martes, 23 de diciembre de 2008

Hoy poesía: La reflexión de las fiestas

En la presente ocasión decidí dejar de lado las notas periodísticas de actualidad para redactar la siguiente poesía, cuyo único propósito es el de evaluar el contraste de las diversas situaciones que nos han tocado vivir en este 2008 que se va, sin utilizar ejemplos ni mencionar nombres: las felices y más agradables situaciones por un lado, y las circunstancias no tan agradables por el otro.Espero que sea de su agrado, y que más allá de estas simples palabras, terminen este año con fuerzas para iniciar un 2009 al que todos, en particular y de manera grupal, deseamos encarar con responsabilidad y buenas energías, para con uno mismo y los demás. Nuestros sueños también reflejan el deseo de un país que de una vez por todas logre unificar criterios a nivel política y sociedad, aún cuando ello parezca mas una utopía que una realidad.¡Feliz navidad y año nuevo!

La reflexión en las fiestas

El cálido y festivo clima de las fiestas ya arriba al hogar
El encuentro con familia y amigos se torna en estas fechas,
siempre más especial
El regalo puede ser un beso o un abrazo, no algo material
Y abogando por una linda noche, la sonrisa jocosa acapara el lugar.

Los agradecimientos y olvidos forman listas separadas
Cada mente, cada corazón, algo recordará, algo intentará dejar atrás.
Pasares muy distintos personas tan cercanas pueden haber vivido,
Pero siempre hay algo particular, que nos mantiene unidos.

12 meses de alegrías y regocijo,
12 meses de llantos y dolores,
Cada cual con sus amores o “filitos”
Algunos solos, pero igual tranquilos.

Lapsos de tiempo donde la empatía y el querer nos encontraron,
Otros momentos donde las circunstancias nos alejaron,
Relaciones que empezaron y finalizaron,
Intereses que surgieron, y después se truncaron.

No todo significa recordar lo mejor,
Tampoco implica olvidar lo peor.
Todos tuvieron y tienen su particularidad,
Al corazón alegraron, hirieron, y al mismo tiempo curaron.

El fin del año para evaluar es tan utilizado,
La gloria y la derrota todo un año nos acompañaron.
De inteligentes es saber las cosas separar,
Y darse cuenta cuando o no, volver a empezar.

Algunos con nosotros ya no están,
El corazón y la memoria tan cerca los mantendrán.
El dolor mucho o poco puede durar,
Pero la vida continúa, y nunca solo, se tiene que caminar.

Aquellos a quienes nunca vemos, y tal vez no veremos,
No por querer, sino por tomar vías diferentes.
Un mensaje desde el alma les hicimos y haremos llegar,
Por la felicidad compartida en el pasado,
O el perdón del dolor ocasionado.

Nuevas propuestas nos acercarán,
De nuestros objetivos previamente marcados,
El rechazo y la aceptación por su terreno pelearán,
Pero siempre basados en el respeto y la buena voluntad,
Pilares de una sociedad en donde los valores se hacen desear.

Amaremos y desearemos, nos pelearemos y enojaremos,
Situaciones inevitables, pero no por ello incontrolables.
Nos adecuaremos a las diversas personalidades,
Y rezaremos por la tolerancia, y la negociación constante,
En pos de llegar al objeto deseado,
En pos de alcanzar, al ser amado.

La puerta se abre a un nuevo año,
El 2008 va quedando atrás.
Todos juntos, alzando las copas y los corazones,
mutuamente nos deseamos,
Un feliz 2009, además de salud, amor y trabajo.


FIN

miércoles, 17 de diciembre de 2008

El descontrol social: la inseguridad

La historia de Argentina marca una serie de cuestiones que nunca han conseguido soluciones duraderas y satisfactorias que mantuviesen en calma a la población, siempre vulnerable a la pasividad en muchos estamentos del Estado Nacional, Municipal y provincial. Una de esas problemáticas, todas protegidas por el tristemente célebre concepto de crisis, es la de la inseguridad.


La irresolución y falta de definición constante para políticas largoplazistas de seguridad ha originado en repetidos lapsos de tiempo la terrible sensación de que “nadie esta a salvo”, y aunque nunca la intención es propagar un clima de alarma general, actualmente esa impresión ha vuelto a latir fuerte en el seno de la sociedad argentina.
Ver noticieros, leer los diarios o escuchar la radio significa, si o si, enterarse de algún crimen en un punto casi azaroso de todo el terreno nacional – y tal vez muchos más que parajes casi solitarios que nadie se entera.

No hay discriminación de clases ni zonas para el ataque de un asesino, un ladrón o un violador. El destino del delito puede ser un barrio pacífico, el centro de una ciudad, las olvidadas calles de una zona “casi rural”, un barrio cerrado o en cualquier esquina, de cualquier lugar.

¿Y las autoridades?
Acostumbrados están los argentinos a escuchar muchas palabras que aparentan reflejar profundo interés, que promete aplicar serias medidas, a conciencia y con el estudio e investigación pertinentes para una problemática tan difícil de superar como riesgosa de enfrentar.Sin embargo, las buenas intenciones de varios chocan contra los intereses e ideas de todos, y los proyectos de un sector nunca llegarán a oídos de otro bloque, pura y sencillamente, porque son “diferentes”. Entonces las políticas van separadas, por partes, y nunca parecería posible en un futuro cercano hallar un paquete conjunto, homogéneo en cuanto al alcance y la aplicación.
Tampoco ayuda algunas determinaciones inentendibles de la justicia. Los asesinos deben saber que al ser capturados, cuentan con una especie de “perdón” o “indulto”, que por el solo hecho de haberse “comportado bien”, gozarían de libertad condicional o incluso total – que los eximiría de todo crimen, aunque esa posibilidad la utilizarán para perpetuar otro hecho poco feliz.

¿Por qué no se aplica la idea de “Si mataste o violaste o secuestraste, te mereces X condena”, y así como resulta la sentencia, aplicarla hasta el último segundo? Tal vez pregunta retórica sin respuesta.

¿Y la policía?
No genera respeto ni inspira confianza. Son comunes cada tanto los anuncios de nuevos patrulleros y nuevas supuestas comodidades y beneficios para que los protectores de las calles puedan ejercer su trabajo de manera eficiente.No obstante, son posibles siempre los casos de corrupción y separación de comisarios o de policías involucrados en casos oscuros, o simplemente, por estar asociado a redes de criminales, e incluso, alcanzando la categoría de ladrón.
Varios de los buenos nombres dentro de las fuerzas de seguridad son manchados por la falsedad de aquellos que bajo el uniforme azul esconden, o bien incompetencia y nula valentía, o intenciones poco honrosas e intereses ambiciosos poco ligados a su verdadera función dentro de la sociedad.
Si a ello se le suma la falta de autoridad en muchos casos y de previsión para situaciones en teoría complicadas y a las cuales se tiene que estudiar (casos emblemáticos: partidos de fútbol y recitales), entonces el cuerpo policial se ganó el ínfimo respeto de la opinión pública en general, y el desafiante tono de sectores de la juventud – y adultos también - que intenta aplicar sus propias reglas y leyes.El concepto de severidad y “mano dura” esta bastardeado en Argentina. Más allá de la relación directa con etapas muy tristes de la historia nacional (la última dictadura en la cabeza de la lista), la autoridad debe ser impartida, en primer lugar mediante las leyes y normas de convivencia – siendo la educación la base de todo su entendimiento -, y en caso de un intento de violación de las mismas, con crudeza a quienes se opongan a colaborar con el bienestar del otro. Con ello nos referimos tanto a aquellos que roban simplemente, hasta aquellos que llegan al extremo de matar y/o lastimar en gravedad.

¿Y en cuanto a infraestructura?
Los anuncios de obras públicas por allá, obras públicas por acá, son moneda corrientes y herramienta de uso frecuente por parte de autoridades en todos los niveles.Al momento de chequear que se ha hecho y que no, las promesas se las ha llevado el viento, y en tierra quedaron simples partículas de polvo. Así como se construyen edificios y espacios verdes para embellecer zonas ya de por sí bellas, o para elevar el prestigio de ciertos barrios y zonas, hay sectores, tanto de la capital como de la provincia de Buenos Aires, así como también en el resto del país, que se convierten en trampas para transeúntes y posibles puntos de reunión o de ataque de delincuentes.

Bajo autopistas, callejones y calles poco alumbradas y alejadas – y no necesariamente muchos metros – de importantes avenidas, espacios baldíos olvidados y destruidos, por ende, ni siquiera iluminados, y la soledad en momentos de la noche o incluso, del día.

¿Cómo puede ser que no se entienda que con sumar policías no alcanza?
El servicio debe gozar de calidad, no de cantidad. Y esos “puntos” de una ciudad o barrio deben ser analizados, aunque sean cientos de miles, aún cuando la delincuencia ahora se ve más estimulada en atacar casi estratégicamente y de manera estudiada zonas de mucho gentío, o casas y edificios previamente seleccionados y espiados.

¿Vale la pena recordar el estado lamentablemente de cárceles, e inclusive, de mismas comisarías?
El desorganizado sistema penitenciario suelta más que lo que retiene, y lo que se conserva dentro, se alimenta de odio, perversión y falta total de educación. Entonces no hay que esperar ningún tipo de re socialización.

¿Cuáles son las pequeñas “medidas” que puede tomar el ciudadano corriente?

Al entrar al hogar, sea casa o ingreso al edificio, tener la llave afuera, sin revolearla, metros antes de arribar, y al abrir la puerta, siempre mirar de reojo que nadie desconocido se haya acercado, y no tardar minutos en buscar en la cartera o mochila.Al caminar por la calle, o viajando en colectivos, trenes o subtes, la billetera y el celular llevarlos en un lugar seguro, sea algún bolsillo ajustado al pantalón o en campera o saco pero no abierto o suelto lo suficientemente como para manotear. Y siempre al estar por salir de cualquier lugar o transporte, verificar que esos dos elementos estén en su lugar.Cuando se pasa cerca de una persona que por distintos motivos no genere confianza o incluso lo haya observado fijamente, no responderle con la mirada y seguir caminando, sin darse vuelta ni responder en caso de recibir un llamado.Si esa persona sigue detrás, buscar zonas donde transite mucha gente, entrar a algún loca, o en su defecto, ubicar a un policía cercano, en caso que lo haya (lo cual debería suceder siempre)


Simples consejos que pueden servir para palear la falta de definiciones de quienes deben tener analizado el tema, y quienes deberían emplear fuerzas en aquellos que delinquen. Aunque la crisis de seguridad ya esta establecida, hay tiempo de mejorar, y de impedir muchos y nuevos crímenes, haciendo justicia de aquellos que injustamente fueron alejados del derecho a la vida.

viernes, 12 de diciembre de 2008

El atolondrado y descuidado peatón argentino

Las calles y avenidas de la Ciudad de Buenos Aires se presentan como pequeños canales de peligrosa y acelerada corriente, cuyas orillas, apenas distanciadas por unos metros, pueden convertir a un simple cruce en una travesía donde la prudencia es un concepto inexistente y olvidado.

Innegable es la falta total de responsabilidad del argentino en general al momento de conducir su propio vehículo o de caminar las veredas que bordean una importante avenida, aunque en Capital Federal, la peligrosidad ya no es solamente patrimonio de las más importantes arterias que comunican los barrios, que tampoco discriminan a esta altura la “tranquilidad” de unas calles y la “densidad” de otras.
El peatón imprudente existe en todos los rincones. El modo de vida acelerado generó el maldito acostumbramiento de tener que correr – o en el mejor de los casos trotar – para alcanzar el otro extremo, como si la sencilla pérdida de 5 segundos implicase desperdiciar horas que podrían aprovecharse en cuestiones mas importantes que la misma salud física.Nadie dice que siempre hay que esperar pacíficamente al corte del semáforo. Hay situaciones en las cuales tranquilamente puede pasarse, previa observación minuciosa para asegurarse que ningún automóvil se acerca. Todo se basa en la prudencia.

El “movimiento en masa” es visible en muchas esquinas del centro de la ciudad. Un individuo cruza sobre el asfalto confiándose que llegará al otro lado tranquilamente mientras “a lo lejos” se acercan autos y/o colectivos. Como animales detrás de su cuidador, varias personas lo siguen valientemente, sin darse cuenta que los vehículos que parecían en el horizonte deben disminuir la velocidad o tocar bocina para hacerlos correr como ganado porque intentan pasar en el momento en que tienen permitido pasar.

¿Hace falta llegar a eso? ¿Qué pasaría si, en un caso extremo e indeseable, alguien se resbalase o se le cayera algo? Mejor ni pensar en las predecibles consecuencias.

La gente no aprende que al pisar el asfalto se invade territorio que es exclusivo de los vehículos. Es muy riesgoso pero demasiado común el aguardar la llegada de un colectivo a 2,3 metros de la vereda, sin siquiera pensar que el medio de transporte por excelencia es un armatoste grande y pesado, y difícil de maniobrar – más allá que quienes lo manejan están especializados en el mismo.
Ese error también sucede cuando el peatón, ansioso, quiere cruzar apenas corte el semáforo, olvidando que hay veces que la mala suerte nos destina un muy mal conductor que, o bien acelera para evitar el rojo, o frena en medio de la senda.

¿Los policías? Dibujados. No se aplican multas, sanciones ni aprensiones.

Una de las más tristes caras del individuo en situación de peatón radica en su carencia de solidaridad y protección del otro.
La velocidad que se respira también relega a aquellas personas que lamentablemente no tiene facilidad de movilidad, sea por estar en silla de ruedas, con bastón o ciegos. Borrados del mapa para los encargados de la infraestructura de la vía pública, suprimidos por la sociedad. Tan triste como real.

Naturalmente, la base de todos los problemas y al mismo tiempo de todas las soluciones es la educación.
El aprendizaje desde chiquitos es fundamental para entender porque el argentino, y el porteño en particular, no posee la mínima capacidad de razonar por un instante cuando esta bien cruzar con el semáforo en rojo, y cuando no debe arriesgarse en poner en peligro su vida y la de los demás.
Lamentablemente, las notorias y profundas deficiencias que ostenta el ámbito educativo en cualquier sentido que se analice, impiden soñar con bases reales en una enseñanza vial completa y eficiente, que imparta la idea del respeto y la no subestimación a las rutinarias circunstancias que se repiten en las calles.
Y si encima la ley por parte de las autoridades ni las normas de convivencia no se estimulan en su aplicación, o se imparten con severidad, entonces hay que continuar la vida creyendo que un día podemos esquivar a la fatalidad, o creernos corredores al volante y Ángeles protegidos en las calles, que nunca generarán o protagonizarán un accidente.


Se debe practicar la “cultura de la prudencia y la responsabilidad, para uno mismo y hacia los demás”. Con un poco de cabeza, sin que nadie deje de lado los pensamientos acerca del estudio, el trabajo y la vida en general, se podría lograr un serio avance y convertir a Buenos Aires, y al resto del país, en un lugar más seguro, a nivel educación vial.

sábado, 6 de diciembre de 2008

La vieja costumbre de anunciar, y el siempre “después veremos”.

Frente a los micrófonos y tratando de aparentar fortaleza con argumentos expresados con enérgico tono de voz, al mismo tiempo reflexivo. La Presidenta Cristina Fernández sacó a relucir en las últimas semanas una de las herramientas más utilizadas por los políticos: los anuncios de inversión.

La crisis financiera mundial nunca fue algo que le sucedió y sucede solamente a las economías mas poderosas del mundo, sino que, al contrario de lo que el Gobierno Nacional intentaba instalar en la opinión pública, la onda expansiva que se originó tras la debacle de las bolsas a nivel global indefectiblemente impactaría en las actividades productivas en todas sus variables, algunas sufriendo mayores daños que otras.

La merma en la rentabilidad de sectores que dependen de la exportación, primeras víctimas del estancamiento económico, generó un efecto dominó que alcanzó inmediatamente al resto de la comunidad empresarial e industrial. El sector automotriz y de la construcción fueron los más sensibles a este parate, obligando a la suspensión masiva de personal, e incluso despidos en números poco agradables.

En este contexto de pérdidas millonarias y caída acelerada del capital en acciones que las empresas acostumbran invertir, la Administración K, que en un inicio había negado la posibilidad de percibir serios efectos de la hecatombe, salió desesperadamente a cubrir los baches con el material más consistente posible, en este caso, la inyección de millonarios montos de dinero en concepto de inversiones para alentar la producción, y por ende, mantener el empleo de miles de damnificados.

Básicamente, el plan de la Presidenta consiste en alentar al sistema financiero con 13.200 millones de pesos, cuyo mayor porcentaje (aproximadamente 7500 millones) provienen de los tan deseables capitales de las AFJP, que tras su reestatización obligada por la nueva ley, pasó a engrosar la Caja que manejan unos pocos; así como también el tan polémico proyecto de blanqueo de Capitales de las empresas, que a cambio de su perdón judicial y estatal, pagarán todas sus deudas, contribuyendo de esta manera al aumento de dinero tan necesitado por el Gobierno.

El destino de las “inversiones – préstamos” alcanzan a 5 sectores en particular:

El consumo común, para el cual se utilizarán 3500 millones para 700.000 créditos, que incluirían acuerdos con fabricantes y comercializadores de electrodomésticos, cuyos manejos quedarán a cargo del nada confiable secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno.
La industria percibirá 1250 millones para prefinanciar exportaciones y el tan golpeado capital de trabajo.
La industria automotriz, cuyo impacto se refleja en las cantidades de stocks acumulados que no se lograron vender, deberá articular el plan “cero kilómetro”, que apunta a distribuir autos a precios ajustados a la situación gracias a 3100 millones de pesos que distribuirá el estado.

Las Pymes recibirán 3000 millones de pesos; y finalmente, el sector agropecuario, olvidado por el Gobierno y cuyas medidas particulares se hicieron desear tanto desde el recordado “no” al sistema de retenciones del Vicepresidente Julio Cobos en el Congreso, absorberán 1700 millones del plan de inversión y una reducción del 5% en las retenciones. Sin embargo, el 23 % que quedará para el Trigo y el 20% para el maíz, no satisface a los productores, que debido a la baja brutal de precios en el mercado mundial, no gozarían de las millonarias ganancias que si hubiese alcanzado de no haberse confrontado con el Gobierno, más allá de las culpas y las responsabilidades.


¿Cuál es el único y fundamental requisito para poder demandar parte de esos 13200 millones? No rebajar personal.

Las buenas señales de Cristina Fernández también se expresaron por medio de la creación del Ministerio de la Producción, orientado a alentar la productividad a nivel comercio exterior, aunque también alcanzará al comercio interno, para lo cual Guillermo Moreno estará atento, para no perder su corrupto espacio dentro de la maquinaria K.

Obviamente, para lidiar con este contexto, el Gobierno mantuvo – y mantendrá – reuniones con jefes sindicales, que más que un “pacto social” de calma y de intermediación con los denominados “representantes” del sector trabajador, se convierten en encuentros casi “protocolares” que solo atinan a mantener buenas relaciones y el status de poder para con la Administración K.

Las dudas son miles y las esperanzas mayores.
Pero la realidad demuestra que las empresas – en muchos casos ambiciosas y poco humanas – no arriesgarán a menos que estos préstamos – a tasa fija del 11 % y de futura devolución en un año – se conviertan en realidades, aunque poco tendrán para quejarse. Encima, el proyecto de regularización tributaria y blanqueo de capitales les proporcionará una salida casi “mágica”, aunque los arreglos “personalizados” no se deberían descontar.

Datos poco alentadoras del INDEC (dejada de lado mediáticamente, pero aún en situación desequilibrada): La búsqueda de nuevos empleados por parte de las empresas disminuyó. De las 2200 incluidas en el muestreo, solo 34,5 % inició el proceso, y de ese total, el 15,1 % no logró encontrar el perfil de profesionales pretendidos.


No es la intención especular y/o extender un clima de alarma y desesperación, pero si es momento de prestar atención, y también de esperar reacciones positivas por parte de todas las partes intervinientes: Estado, empresas, y el trabajador.

lunes, 1 de diciembre de 2008

Vivir unas horas sin luz y bajo el agua. Una peligrosa aventura que aburre, molesta…y hasta mata.

Se aglutinan nubes en el cielo, caen las primeras gotas, y la Ciudad de Buenos Aires comienza a sufrir de nuevo. Se incrementa la temperatura, no sopla viento, y el sistema energético reparte cortes de luz a mansalva.

El clásico escenario se repite: Veredas y calles cuyos límites no se distinguen bajo los torrentes de agua sucia que no desagota de manera rápida y total, convirtiéndose en trampas mortales debido al mal estado de cientas de las mismas; prolongados y sorpresivos (pero predecibles) cortes de luz que son negados por las autoridades que le pasan la pelota a las poco creíbles compañías de energía; casas y comercios que deben subsistir iluminados por velas, sufriendo estos últimos pérdidas significativas en caso de ser negocios que trabajan con comida, y que nunca serán debidamente resarcidos.


Panorama ya conocido del que nunca nadie se hace cargo.Como si fuese un ring de palabrerío, la Ciudad de Buenos Aires y el gobierno Nacional se tiran golpes de puño que elegantemente pero sin sutilezas esquivan desde ambas esquinas.
El embate mutuo de acusaciones gira en torno a la falta de movilización concreta y el estancamiento de inversiones sobre proyectos de enorme importancia para la Capital con respecto a las tormentas y el sistema de desagüe que nunca da abasto.Por un lado, el Jefe de Gobierno Porteño acusa a la administración central de aislar a los habitantes de la ciudad – cuestión que por ser opositor el Gobierno utiliza y mucho, como sucedió y sucede a nivel Gobernaciones provinciales -.
La respuesta desde el oficialismo remite a demorar el inicio de obras hidráulicas, algunas de las cuales quedaron estancadas en el proceso de licitación.
La más emblemática: El histórico y problemática Arroyo Maldonado, que cruza varios de los barrios porteños bajo la Avenida Juan B Justo.
Se recuerda la sinceridad de Mauricio Macri en febrero del corriente año, cuando tras golpear fuertes tormentas a la ciudad, aclaró que la falta de atención de administraciones pasadas obligó a planificar serias y millonarias obras que demandarán la totalidad de su mandato, admitiendo que los habitantes deberán seguir sufriendo los “pequeños percances” que unas pocas gotas de agua caída del cielo puedan ocasionar.

¿Y en materia energética? Más de lo mismo. El ministro de Planificación Federal, Julio de Vido, vuelve a prometer severas sanciones para las empresas concesionarias en caso de investigarse y hallarse irregularidades a causa de “negligencias”.

¿A qué usuario corriente le interesa las multas, cuando el servicio de luz es tan deficiente que crispa los nervios?Esas inútiles y poco creíbles afirmaciones del ministro se realizaron después de sucederse las copiosas lluvias que dejaron a la ciudad y la provincia - y gran parte del país – como Venecia, el último fin de semana. Pero antes, una ola de insoportable calor – que en algunas zonas rozó los 50º -, causó el colapso de un sistema que el mismo ministro se había encargado de resaltar como reforzado a causa de buenas inversiones.

Si bien De Vido admitió la existencia de fallas, se regocijó de destacar que solo el “1 %” de los usuarios sufrió la falta de energía, transformándolo en un aproximado de 44 mil consumidores, en circunstancias “inevitables” por las excesivas temperaturas y en un contexto de mejoras en cuanto a generación y distribución de electricidad.

Si entonces es lógico pensar que estos inconvenientes – minimizados por De Vido – se puedan dar, ¿para que sancionar a las empresas? ¿Es coherente sancionar la lógica? No se entiende.
Mientras tanto, Edesur y Edenor expresan a través de sus voceros o comunicados de prensa que la situación esta controlada, cuando los llamados por quejas se suman y las respuestas de la máquina contestadota de los mismos se encargan, acumulándose de esta manera horas y horas en penumbras bajo el sofocante calor, o en caso de descenso de temperatura, sufriendo por las pérdidas en plata o desgaste de energía física y mental.

Sin profundizar en números complicados, la situación se declara por sí sola insostenible. El solo hecho de depender de temperaturas moderadas y un cielo despejado convierte a la ciudad, la provincia y al resto del país en una especie de selva donde reina la madre naturaleza.

Y la previsión y planificación se las lleva la tormenta. ¿Cuánto más hay que esperar? Tristemente hay que recurrir a un viejo dicho que de nada sirve en estos momentos: “El tiempo lo dirá”. La salvedad: Esto no es un dolor sentimental y afectivo que con el paso de los días y las semanas sanará. Esto es la vida de los habitantes de una ciudad, una provincia y un país, que incluso ha sufrido 6 muertes, que podrían tranquilamente haberse evitado.

La resignación esta a la orden del día. En fin…