “apasionada” expresión volvió a copar las vías de un formación ferroviaria, en este caso el Sarmiento en las estaciones Castelar y Merlo, aunque el malestar que ocasiona cuestiones como estas, en el caso de ayer sirvieron de excusa para accionar realmente fuera de lugar.Más allá que los actos vandálicos que culminaron con fuego 7 vagones distan de ser protagonizados por los fastidiosos pero decentes pasajeros que usan las líneas de trenes interurbanos, y se parecen más a actos premeditados, la historia reciente remite a infinitos casos de incidencias relacionadas directamente con los trenes, que encienden todo el tiempo la luz de alerta y emergencia.“Este gobierno cree en el transporte ferroviario. Nosotros hacemos mucho esfuerzo para que el servicio de trenes mejore; de hecho para el año que viene hay un presupuesto de 5 mil millones de pesos destinado a ello", afirmó el ministro del interior, Florencio Randazzo, en un intento de esperanzar a los pasajeros. No alcanza.
La versión oficial enseguida se alineó con la actitud constante de este Gobierno. Confrontar, acusar y desligar responsabilidades. Y una de las personas a las que fueron dirigidos una nueva carga de innecesarias municiones fue el director de Cine, Pino Solanas, quien acaba de estrenar su película documental “la próxima estación”, que cuenta la historia con testimonios de la decadencia del sistema ferroviaria nacional. Una tontería que significa un puntito más dentro del desorden oficial.
¿Qué esta pasando con el servicio de transporte más antiguo que unió al país?
Mientras la administración de la Presidenta Cristina Fernández se aboca a desembolsar más de 10.000 millones de pesos en el innecesario tren bala a un banco francés acusado de corrupción, los subsidios caen como gotas de lluvia a las empresas privadas que explotan los distintos trayectos de los trenes: TBA, a cargo del Mitre y Sarmiento, Metrovías con el Urquiza, Trenes metropolitanos, que controlan al ex Roca, Belgrano Sur y San Martín y Ferrovías con el Belgrano nortePero en sintonía con la metáfora de la lluvia, el casi millón de pasajeros que viajan por día – Y eso que los número hace pocos años eran más altos - a través de este medio sufren como si se tratara de una tormenta constante el viajar en condiciones precarias y peligrosas, de manera tan incómoda como primitiva.
Nuevamente surge uno de los grandes misterios de la política económica argentina con respecto a los subsidios: ¿Dónde van a parar? ¿Qué pasa con las enormes sumas de dinero que se giran para las empresas privadas, no solamente las de trenes?La idea original del pago de un subsidio radica en compensar a las empresas por no alcanzar un piso mínimo de ganancias que sirvan para equilibrar los gastos. Y de ese modo, no se verían en la “penosa necesidad” de aumentar las tarifas – que de todos modos incrementan, como sucedió en marzo, cuando rondó un aumento del 20%.
Pero no hay cambios. Las formaciones, deterioradas y descuidadas – por parte de la empresa y en muchos casos también por el irrespetuoso pasaje – arriban con demoras, y hasta a veces ni llegan, a estaciones que escasamente cuentan con controles básicos de higiene y seguridad. No solo se trata de embellecer las terminales – que de todas maneras dejan mucho que desear -, también las distintas paradas son o bien de difícil acceso normal (porque no es imposible que alguien ingrese sin pagar) o bien un sufrimiento un día de lluvia o de sol intenso. Las reformas edilicias y estructurales también son de imperiosa urgencia. Pero, aparentemente, no hay plata.
Peor panorama aún se presenta a nivel nacional. Ya ni siquiera formaciones históricas como “el gran Capitán” que conecta a Misiones con la Capital, o el fabuloso Tren de las Nubes en Salta, sumadas a las extensas líneas en pleno desuso, cuentan con un cuidado adecuado, como un “país serio” con su patrimonio debería hacer. Desde los distintos gobiernos y empresas, y también un pasaje que muchas veces olvida que rompiendo o pintando donde no debe, agrega un granito de arena más hacia la destrucción total del transporte.
La emergencia ferroviaria decretada por el ex presidente Eduardo Duhalde se alineaba con una situación general del país muy crítica, consecuencia de la devastadora crisis que en el 2001 derrocó a un gobierno fantasma. Y en cuanto al ferrocarril, las presidencias de Menem fueron el “empujoncito final” para llevar a la desaparición a diversas líneas de trenes que unían pueblos y ciudades. Las vías inutilizadas ahora son cientas. Desperdicio total. Error fatal.
Pero a partir de la llegada de Néstor Kirchner al poder, las variables socio económicos fueron torciendo su destino fatídico, y Argentina entró en una época de recuperación innegable. Sin embargo, se hace real y dolorosa la conocida frase “lo bueno dura poco”. Y las mentiras y los fracasos encubiertos o negados se hicieron presentes, con turbios personajes detrás.
La frívola figura detrás de toda problemática de transporte es el secretario – supuestamente especialista en la materia – Ricardo Jaime, quien manipula en sus manos un presupuesto puramente destinado al pago de las “pequeñas contribuciones”, que hasta el momento en lo que transcurrió del 2008, supera los 1500 millones de pesos. 1570 para ser exactos.Similar a lo que hace Moreno con “su” secretaria de Comercio Interior, Jaime, que debería encontrarse bajo órdenes del Ministro de Planificación Julio de Vido, actúa por fuera de su órbita natural de acción, y se convirtió con el tiempo en un funcionario no poco importante para el andar de la administración Kirchner.
Criticado desde la oposición por su ineficacia ante problemáticas tan graves y complicadas como lo es el transporte y el colapso de varios de los medios – vehicular en la ciudad y sus accesos, trenes y el desastre financiero de Aerolíneas – Jaime se convirtió en un simple intermediario entre el gobierno y las empresas concesionarias, que reciben en hermoso paquete de dinero, y no cumplen con nada. Además de mantener contactos dudosos con grupos asociados al transporte de mucho peso, es avalado por la Presidenta y su esposo, y es un sueño imposible pensar en su salida.
Los “números de la decadencia” son contundes. Antes de aterrizar en Argentina el proceso de privatizaciones por todos lados, el sistema de trenes en Argentina contaba con más de 36 mil kilómetros de vías que se redujeron a solo 14 mil, y la velocidad de 100 k/h promedio, por desgaste y falta de recambio y refacciones, bajó a solo 60 (sin contar las interrupciones totales claro)
Al final, la víctima es siempre el mismo: el usuario. Y como esta acostumbrado el pueblo Argentina, los sueños de algo mejor le ganarán una vez más a la realidad.
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