Eje eterno de debate, la inseguridad es un concepto con el cual la sociedad Argentina esta tan familiarizado como resignado. Son comunes lamentablemente encontrar en los noticieros televisivos o radiales, o en primeras planas de los medios gráficos, alguna referencia a delitos o ataques vandálicos y el extremo más indeseable: Crímenes.
Las diversas y posibles soluciones aplicadas o simplemente pensadas nunca parecen ser suficientes. ¿Cuál es el real y principal motivo de ello?: La escasez de rigidez en su aplicación.Una ley no cumple su función si es empleada una vez sí, una vez en parte y otras veces no.
El ejemplo por parte de las autoridades debe hacerse llegar sin medir los nombres ni la posición social, sino el acto en definitiva, y los efectos del mismo.No solamente las personas con “disturbio mental” temporal o permanente que les empujen a cometer un ilícito son los culpables de los males que la inseguridad nos “obsequia” día a día. La sociedad en general puede ser causante de un delito, un crimen. La portación de armas por parte de irresponsables o el manejar descuidadamente son variables que los funcionarios encargados de la seguridad deben considerar constantemente.
La terrible sensación que en muchos momentos ha llegado a percibir el pueblo argentino es que no hay seguridad en ningún lado. Todos pueden ser víctimas de un asalto, a la salida de un banco como cerca de casa; un robo imperceptible dentro de un subte abarrotado; un choque hasta en la más pacífica esquina de dos calles solitarias; o los casos mortales en medio de un descampado o esperando al tren.
¿Dónde esta la autoridad? ¿Dónde esta el castigo? La seguridad en Argentina tiende a ser reactiva, no proactiva. “Debe aplicarse el castigo con todo el peso de la ley”. Alguna vez alguien dijo eso. Pero uno se acostumbra a escucharlo solamente en películas. ¿Y la realidad?La realidad indica que los delincuentes comunes pueden convertirse en criminales peligrosos. Y quien roba un kiosco o asalta a un individuo, puede matar por dinero el día de mañana, o ser protagonista de un tiroteo. Peor aún: Quien realiza un acto delictivo hoy, es apresado, y en muchos casos, liberado a las 48 horas, o menos. ¿Eso es dar el ejemplo? ¿Cuántas más veces tendremos que escuchar y ver que vándalos reinciden en sus actos, y continúan en las calles?
De todas maneras, poco se puede esperar de las fuerzas de seguridad, tan cuestionadas, que cada tanto sorprenden con actos de corrupción y deslealtad, como policías vestidos de civil asaltando un local, o cárceles en comisarías que contienen menos de lo que apresan. No hay que meter a todos en la misma bolsa. Siempre existen los honestos. Pero los casos de irregularidades no son pocos, desafortunadamente. Tener en la mente la posibilidad de pagar un soborno a un agente ante el advenimiento de una multa es muy grave. Corrupción que a veces es acompañada por el ciudadano.¿Por qué no se realizan siempre los controles de alcoholemia? ¿Por qué los micros de larga distancia continúan atravesando las rutas argentinas a gran velocidad? ¿Para que existen las sendas peatonales si muchos vehículos las pisotean como si no existieran?
También es cuestión de análisis y crítica la infraestructura. Así como las prisiones deben ser ampliadas y re localizadas lejos de barrios y ciudades, hay zonas de Capital, Gran Buenos Aires y resto del país que son las comúnmente denominadas “zonas liberadas”. La falta de postes de luz, el descuido de asfaltos y veredas, la existencia de descampados o baldíos sin contención ni separación. Todos detalles que, en mayor o menor medida, suman para incrementar aún más las posibilidades de delinquir.
Recientemente tuvimos que lamentar el fallecimiento del chofer de la línea 96, Hugo Encina, tras ser apuñalado en su puesto de trabajo. Y a partir de ese momento, un paro de los trabajadores de colectivos de la Ciudad y provincia de Buenos Aires se implementó desde las 22 horas hasta las 05, y luego 04 horas. ¿Hay que llegar a estas circunstancias para lograr la movilidad funcionaria y de los encargados de resguardar a los ciudadanos? Si un asesino es apresado, ¿Por qué concederle beneficios tales como libertad bajo fianza, libertad condicional, por buen comportamiento? El hecho ya lo ha cometido. ¿No valdría la pena revisar cuestiones como esas?
El Jefe de Gobierno Porteño, Mauricio Macri, había iniciado y anunciado los trámites de armado de la policía porteña. Había capacitado a los integrantes de la Guardia Urbana para aplicar en las calles las sanciones correspondientes contra los infractores. Ello, además de ocasionar conflictos con la policía federal, no parece solucionar nada. ¿Cuáles son las medidas de fondo?
Mucho tiene que ver la educación que se imparte, no solo en el deteriorado sistema educativo, sino desde el cambio cultural que debería llevarse adelante en la cuestión seguridad. Cambio que se podría trabajar desde la simple y directa acción. No la pasividad. ¿Qué se enseña de esa manera? Se enseña a “no hacer caso”, se enseña que si un error es cometido, no pasa nada. ¡Y no tiene que ser de esta manera!Tanto para los “simples infractores” de tránsito - que en la mayoría de las veces no son sancionados como corresponde - como también para aquellos que en cualquier momento se les cruce por la cabeza perpetuar un acto con mayores consecuencias, la ley debe ser aplicada correctamente.Las normas básicas de seguridad que todo individuo tiene que seguir y respetar es necesario que sean impartidas desde la enseñanza media.
Pero llevar adelante un nuevo rumbo a nivel educacional llevaría mucho tiempo. Más aún al ver que no comienza. Muy complicado de esta manera.
La impunidad de la cual los delincuentes gozan ya no es exclusiva de la noche en una zona de pocas casas o poco tránsito de personas. A plena luz del día y en medio de una calle céntrica puede vivenciarse un terrible atentado contra cualquier transeúnte.
No es la intención caminar con miedo por todos lados y a cada paso tener que sentir necesario cuidarse la espalda. Pero los resguardos deben ser más rigurosos.Preguntar bien antes de abrir la puerta y cerciorarse de conocer la voz o poder confirmar bien quien espera del otro lado.
Cruzar la calle de forma debida por la senda y mirando a ambos lados, aún cuando sea en un único sentido. No acercarse y tratar de distanciarse si el aspecto de alguna persona no inspira confianza. En los medios de transporte cargar bien asegurados bolsos, mochilas y valijas, y lo más cercanos al cuerpo y no flameando como una bandera.
Todo hay que tener cuenta y a todos hay que cuidar. Pero las políticas de seguridad en Argentina, dejan mucho, demasiado, que desear.
miércoles, 30 de julio de 2008
sábado, 26 de julio de 2008
Las metodologías de protesta
La sociedad Argentina ha evolucionado en su forma de expresarse ante las injusticias que la aquejan, más allá de los argumentos que cada grupo presenta y el grado de acuerdo o no que uno como individuo pueda transmitir.
La referencia a los diferentes estilos de protesta tiene como objetivo abrir un debate sobre la validez o no de los mismos.
La protesta que marcó un hito en las formas de movilización y de reflejar un malestar o desacuerdo fue el histórico “cacerolazo”, el cual, en Diciembre del 2001 significó un punto de inflexión de la relación política – sociedad. La salida a las calles de manera espontánea y masiva de los argentinos contra un Gobierno corrupto y totalmente endeble originó la renuncia del Presidente Fernando de la Rúa, tras 2 años de mandato. La imagen del helicóptero saliendo del techo de la Casa Rosada quedó marcada por siempre en el sentimiento popular.A partir de allí, la masa comenzó a experimentar caminos diferenciados para expresarse. Y las variables que se han desarrollado abren un “abanico de posibilidades” para llamar la atención de los funcionarios, o en algunos casos, para provocar una confrontación entre grupos con ideas y objetivos diferentes.Sin embargo, muchas veces una movilización se tiñe de violencia, desde lo previo, hasta vivenciarlo a lo práctico. Los documentos sobre purgas y golpes se acumulan en los archivos de los medios gráficos y audiovisuales. Lamentablemente en la mayoría de las ocasiones en que se efectúan actos de movilización, diversos intereses políticos y de poder chocan, escudándose en ideologías que, realmente, quedan al margen.
Durante los últimos 7 años, se han perfeccionado las metodologías de manifestaciones que han copado las calles y los caminos. Y en varios casos, también edificios. Y allí comienza el debate. ¿Cuál puede ser una manera de quejarse, sin recurrir a la violencia física? ¿Dónde termina el límite de la tolerancia cuando un grupo siente que no es escuchado?
Una subdivisión dentro de la categoría “protesta” puede ser remarcada: Las pacíficas y las violentas. Asimismo, dentro de las pacíficas, otra diferenciación puede ser propuesta: Las impuestas (sobre los demás), o las que acompañan. Y las violentas podrían ser catalogadas como las “relativas” o las “totales”.
Las ahora tradicionales “tomas” son un ejemplo de actos “relativamente violentos” que son opacados por la insatisfacción unánime contra autoridades de determinada institución. Se han hecho comunes entre los adolescentes, para reflejar su descontento ante las escuelas por la falta total de acciones en pos de mejorar el ámbito educativo. ¿Pero ello no forma parte una protesta que intenta ser pacífica, pero al mismo tiempo, es impuesta? No siempre todos los alumnos pueden estar de acuerdo con no asistir a clase, con tener que quedarse en las puertas, aún cuando también se sientan representados por los “líderes”, en materia de argumentos.
El Nacional Buenos Aires y el Mariano Acosta son los últimos ejemplos de esta clase. Los casos sobran. Faltan las soluciones, pero no del momento, sino desde una política educativa conjunta e integral desde los Ministerios. De todas maneras, esto requiere un análisis apartado y más profundo.
¿Qué hay de los tradicionales cortes? Es un sistema que ha ganado popularidad. El colocarse en medio de una avenida o una ruta implica un cese temporal del libre movimiento en un camino. Una discusión más compleja puede abrirse en torno a esta metodología. Legal y constitucionalmente se intercede contra el derecho de cualquier individuo de andar libremente por cualquier lado y hacia donde lo desee. Un caso “hito” es el de la queja de los habitantes de Entre Ríos – particularmente Gualeguaychú – contra las pasteras de la finlandesa Botnia, ubicadas en Fray Bentos, Uruguay. Construcción que, al ubicarse en las costas del Río de la Plata, no contó con la aprobación previa de Argentina.
¿Es el argumento lo completamente suficiente como para cortar los puentes internacionales y cortar los lazos de comunicación con el país vecino?Para quienes llevan adelante la protesta, lo es. Para quienes la miran de afuera, no. Complicado conciliar, más aún, cuando cuenta con la “media” aprobación del Gobierno Nacional y provincial.
Una protesta que alcanzó niveles nacionales – que por momentos consiguió el repudio a las papeleras uruguayas – tuvo su origen en el Campo. Y el pueblo argentino lo tiene – y tendrá por un tiempo – muy fresco y presente. El conflicto que el sector agropecuario sostuvo contra el Gobierno de Cristina Fernández supo desarrollar en sus 4 meses de duración variados mecanismos de crítica. Por un lado, los costados de las rutas fueron el escenario donde cientos de productores se apostaron para impedir el paso de camiones que cargasen granos, aunque en no pocas ocasiones, esa actitud se expandió, a cortar parcialmente el paso, incluso para todo tipo de transporte.
¿Qué esta bien y que está mal? En todo caso, la pregunta debe ser “reformulada”. ¿Qué es entendible y puede ser “acompañado”, y que no?¿Debe ser “obviada” la determinación plasmada en la Constitución, argumentado que esta es la única manera de ser uno escuchado?
Un evento que tal vez cuenta con la aprobación de “todos” – entendiéndose a “todos” por quienes comparten las causas de la acción – es un acto masivo en un punto determinado de una ciudad. En la Ciudad de Buenos Aires, los lugares históricos son la Plaza de Mayo, frente a la Casa Rosada y el Obelisco, en pleno centro porteño. De todas maneras, al ya colapsado sistema de tránsito de la Capital, se le agregan cada vez con más frecuencia esta variante de “corte parcial”, ya que en muchos casos el movimiento vehicular debe ser redireccionado por otros trayectos que, naturalmente, se saturan.
¿Dónde se encuadran los piquetes? Los “piqueteros” se han legitimado al punto tal de conformarse en una especie de “clase social paralela”, que trata de ir en el mismo sentido de las clases más pobres e aisladas de todo beneficio normal que una sociedad justa debe vivir y tener. La diferencia sustancial radica en el uso de la violencia y el temor y el sentimiento de inseguridad que imparten. Los palos y las caras tapadas con pañuelos son el símbolo de estas eternas caminatas.Tristemente, estos movimientos – que cuentan con el “apoyo” de ciertos canales políticos – se entremezclan con las necesidades básicas de una clase apartada. Y eso la sociedad lo confunde.El roce con la ilegalidad ya es total y casi “resignadamente” aceptada por la comunidad, dada la pasividad en muchos casos de los funcionarios por determinar cuando detener el accionar de estos grupos. Y complementado con ello, la actuación de las fuerzas de seguridad deja mucho que desear.El poder partidario puede muchas más que el intento por mantener el bienestar y la seguridad en la vía pública.
Por último se presenta el escrache, método que se orienta lisa y llanamente a atentar físicamente con golpes de puño u objetos contundentes contra la persona, más allá de la razón o no de quienes la ejecutan. No debería contar con ninguna validez. Pero un miembro exacerbado de un grupo puede con toda barrera. Lamentable.
Una ley injusta. Una declaración de un personaje importante del ambiente político – económico. Un sector perjudicado por una decisión gubernamental. Hay de todo. Y todo parece valer. La discusión debe girar en un único eje: la legalidad. Y los actos deben ir de la mano con dicho concepto. No hay que escaparle. Las causas y motivos que originan una movilización pueden ser totalmente justificados – y en varios casos lo son – y también pueden y deben ser entendidos y acompañados si se esta de acuerdo. Lo que no tiene que legitimarse es la ilegalidad, bajo ninguna circunstancia.Es difícil plantearlo hoy en día, en una sociedad que se esta educando en medio de los cortes, las tomas, las escarches, los piquetes y los boicots.
La referencia a los diferentes estilos de protesta tiene como objetivo abrir un debate sobre la validez o no de los mismos.
La protesta que marcó un hito en las formas de movilización y de reflejar un malestar o desacuerdo fue el histórico “cacerolazo”, el cual, en Diciembre del 2001 significó un punto de inflexión de la relación política – sociedad. La salida a las calles de manera espontánea y masiva de los argentinos contra un Gobierno corrupto y totalmente endeble originó la renuncia del Presidente Fernando de la Rúa, tras 2 años de mandato. La imagen del helicóptero saliendo del techo de la Casa Rosada quedó marcada por siempre en el sentimiento popular.A partir de allí, la masa comenzó a experimentar caminos diferenciados para expresarse. Y las variables que se han desarrollado abren un “abanico de posibilidades” para llamar la atención de los funcionarios, o en algunos casos, para provocar una confrontación entre grupos con ideas y objetivos diferentes.Sin embargo, muchas veces una movilización se tiñe de violencia, desde lo previo, hasta vivenciarlo a lo práctico. Los documentos sobre purgas y golpes se acumulan en los archivos de los medios gráficos y audiovisuales. Lamentablemente en la mayoría de las ocasiones en que se efectúan actos de movilización, diversos intereses políticos y de poder chocan, escudándose en ideologías que, realmente, quedan al margen.
Durante los últimos 7 años, se han perfeccionado las metodologías de manifestaciones que han copado las calles y los caminos. Y en varios casos, también edificios. Y allí comienza el debate. ¿Cuál puede ser una manera de quejarse, sin recurrir a la violencia física? ¿Dónde termina el límite de la tolerancia cuando un grupo siente que no es escuchado?
Una subdivisión dentro de la categoría “protesta” puede ser remarcada: Las pacíficas y las violentas. Asimismo, dentro de las pacíficas, otra diferenciación puede ser propuesta: Las impuestas (sobre los demás), o las que acompañan. Y las violentas podrían ser catalogadas como las “relativas” o las “totales”.
Las ahora tradicionales “tomas” son un ejemplo de actos “relativamente violentos” que son opacados por la insatisfacción unánime contra autoridades de determinada institución. Se han hecho comunes entre los adolescentes, para reflejar su descontento ante las escuelas por la falta total de acciones en pos de mejorar el ámbito educativo. ¿Pero ello no forma parte una protesta que intenta ser pacífica, pero al mismo tiempo, es impuesta? No siempre todos los alumnos pueden estar de acuerdo con no asistir a clase, con tener que quedarse en las puertas, aún cuando también se sientan representados por los “líderes”, en materia de argumentos.
El Nacional Buenos Aires y el Mariano Acosta son los últimos ejemplos de esta clase. Los casos sobran. Faltan las soluciones, pero no del momento, sino desde una política educativa conjunta e integral desde los Ministerios. De todas maneras, esto requiere un análisis apartado y más profundo.
¿Qué hay de los tradicionales cortes? Es un sistema que ha ganado popularidad. El colocarse en medio de una avenida o una ruta implica un cese temporal del libre movimiento en un camino. Una discusión más compleja puede abrirse en torno a esta metodología. Legal y constitucionalmente se intercede contra el derecho de cualquier individuo de andar libremente por cualquier lado y hacia donde lo desee. Un caso “hito” es el de la queja de los habitantes de Entre Ríos – particularmente Gualeguaychú – contra las pasteras de la finlandesa Botnia, ubicadas en Fray Bentos, Uruguay. Construcción que, al ubicarse en las costas del Río de la Plata, no contó con la aprobación previa de Argentina.
¿Es el argumento lo completamente suficiente como para cortar los puentes internacionales y cortar los lazos de comunicación con el país vecino?Para quienes llevan adelante la protesta, lo es. Para quienes la miran de afuera, no. Complicado conciliar, más aún, cuando cuenta con la “media” aprobación del Gobierno Nacional y provincial.
Una protesta que alcanzó niveles nacionales – que por momentos consiguió el repudio a las papeleras uruguayas – tuvo su origen en el Campo. Y el pueblo argentino lo tiene – y tendrá por un tiempo – muy fresco y presente. El conflicto que el sector agropecuario sostuvo contra el Gobierno de Cristina Fernández supo desarrollar en sus 4 meses de duración variados mecanismos de crítica. Por un lado, los costados de las rutas fueron el escenario donde cientos de productores se apostaron para impedir el paso de camiones que cargasen granos, aunque en no pocas ocasiones, esa actitud se expandió, a cortar parcialmente el paso, incluso para todo tipo de transporte.
¿Qué esta bien y que está mal? En todo caso, la pregunta debe ser “reformulada”. ¿Qué es entendible y puede ser “acompañado”, y que no?¿Debe ser “obviada” la determinación plasmada en la Constitución, argumentado que esta es la única manera de ser uno escuchado?
Un evento que tal vez cuenta con la aprobación de “todos” – entendiéndose a “todos” por quienes comparten las causas de la acción – es un acto masivo en un punto determinado de una ciudad. En la Ciudad de Buenos Aires, los lugares históricos son la Plaza de Mayo, frente a la Casa Rosada y el Obelisco, en pleno centro porteño. De todas maneras, al ya colapsado sistema de tránsito de la Capital, se le agregan cada vez con más frecuencia esta variante de “corte parcial”, ya que en muchos casos el movimiento vehicular debe ser redireccionado por otros trayectos que, naturalmente, se saturan.
¿Dónde se encuadran los piquetes? Los “piqueteros” se han legitimado al punto tal de conformarse en una especie de “clase social paralela”, que trata de ir en el mismo sentido de las clases más pobres e aisladas de todo beneficio normal que una sociedad justa debe vivir y tener. La diferencia sustancial radica en el uso de la violencia y el temor y el sentimiento de inseguridad que imparten. Los palos y las caras tapadas con pañuelos son el símbolo de estas eternas caminatas.Tristemente, estos movimientos – que cuentan con el “apoyo” de ciertos canales políticos – se entremezclan con las necesidades básicas de una clase apartada. Y eso la sociedad lo confunde.El roce con la ilegalidad ya es total y casi “resignadamente” aceptada por la comunidad, dada la pasividad en muchos casos de los funcionarios por determinar cuando detener el accionar de estos grupos. Y complementado con ello, la actuación de las fuerzas de seguridad deja mucho que desear.El poder partidario puede muchas más que el intento por mantener el bienestar y la seguridad en la vía pública.
Por último se presenta el escrache, método que se orienta lisa y llanamente a atentar físicamente con golpes de puño u objetos contundentes contra la persona, más allá de la razón o no de quienes la ejecutan. No debería contar con ninguna validez. Pero un miembro exacerbado de un grupo puede con toda barrera. Lamentable.
Una ley injusta. Una declaración de un personaje importante del ambiente político – económico. Un sector perjudicado por una decisión gubernamental. Hay de todo. Y todo parece valer. La discusión debe girar en un único eje: la legalidad. Y los actos deben ir de la mano con dicho concepto. No hay que escaparle. Las causas y motivos que originan una movilización pueden ser totalmente justificados – y en varios casos lo son – y también pueden y deben ser entendidos y acompañados si se esta de acuerdo. Lo que no tiene que legitimarse es la ilegalidad, bajo ninguna circunstancia.Es difícil plantearlo hoy en día, en una sociedad que se esta educando en medio de los cortes, las tomas, las escarches, los piquetes y los boicots.
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Sociedad / protestas
jueves, 24 de julio de 2008
Desfile de renuncias y asunciones
Parodiando a una mujer que cambia su antigua forma de vestir por algo más nuevo y juvenil, la Administración de la Presidenta Cristina Fernández llevó adelante en las últimas horas un cambio de funcionarios desgastados en su imagen, por la frescura de nuevos integrantes, en un intento de relanzar su ahora muy cuestionada gestión.
La baja más relevante resultó ser la del (ex) Jefe de Gabinete, Alberto Fernández, uno de los bastiones del kirchnerismo desde la asunción del ex Presidente Néstor Kirchner el 25 de Mayo del 2003.
Tras su activa participación en el conflicto con el sector agropecuario, Fernández, sumido en un intenso estado gripal - como presagio de lo que iba a pasar -, le presentó en primera instancia de manera verbal y por teléfono, la renuncia a la Presidenta, que inmediatamente se la aceptó y designó a Sergio Massa, intendente de Tigre y ex titular de la ANSES (Administración Nacional de la Seguridad Social) como el nuevo Jefe de Ministros.
Todo este revuelo se sucedió ayer por la mañana. Todo muy sorpresivo y velozmente resuelto.
Los argumentos de los que se valió Alberto Fernández para presentar su renuncia indeclinable radican, más que nada, en la necesidad de proveer de “oxigenación” a la gestión de la Presidenta. En otras palabras, el Jefe de Gabinete no contaba con el crédito “político”, no de parte de Cristina Kirchner, sino de un contexto que al oficialismo se le ha vuelto totalmente en contra.
La ida de Fernández manifiesta un evidente quiebre de la que solía ser una sólida base de funcionarios en cargos fundamentales que responden al matrimonio santacruceño. Sin embargo, la relación que mantuvo con la Presidenta fue siempre muy cercana, y se afianzó más cuando la ex primera dama “fue impulsada” a hacer campaña por su esposo.
Su rol dentro del plano institucional se volvió más pesado cuando adquirió los popularmente conocidos como “superpoderes” que impulsó Kirchner. Ello le facultaba a manejar el presupuesto de la Nación sin recurrir – como debe ser – al Congreso, y asignar partidas presupuestarias a su gusto. Y su papel en los últimos meses ganó en protagonismo al encabezar las frustradas y pocas negociaciones cara a cara con los dirigentes de las cuatro entidades rurales. Un fracaso que “obligó” a la Presidenta a hacer lo que quería omitir, lo correcto: Enviarlas al Congreso. El resto es historia conocida.
En cuanto a las decisiones – sean mínimas o de gran complejidad - en la Casa Rosada todavía influye demasiado lo que el presidente del Partido Justicialista piensa. No es cuestión de regalar una posición tan relevante a cualquiera. El flamante nuevo Jefe de Gabinete, Sergio Massa, un joven funcionario de tan solo 36 años, es uno de los “protegidos” por el matrimonio presidencial. No hubo duda: “Este es tu momento”, le confirmó Cristina Fernández.
Más allá de su corto camino en el mundo de la política, Massa ocupó un lugar importante para el matrimonio presidencial cuando era Director Ejecutivo de la ANSeS, cargo al que había sido promovido gracias al ex presidente Eduardo Duhalde. Allí celebró, durante el mandato de Kirchner varios anuncios de aumentos de jubilaciones y la aprobación de la reforma jubilatoria que permite la opción entre el sistema de capitalización privado y el estatal de reparto.
En Diciembre de 2007, acompañado por Presidente saliente y de la recientemente electa Cristina, asumía como jefe comunal del partido de Tigre.
Su juventud política puede ser aprovechada por el Gobierno Nacional, pero el temor es que no sea “manipulada”. El puesto es muy importante como para descuidarlo al “libre albedrío”. Las primeras palabras de Massa fueron alentadoras, instando a la apertura y el diálogo con todos los sectores políticos y económicos. Hay que ver si logra llevar adelante sus ideas.
El cambio de funcionarios había comenzado con la renuncia obligada que debieron soportar seis integrantes de la cartera que maneja el cuestionado Julio de Vido, en el Ministerio de planificación, que respondían al distanciado Vicepresidente Julio César Cobos. Las víctimas de la represalia oficialista tras el “no” del Senado fueron: El subsecretario de Combustible, Alejandro Rodríguez; al director nacional de Refinanciación y Comercialización, Eduardo Moreno; al director nacional de Exploración, Producción y Transporte, Miguel Hassekiff; al director nacional de Economía de los Hidrocarburos, Carlos Fernández; la directora de Combustibles Líquidos, Laura Fagot y el director de Gas Licuado y Petróleo, Daniel Sosa Medina.
Luego llego la primera baja oficialista: Javier De Urquiza, el secretario de agricultura, que contrariamente a los alcances de su función, durante el conflicto con el campo tuvo una participación “casi nula”. La designación del Ingeniero Agrónomo Carlos Cheppi, ex titular del INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria), se entiende como una especie de señal del Gobierno al campo, para atender los reclamos post – triunfo parlamentario.
Dicha señal se cayó abajo al no invitar a los dirigentes de las entidades a la asunción del nuevo secretario, así como también la ausencia de autoridades oficiales – en especial Cheppi – a la apertura de la Feria rural en la Ciudad de Buenos Aires esta mañana.
Independientemente de estos movimientos en el tablero kirchnerista, todavía la oposición no encuentra satisfechos sus deseos y reclamos. Guillermo Moreno, el cuestionado secretario de Comercio Interior, todavía se mantiene en su cargo, al cual no dejará con facilidad. Más allá de presentar su renuncia, se rehúsa a partir después de escucharse nombrado constantemente por los partidos opositores, que salieron públicamente a pedir su renuncia con el mismo ímpetu con el cual él apretaba a los empleados del INDEC para desconfigurar los índices de inflación.
La convulsión para el matrimonio santacruceño todavía puede aparentar ser para largo. Además del cambio de nombres que obligatoriamente debe sufrir y que promete continuar en los próximos días, ve de reojo y con preocupación las nuevas corrientes que se abren dentro del peronismo disidente. Las figuras de Eduardo Duhalde, Jorge Busti y los Rodríguez Saa se fortalecen. Y aunque no sean las mejores opciones para una sociedad que a todos los ha sufrido y visto, a nivel político su presencia cada vez mayor complica las aspiraciones oficialistas. En especial, mirando cada vez más de cerca las elecciones legislativas del 2009.
La baja más relevante resultó ser la del (ex) Jefe de Gabinete, Alberto Fernández, uno de los bastiones del kirchnerismo desde la asunción del ex Presidente Néstor Kirchner el 25 de Mayo del 2003.
Tras su activa participación en el conflicto con el sector agropecuario, Fernández, sumido en un intenso estado gripal - como presagio de lo que iba a pasar -, le presentó en primera instancia de manera verbal y por teléfono, la renuncia a la Presidenta, que inmediatamente se la aceptó y designó a Sergio Massa, intendente de Tigre y ex titular de la ANSES (Administración Nacional de la Seguridad Social) como el nuevo Jefe de Ministros.
Todo este revuelo se sucedió ayer por la mañana. Todo muy sorpresivo y velozmente resuelto.
Los argumentos de los que se valió Alberto Fernández para presentar su renuncia indeclinable radican, más que nada, en la necesidad de proveer de “oxigenación” a la gestión de la Presidenta. En otras palabras, el Jefe de Gabinete no contaba con el crédito “político”, no de parte de Cristina Kirchner, sino de un contexto que al oficialismo se le ha vuelto totalmente en contra.
La ida de Fernández manifiesta un evidente quiebre de la que solía ser una sólida base de funcionarios en cargos fundamentales que responden al matrimonio santacruceño. Sin embargo, la relación que mantuvo con la Presidenta fue siempre muy cercana, y se afianzó más cuando la ex primera dama “fue impulsada” a hacer campaña por su esposo.
Su rol dentro del plano institucional se volvió más pesado cuando adquirió los popularmente conocidos como “superpoderes” que impulsó Kirchner. Ello le facultaba a manejar el presupuesto de la Nación sin recurrir – como debe ser – al Congreso, y asignar partidas presupuestarias a su gusto. Y su papel en los últimos meses ganó en protagonismo al encabezar las frustradas y pocas negociaciones cara a cara con los dirigentes de las cuatro entidades rurales. Un fracaso que “obligó” a la Presidenta a hacer lo que quería omitir, lo correcto: Enviarlas al Congreso. El resto es historia conocida.
En cuanto a las decisiones – sean mínimas o de gran complejidad - en la Casa Rosada todavía influye demasiado lo que el presidente del Partido Justicialista piensa. No es cuestión de regalar una posición tan relevante a cualquiera. El flamante nuevo Jefe de Gabinete, Sergio Massa, un joven funcionario de tan solo 36 años, es uno de los “protegidos” por el matrimonio presidencial. No hubo duda: “Este es tu momento”, le confirmó Cristina Fernández.
Más allá de su corto camino en el mundo de la política, Massa ocupó un lugar importante para el matrimonio presidencial cuando era Director Ejecutivo de la ANSeS, cargo al que había sido promovido gracias al ex presidente Eduardo Duhalde. Allí celebró, durante el mandato de Kirchner varios anuncios de aumentos de jubilaciones y la aprobación de la reforma jubilatoria que permite la opción entre el sistema de capitalización privado y el estatal de reparto.
En Diciembre de 2007, acompañado por Presidente saliente y de la recientemente electa Cristina, asumía como jefe comunal del partido de Tigre.
Su juventud política puede ser aprovechada por el Gobierno Nacional, pero el temor es que no sea “manipulada”. El puesto es muy importante como para descuidarlo al “libre albedrío”. Las primeras palabras de Massa fueron alentadoras, instando a la apertura y el diálogo con todos los sectores políticos y económicos. Hay que ver si logra llevar adelante sus ideas.
El cambio de funcionarios había comenzado con la renuncia obligada que debieron soportar seis integrantes de la cartera que maneja el cuestionado Julio de Vido, en el Ministerio de planificación, que respondían al distanciado Vicepresidente Julio César Cobos. Las víctimas de la represalia oficialista tras el “no” del Senado fueron: El subsecretario de Combustible, Alejandro Rodríguez; al director nacional de Refinanciación y Comercialización, Eduardo Moreno; al director nacional de Exploración, Producción y Transporte, Miguel Hassekiff; al director nacional de Economía de los Hidrocarburos, Carlos Fernández; la directora de Combustibles Líquidos, Laura Fagot y el director de Gas Licuado y Petróleo, Daniel Sosa Medina.
Luego llego la primera baja oficialista: Javier De Urquiza, el secretario de agricultura, que contrariamente a los alcances de su función, durante el conflicto con el campo tuvo una participación “casi nula”. La designación del Ingeniero Agrónomo Carlos Cheppi, ex titular del INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria), se entiende como una especie de señal del Gobierno al campo, para atender los reclamos post – triunfo parlamentario.
Dicha señal se cayó abajo al no invitar a los dirigentes de las entidades a la asunción del nuevo secretario, así como también la ausencia de autoridades oficiales – en especial Cheppi – a la apertura de la Feria rural en la Ciudad de Buenos Aires esta mañana.
Independientemente de estos movimientos en el tablero kirchnerista, todavía la oposición no encuentra satisfechos sus deseos y reclamos. Guillermo Moreno, el cuestionado secretario de Comercio Interior, todavía se mantiene en su cargo, al cual no dejará con facilidad. Más allá de presentar su renuncia, se rehúsa a partir después de escucharse nombrado constantemente por los partidos opositores, que salieron públicamente a pedir su renuncia con el mismo ímpetu con el cual él apretaba a los empleados del INDEC para desconfigurar los índices de inflación.
La convulsión para el matrimonio santacruceño todavía puede aparentar ser para largo. Además del cambio de nombres que obligatoriamente debe sufrir y que promete continuar en los próximos días, ve de reojo y con preocupación las nuevas corrientes que se abren dentro del peronismo disidente. Las figuras de Eduardo Duhalde, Jorge Busti y los Rodríguez Saa se fortalecen. Y aunque no sean las mejores opciones para una sociedad que a todos los ha sufrido y visto, a nivel político su presencia cada vez mayor complica las aspiraciones oficialistas. En especial, mirando cada vez más de cerca las elecciones legislativas del 2009.
domingo, 20 de julio de 2008
La oposición, ante el desafío de la unión.
El revuelo político y social que ocasionó el rechazo del Congreso al sistema de retenciones móviles promovido por el Gobierno genera constantes movimientos en el mapa político, tanto desde la vereda oficialista como también desde la oposición.
Mientras la Presidenta Cristina Fernández sigue criticando con dureza a los legisladores K que votaron en disidencia y a su vicepresidente Julio Cobos, la oposición se encuentra cara a cara con una posibilidad única: consolidar un frente común para hacerle frente al Kirchnerismo, severamente golpeado, institucional y socialmente, debido a la caída abrupta de credibilidad y popularidad.
¿Es realmente factible una unión? El largo conflicto que se generó en torno a la resolución 125 que enfrentó al Gobierno Nacional con el sector agropecuario fue la puerta que se abrió para que componentes de los partidos opositores se unieran a la cruzada de los dirigentes rurales y muchos gobernadores e intendentes contra la injusta aplicación de elevados porcentajes de retenciones.
Y si a ello se le suma el gran movimiento mediático y social que alcanzó la protesta, y el hecho que el Congreso finalmente la rechazara, los funcionarios contrarios al matrimonio Kirchner han ganado terreno.
La cuestión es que ese terreno es – o debe ser – compartido por varias líneas políticas muy diferenciadas, y por ende, la unión se puede tornar complicada, y tal vez imposible.
La experiencia de las elecciones pasadas así lo demuestra. A falta de consenso y de una figura opositora fuerte, la fórmula Cristina – Cobos (que actualmente suena tan irónica) se enfrentó a muchas listas que solo habían logrado generar híbridos. Los partidos políticos como tales se han casi extinguido. Lo que existe ahora son coaliciones, concertaciones y uniones, pero temporales, hasta el primer conflicto de intereses.
De todas maneras, hoy la oportunidad se hizo presente. Y depende de los grupos más fuertes el aprovecharla.
“Acá hay algo que no se ve, que es un avance colosal de la oposición”, alertó Elisa Carrió, ex ARI y titular de la Coalición Cívica. A ella se le agregan el PRO, con el jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri como el máximo referente, Gerardo Morales y la tradicional pero descolorida Unión Cívica Radical (UCR) y Hernes Binner y el Socialismo santafesino.
¿Cuál es el mayor problema? Así como todos coinciden en que el triunfo en el Senado es un alivio democrático y un respiro que permite ampliar la agenda política, las ideas e intereses partidarios se hacen “demasiado” presentes, y las declaraciones chocan y se entrecruzan.
En vistas de las elecciones legislativas del 2009, el plano opositor presentará una lucha particular contra el oficialismo, que más allá de los votos en contra, sigue contando con mayoría. Pero el objetivo real apunta más lejos, hacia el 2011.
Varis figuras se alzan como posibles candidatos a la presidencia. Y allí la unión parece desvanecerse en la penumbra. Mauricio Macri en Capital y Binner en Santa Fé duplicarán esfuerzos para llevar adelante buenas gestiones que los posicionen con una muy buena imagen dentro del ojo crítico de la sociedad argentina.
Pero Elisa Carrió apuntará a mejorar los buenos resultadotes en los comicios de Octubre de 2007. Y El radicalismo, ya totalmente alejado de la figura del polémico Roberto Lavagna, estimulará la participación de un candidato propio.
El Gobierno del matrimonio Kirchner se enfrenta a un momento crucial. Debe relanzar su gestión, tratando de alejar la atención del conflicto que los dejó mal parados, impulsando posibles cambios en el Gabinete Nacional y sacando a la luz “viejos problemas” irresueltos. De todas maneras, el tono de confrontación y la no aceptación de la derrota siguen siendo estandartes del comportamiento de los santacruceños. El vicepresidente Julio Cobos ya vio renunciar a la fuerza a “amigos políticos” del Ministerio de Planificación.
En la otra vereda, la oposición también vive circunstancias particulares. Disfruta con la derrota oficialista, y como vampiros que se relamen por chupar la sangre de sus víctimas malheridas, miran con atención los movimientos de la Presidenta. Sin embargo, la posibilidad de consolidar y fortalecer lazos entre ellos implica conseciones y negociaciones, que por experiencia democrática, pueden tornarse complicadas, e incluso, convertirse en sueños que no se realizarán.
Mientras la Presidenta Cristina Fernández sigue criticando con dureza a los legisladores K que votaron en disidencia y a su vicepresidente Julio Cobos, la oposición se encuentra cara a cara con una posibilidad única: consolidar un frente común para hacerle frente al Kirchnerismo, severamente golpeado, institucional y socialmente, debido a la caída abrupta de credibilidad y popularidad.
¿Es realmente factible una unión? El largo conflicto que se generó en torno a la resolución 125 que enfrentó al Gobierno Nacional con el sector agropecuario fue la puerta que se abrió para que componentes de los partidos opositores se unieran a la cruzada de los dirigentes rurales y muchos gobernadores e intendentes contra la injusta aplicación de elevados porcentajes de retenciones.
Y si a ello se le suma el gran movimiento mediático y social que alcanzó la protesta, y el hecho que el Congreso finalmente la rechazara, los funcionarios contrarios al matrimonio Kirchner han ganado terreno.
La cuestión es que ese terreno es – o debe ser – compartido por varias líneas políticas muy diferenciadas, y por ende, la unión se puede tornar complicada, y tal vez imposible.
La experiencia de las elecciones pasadas así lo demuestra. A falta de consenso y de una figura opositora fuerte, la fórmula Cristina – Cobos (que actualmente suena tan irónica) se enfrentó a muchas listas que solo habían logrado generar híbridos. Los partidos políticos como tales se han casi extinguido. Lo que existe ahora son coaliciones, concertaciones y uniones, pero temporales, hasta el primer conflicto de intereses.
De todas maneras, hoy la oportunidad se hizo presente. Y depende de los grupos más fuertes el aprovecharla.
“Acá hay algo que no se ve, que es un avance colosal de la oposición”, alertó Elisa Carrió, ex ARI y titular de la Coalición Cívica. A ella se le agregan el PRO, con el jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri como el máximo referente, Gerardo Morales y la tradicional pero descolorida Unión Cívica Radical (UCR) y Hernes Binner y el Socialismo santafesino.
¿Cuál es el mayor problema? Así como todos coinciden en que el triunfo en el Senado es un alivio democrático y un respiro que permite ampliar la agenda política, las ideas e intereses partidarios se hacen “demasiado” presentes, y las declaraciones chocan y se entrecruzan.
En vistas de las elecciones legislativas del 2009, el plano opositor presentará una lucha particular contra el oficialismo, que más allá de los votos en contra, sigue contando con mayoría. Pero el objetivo real apunta más lejos, hacia el 2011.
Varis figuras se alzan como posibles candidatos a la presidencia. Y allí la unión parece desvanecerse en la penumbra. Mauricio Macri en Capital y Binner en Santa Fé duplicarán esfuerzos para llevar adelante buenas gestiones que los posicionen con una muy buena imagen dentro del ojo crítico de la sociedad argentina.
Pero Elisa Carrió apuntará a mejorar los buenos resultadotes en los comicios de Octubre de 2007. Y El radicalismo, ya totalmente alejado de la figura del polémico Roberto Lavagna, estimulará la participación de un candidato propio.
El Gobierno del matrimonio Kirchner se enfrenta a un momento crucial. Debe relanzar su gestión, tratando de alejar la atención del conflicto que los dejó mal parados, impulsando posibles cambios en el Gabinete Nacional y sacando a la luz “viejos problemas” irresueltos. De todas maneras, el tono de confrontación y la no aceptación de la derrota siguen siendo estandartes del comportamiento de los santacruceños. El vicepresidente Julio Cobos ya vio renunciar a la fuerza a “amigos políticos” del Ministerio de Planificación.
En la otra vereda, la oposición también vive circunstancias particulares. Disfruta con la derrota oficialista, y como vampiros que se relamen por chupar la sangre de sus víctimas malheridas, miran con atención los movimientos de la Presidenta. Sin embargo, la posibilidad de consolidar y fortalecer lazos entre ellos implica conseciones y negociaciones, que por experiencia democrática, pueden tornarse complicadas, e incluso, convertirse en sueños que no se realizarán.
sábado, 19 de julio de 2008
La Presidenta después del “No”.
"El problema fue que mi vicepresidente me votó en contra". La Presidenta Cristina Kirchner volvió a lanzar dardos a aquellos que el jueves no votaron a favor del proyecto oficialista, pero esta vez apuntó concretamente hacia el Vicepresidente Julio Cobos, quien el jueves 17 a la madrugada desempató la votación en 36 que se había dado en la cámara de Senadores.
“Mi voto no es positivo, es en contra”, había sentenciado el mendocino, sepultando de esa manera el sueño del matrimonio K de aprobar el sistema de retenciones que inconstitucionalmente habían implementado el 11 de marzo.
Desde ese preciso instante, todos esperaron las palabras de Cristina Fernández, que horas después en un acto en el Chaco, frente a simpatizantes K y acompañada del gobernador Jorge Capitanich, se dirigió a quienes habían protagonizado la maratónica sesión en el Congreso.
En esa oportunidad felicitó a los legisladores que acompañaron, pero se refirió de manera poco feliz a los que habían votado en contra. “Me han acompañado en este camino algunos que pertenecen a otros partidos políticos y han defeccionado otros que pertenecen al nuestro”. Un término muy duro, el cual se enmarcó dentro de un discurso que lejos estuvo de poseer una orientación conciliadora de promoción para la apertura de un nuevo debate y por ende, un nuevo proyecto de ley.
Pero ayer, en el marco de una reunión con los legisladores “leales” en Olivos, volvió a descargar artillería pesada, y esta vez, directamente hacia su compañero de gobierno, por estas horas tan querido y odiado.
Aunque desde el oficialismo se trata de resaltar que lo sucedido el jueves no fue una derrota, el revés sufrido ha golpeado con dureza en el corazón mismo del Gobierno Nacional. Y el nivel de confrontación que el matrimonio K manejó hasta el momento parece no querer ceder. Lo preocupante es que ese tinte “agresivo” choque contra la personalidad de Cobos, quien se ha ocupado de esparcir calma a pesar del revuelo que su llegada a Mendoza provocó. Allí fue recibido como una estrella y un héroe – aunque las pintadas en su contra no se hicieron esperar, adjudicándole el adjetivo de “traidor”.
"Hay algunos que no han entendido lo que le dijimos a la gente en octubre", declaró la Mandataria santacruceña en el Chaco. ¿Eso significa que el ser parte de una lista partidaria impide el discenso y la libertad de opinión? Aparentemente eso pretendía de “sus congresistas” y más aún, de su compañero de fórmula.
Es lamentable tener que ser testigo de una visión de la democracia tan confusa de la misma Presidenta de la Nación, línea que sus diputados, senadores y gabinete se ocupan de mantener en pie.
Ya se había escuchado al jefe del bloque de diputados, Agustín Rossi, en palabras expresadas en el programa “Juego Limpio”, frente a Nelson Castro, referirse a la decisión de Cobos como sorpresiva, ya que entiende que el Vicepresidente es una extensión del poder Ejecutivo en el Congreso, en representación de la Presidenta y del partido que ganó las elecciones de Octubre.
Un error tal vez imperceptible pero profundo. Vale recordar que el poder Ejecutivo es unipersonal, que su único componente es el Presidente, y que tanto el Vice como el gabinete conforman un grupo de asesores que se adosan al mismo. Incluso, cuando el compañero de fórmula presidencial asiste al Congreso es específicamente como Presidente del Senado, no como “enviado” del Ejecutivo.
El ex presidente Néstor Kirchner, de papel lastimosamente preponderante en el conflicto, no se ha expresado con respecto a la votación, ya que tuvo que asistir al velorio de un amigo de la familia (Oscar Vásquez) en Río Gallegos, pérdida que es sufrida por la relación de estrecha amistad que mantenían.
Desde el lado de la oposición, las pronunciaciones de satisfacción se hacen presentes desde los más diversos y diferenciados sectores partidarios. Elisa Carrió, titular de la Coalición Cívica, declaró que "esta decisión abre la puerta a que desde la próxima semana se pueda empezar a tratar la agenda postergada, que es la inflación, la situación energética y la problemática de los jubilados".
Vilma Ripoll fue más dura al señalar que “la derogación confirma que la movilización derrotó la 125, la soberbia y la mentira del Gobierno".
Mientras se producen estos cruces y declaraciones, el Jefe de Gabinete Alberto Fernández, en compañía del ministro de Economía Carlos Rafael Fernández – quien al igual que su antecesor Lousteau, muy pocas veces se lo vio durante el conflicto -, anunció ayer la derogación de la resolución 125. Se caía de maduro, ya que si no era anulada por orden Presidencial, la Corte Suprema de Justicia podía llegar a tomar parte y declararla inconstitucional. A pesar de ello, el decreto 1176 no contempla el término “derogar”, pero si “limitar”, cuestión que no fue desatendida por la dirigencia rural, que también fue criticada en el mensaje del Jefe de Ministros, al relacionarlos una vez más con la teoría del golpe y las presiones anti democráticas ejercidas por medio de cortes y paros.
No hay que creer que los Congresistas y el Vicepresidente son héroes ni traidores. Estaban en juego intereses económicos de las provincias – y en muchos casos también se superponían intereses personales – y el sistema de retenciones impuesto por el Gobierno afectaba seriamente a la producción de la que viven casi todos los pueblos del interior. Y ello no sucede solamente en este caso, que tomó una dimensión popular increíble pero sana, logrando que la sociedad en general tome partido.
Sin embargo, este conflicto entre la administración K y el campo sirvió para que se adosen actores políticos que poco tienen que ver – o nada – y que solamente aprovecharon a posicionarse en alguno de los dos lados. Desde el esposo de la Presidenta hasta Eduardo Duhalde –quien había “prometido” retirarse de la política - y Luis Barrionuevo. Hay de todo en el escenario político argentino. Lo malo es que la mayoría, es todo “de lo mismo”.
¿Realmente se puede esperar un cambio de rumbo en la gestión? La Presidenta ya ha dado indicios de no modificar en nada su postura. Todo lo contrario. ‘La mejor defensa es una buena ofensiva’ sea tal vez lo que desee la administración actual implementar de ahora en más. El problema es que en su catarsis de lo sucedido no logre entender al juego de la democracia, y peor aún, que incremente la obsesión por el control desmedido e irregular, acompañado de algunos personajes que poco bien le hacen a su gobierno, al que el pueblo argentino le desea le vaya bien.
“Mi voto no es positivo, es en contra”, había sentenciado el mendocino, sepultando de esa manera el sueño del matrimonio K de aprobar el sistema de retenciones que inconstitucionalmente habían implementado el 11 de marzo.
Desde ese preciso instante, todos esperaron las palabras de Cristina Fernández, que horas después en un acto en el Chaco, frente a simpatizantes K y acompañada del gobernador Jorge Capitanich, se dirigió a quienes habían protagonizado la maratónica sesión en el Congreso.
En esa oportunidad felicitó a los legisladores que acompañaron, pero se refirió de manera poco feliz a los que habían votado en contra. “Me han acompañado en este camino algunos que pertenecen a otros partidos políticos y han defeccionado otros que pertenecen al nuestro”. Un término muy duro, el cual se enmarcó dentro de un discurso que lejos estuvo de poseer una orientación conciliadora de promoción para la apertura de un nuevo debate y por ende, un nuevo proyecto de ley.
Pero ayer, en el marco de una reunión con los legisladores “leales” en Olivos, volvió a descargar artillería pesada, y esta vez, directamente hacia su compañero de gobierno, por estas horas tan querido y odiado.
Aunque desde el oficialismo se trata de resaltar que lo sucedido el jueves no fue una derrota, el revés sufrido ha golpeado con dureza en el corazón mismo del Gobierno Nacional. Y el nivel de confrontación que el matrimonio K manejó hasta el momento parece no querer ceder. Lo preocupante es que ese tinte “agresivo” choque contra la personalidad de Cobos, quien se ha ocupado de esparcir calma a pesar del revuelo que su llegada a Mendoza provocó. Allí fue recibido como una estrella y un héroe – aunque las pintadas en su contra no se hicieron esperar, adjudicándole el adjetivo de “traidor”.
"Hay algunos que no han entendido lo que le dijimos a la gente en octubre", declaró la Mandataria santacruceña en el Chaco. ¿Eso significa que el ser parte de una lista partidaria impide el discenso y la libertad de opinión? Aparentemente eso pretendía de “sus congresistas” y más aún, de su compañero de fórmula.
Es lamentable tener que ser testigo de una visión de la democracia tan confusa de la misma Presidenta de la Nación, línea que sus diputados, senadores y gabinete se ocupan de mantener en pie.
Ya se había escuchado al jefe del bloque de diputados, Agustín Rossi, en palabras expresadas en el programa “Juego Limpio”, frente a Nelson Castro, referirse a la decisión de Cobos como sorpresiva, ya que entiende que el Vicepresidente es una extensión del poder Ejecutivo en el Congreso, en representación de la Presidenta y del partido que ganó las elecciones de Octubre.
Un error tal vez imperceptible pero profundo. Vale recordar que el poder Ejecutivo es unipersonal, que su único componente es el Presidente, y que tanto el Vice como el gabinete conforman un grupo de asesores que se adosan al mismo. Incluso, cuando el compañero de fórmula presidencial asiste al Congreso es específicamente como Presidente del Senado, no como “enviado” del Ejecutivo.
El ex presidente Néstor Kirchner, de papel lastimosamente preponderante en el conflicto, no se ha expresado con respecto a la votación, ya que tuvo que asistir al velorio de un amigo de la familia (Oscar Vásquez) en Río Gallegos, pérdida que es sufrida por la relación de estrecha amistad que mantenían.
Desde el lado de la oposición, las pronunciaciones de satisfacción se hacen presentes desde los más diversos y diferenciados sectores partidarios. Elisa Carrió, titular de la Coalición Cívica, declaró que "esta decisión abre la puerta a que desde la próxima semana se pueda empezar a tratar la agenda postergada, que es la inflación, la situación energética y la problemática de los jubilados".
Vilma Ripoll fue más dura al señalar que “la derogación confirma que la movilización derrotó la 125, la soberbia y la mentira del Gobierno".
Mientras se producen estos cruces y declaraciones, el Jefe de Gabinete Alberto Fernández, en compañía del ministro de Economía Carlos Rafael Fernández – quien al igual que su antecesor Lousteau, muy pocas veces se lo vio durante el conflicto -, anunció ayer la derogación de la resolución 125. Se caía de maduro, ya que si no era anulada por orden Presidencial, la Corte Suprema de Justicia podía llegar a tomar parte y declararla inconstitucional. A pesar de ello, el decreto 1176 no contempla el término “derogar”, pero si “limitar”, cuestión que no fue desatendida por la dirigencia rural, que también fue criticada en el mensaje del Jefe de Ministros, al relacionarlos una vez más con la teoría del golpe y las presiones anti democráticas ejercidas por medio de cortes y paros.
No hay que creer que los Congresistas y el Vicepresidente son héroes ni traidores. Estaban en juego intereses económicos de las provincias – y en muchos casos también se superponían intereses personales – y el sistema de retenciones impuesto por el Gobierno afectaba seriamente a la producción de la que viven casi todos los pueblos del interior. Y ello no sucede solamente en este caso, que tomó una dimensión popular increíble pero sana, logrando que la sociedad en general tome partido.
Sin embargo, este conflicto entre la administración K y el campo sirvió para que se adosen actores políticos que poco tienen que ver – o nada – y que solamente aprovecharon a posicionarse en alguno de los dos lados. Desde el esposo de la Presidenta hasta Eduardo Duhalde –quien había “prometido” retirarse de la política - y Luis Barrionuevo. Hay de todo en el escenario político argentino. Lo malo es que la mayoría, es todo “de lo mismo”.
¿Realmente se puede esperar un cambio de rumbo en la gestión? La Presidenta ya ha dado indicios de no modificar en nada su postura. Todo lo contrario. ‘La mejor defensa es una buena ofensiva’ sea tal vez lo que desee la administración actual implementar de ahora en más. El problema es que en su catarsis de lo sucedido no logre entender al juego de la democracia, y peor aún, que incremente la obsesión por el control desmedido e irregular, acompañado de algunos personajes que poco bien le hacen a su gobierno, al que el pueblo argentino le desea le vaya bien.
jueves, 17 de julio de 2008
"Mi voto no es positivo, mi voto es en contra”
Como si se tratara de una brillante película dramática, el largo y caldeado debate por el sistema de retenciones que desde ayer se discutía en el Senado de la Nación, llegó a su punto culmine y definitorio, cuando el Vicepresidente de la Nación Julio Cobos, entre la espada y la pared, debió votar e inclinar la balanza hacia uno de los dos lados: Campo o Gobierno.
El conflicto que enfrenta al Gobierno Nacional con el sector agropecuario ha sido la catapulta para que muchos personajes ganen espacio en los medios y algunos resurjan de sus escondrijos, alineándose o no con el proyecto oficialista de las retenciones. Uno de esos actores es, irónicamente, el Vicepresidente de la Nación, que, más allá de ser el segundo de un Gobierno democrático, desde su asunción en Diciembre, no había tomado relevancia alguna en ningún acto de importancia.
Hoy a las 4:25 de la mañana, el ex gobernador de Mendoza, tuvo la obligación de desempatar un debate que, más allá de las maratónica sesión en el Senado que duró 18 horas, tiene alerta y en conflicto a toda la sociedad y ha estancado a la economía argentina desde marzo.
“Es el día más difícil de mi vida”. Tembloroso, nervioso, pero decidido. Frenándose ante cada palabra, como si estuviese pensando a cada segundo lo que diría a continuación. Visiblemente emocionado pero resuelto a votar, Julio Cobos se encontró en la situación que de seguro nunca hubiese querido vivir: respetar la línea que el Gobierno de Cristina Kirchner había marcado al subir las retenciones móviles a los granos y la carne, o ser coherente con los argumentos que él mismo había utilizado para expresar su posición en este largo conflicto.
El kirchnerismo ya había sufrido variados golpes al recibir de sus propios legisladores ideas – y posiciones contrarias - para cambiar detalles de la resolución 125, la cual había partido desde el Ejecutivo con la intención de no modificarle nada y aprobarla para su inmediata aplicación como ley. La reñida batalla en Diputados había sido ganada. Pero en el recinto de los Senadores, la cuestión se tornó aún más complicada, al punto tal, que pasada la medianoche, la votación estaba empatada en 35 votos.
Los últimos legisladores indecisos eran el kirchnerista santiagueño Emilio Rached y el catamarqueño Ramón Saadi, quienes, votando en contra y a favor respectivamente, determinaron que toda la responsabilidad recayera sobre el Presidente de la Cámara de Senadores.
La vigilia de simpatizantes K – entre los cuales se encontraban Moyano y Alicia Kirchner – pasó de la exaltación y el festejo a la ira, reflejada en los insultos a Cobos y derribamiento de las vallas de contención. Actitud inmadura de quienes se asumía respetarían la decisión del Senado. Del otro lado, en el Museo Sívori, los dirigentes rurales y toda su gente, más algunos funcionarios opositores, festejó con tremendo alivio y algarabía la determinación y el rotundo “no” de don Julio. Los cortes de ruta tampoco son el método para darse a conocer. Pero ellos de esa manera lograron llegar al sentir popular.
¿Qué pasara ahora? El Gobierno debe anular con un nuevo decreto el sistema de retenciones impuesto. Y el cuarto intermedio dará lugar a la presentación de nuevos proyectos a tratarse, para definir finalmente una ley.
De todas maneras, el conflicto no se ha solucionado, y mucho menos, las retenciones no han desaparecido. Lo que logran quienes se habían opuesto es estirar la discusión y abrir las puertas a nuevas propuestas que fueron planteadas pero no tomadas en cuenta en el Congreso.
Julio Cobos se la jugó. Y el tiempo a corto y mediano plazo demostrará si se equivocó o si la buena suerte lo acompaña. “Que la historia me juzgue, pido perdón si me equivoco”. A los ojos del matrimonio Kirchner se equivocó, estando de seguro decepcionado y enfurecido, liderando el sentimiento de bronca total que viven todos los legisladores y seguidores oficialistas. Y por otro lado, el mendocino, como si se tratara de una estrella amada de la música o la televisión, ha ganado la simpatía – y el respeto – del sector agropecuario y la gran cantidad de gente que apoyó sus reclamos. Pero lo importante son las consecuencias institucionales que le deparan al Vice. Ya la comunicación con el resto del Ejecutivo y el gabinete nacional se había quebrado al pronunciarse como impulsor de leves modificaciones en el proyecto. ¿Y ahora? Se asume que será peor.
La política por un lado es imprevisible. Muchos cambian y “se” cambian. Pero también es previsible. Se sabe que Julio Cobos, a nivel gubernamental, ha quedado solo.
Como dato anecdótico, y tal vez lo único que acercó a Cobos con Cristina Fernández, se registró al momento del discurso del Vice, cuando tomaba el micrófono y lo movía sutilmente, como tratándose de una imitación de lo que su “compañera” de fórmula y gobierno hace – o hacía hasta hace poco – cada vez que se encontraba hablando en un estrado. Cómico, simplemente eso.
El conflicto que enfrenta al Gobierno Nacional con el sector agropecuario ha sido la catapulta para que muchos personajes ganen espacio en los medios y algunos resurjan de sus escondrijos, alineándose o no con el proyecto oficialista de las retenciones. Uno de esos actores es, irónicamente, el Vicepresidente de la Nación, que, más allá de ser el segundo de un Gobierno democrático, desde su asunción en Diciembre, no había tomado relevancia alguna en ningún acto de importancia.
Hoy a las 4:25 de la mañana, el ex gobernador de Mendoza, tuvo la obligación de desempatar un debate que, más allá de las maratónica sesión en el Senado que duró 18 horas, tiene alerta y en conflicto a toda la sociedad y ha estancado a la economía argentina desde marzo.
“Es el día más difícil de mi vida”. Tembloroso, nervioso, pero decidido. Frenándose ante cada palabra, como si estuviese pensando a cada segundo lo que diría a continuación. Visiblemente emocionado pero resuelto a votar, Julio Cobos se encontró en la situación que de seguro nunca hubiese querido vivir: respetar la línea que el Gobierno de Cristina Kirchner había marcado al subir las retenciones móviles a los granos y la carne, o ser coherente con los argumentos que él mismo había utilizado para expresar su posición en este largo conflicto.
El kirchnerismo ya había sufrido variados golpes al recibir de sus propios legisladores ideas – y posiciones contrarias - para cambiar detalles de la resolución 125, la cual había partido desde el Ejecutivo con la intención de no modificarle nada y aprobarla para su inmediata aplicación como ley. La reñida batalla en Diputados había sido ganada. Pero en el recinto de los Senadores, la cuestión se tornó aún más complicada, al punto tal, que pasada la medianoche, la votación estaba empatada en 35 votos.
Los últimos legisladores indecisos eran el kirchnerista santiagueño Emilio Rached y el catamarqueño Ramón Saadi, quienes, votando en contra y a favor respectivamente, determinaron que toda la responsabilidad recayera sobre el Presidente de la Cámara de Senadores.
La vigilia de simpatizantes K – entre los cuales se encontraban Moyano y Alicia Kirchner – pasó de la exaltación y el festejo a la ira, reflejada en los insultos a Cobos y derribamiento de las vallas de contención. Actitud inmadura de quienes se asumía respetarían la decisión del Senado. Del otro lado, en el Museo Sívori, los dirigentes rurales y toda su gente, más algunos funcionarios opositores, festejó con tremendo alivio y algarabía la determinación y el rotundo “no” de don Julio. Los cortes de ruta tampoco son el método para darse a conocer. Pero ellos de esa manera lograron llegar al sentir popular.
¿Qué pasara ahora? El Gobierno debe anular con un nuevo decreto el sistema de retenciones impuesto. Y el cuarto intermedio dará lugar a la presentación de nuevos proyectos a tratarse, para definir finalmente una ley.
De todas maneras, el conflicto no se ha solucionado, y mucho menos, las retenciones no han desaparecido. Lo que logran quienes se habían opuesto es estirar la discusión y abrir las puertas a nuevas propuestas que fueron planteadas pero no tomadas en cuenta en el Congreso.
Julio Cobos se la jugó. Y el tiempo a corto y mediano plazo demostrará si se equivocó o si la buena suerte lo acompaña. “Que la historia me juzgue, pido perdón si me equivoco”. A los ojos del matrimonio Kirchner se equivocó, estando de seguro decepcionado y enfurecido, liderando el sentimiento de bronca total que viven todos los legisladores y seguidores oficialistas. Y por otro lado, el mendocino, como si se tratara de una estrella amada de la música o la televisión, ha ganado la simpatía – y el respeto – del sector agropecuario y la gran cantidad de gente que apoyó sus reclamos. Pero lo importante son las consecuencias institucionales que le deparan al Vice. Ya la comunicación con el resto del Ejecutivo y el gabinete nacional se había quebrado al pronunciarse como impulsor de leves modificaciones en el proyecto. ¿Y ahora? Se asume que será peor.
La política por un lado es imprevisible. Muchos cambian y “se” cambian. Pero también es previsible. Se sabe que Julio Cobos, a nivel gubernamental, ha quedado solo.
Como dato anecdótico, y tal vez lo único que acercó a Cobos con Cristina Fernández, se registró al momento del discurso del Vice, cuando tomaba el micrófono y lo movía sutilmente, como tratándose de una imitación de lo que su “compañera” de fórmula y gobierno hace – o hacía hasta hace poco – cada vez que se encontraba hablando en un estrado. Cómico, simplemente eso.
martes, 15 de julio de 2008
Dos actos para coronar un conflicto…que aparenta no terminar.
La discordancia y el desacuerdo en el sistema democrático están permitidos y deben existir. Pero la lógica del acuerdo y el sentido común con el mayor beneficio y justicia para todos es la esencia de las políticas económicas y sociales que rigen el andar de un gobierno. Pero los actos de hoy marcaron aún mas las diferencias de dos facciones que, en constante choque, ponen en vilo a la sociedad Argentina, y peor aún, dividen las aguas y las separan fuertemente como si se trataran de diques.
La Plaza de los dos Congresos y las cercanías del Monumento a los Españoles, en Palermo, se transformaron en los epicentros del caos que vivió la Ciudad de Buenos Aires, que tuvo una vez más que sufrir cortes en varias de sus arterias principales, ocasionando embotellamientos y demoras vehiculares. Parálisis total.
¿Qué pasó durante los actos? Lo que viene sucediendo desde comenzado el conflicto. El ex presidente Néstor Kirchner, en “representación” de los intereses gubernamentales con Cristina Fernández a la cabeza, atacó severamente a los máximos dirigentes rurales – A quienes volvió a adjudicarle intenciones golpistas, esta vez al extremo, al compararlos con el ex ministro de Economía Martínez de Hoz - y acarició con las palabras a la distante clase media y el resto de los productores, tirando sogas que tal vez no muchos agarren.
Del otro lado, el “apriete discursivo” del sector del campo se caracterizó una vez más por resaltar las desigualdades que imperan dentro del sistema político – económico del actual gobierno, y por llamar a la sensatez de los senadores, quienes mañana tomarán la decisión de aprobar o no el proyecto oficialista.
Para “comodidad” de los senadores, todos estuvieron presentes. Y no se trataron de simples manifestantes. Muchos pesos pesados concurrieron en apoyo al Gobierno por un lado y al sector agropecuario por el otro: Frente al Palacio Legislativo llegaron Moyano con sus camioneros y todos los gremios amigables que maneja, la pesada UOCRA y diversos movimientos gremiales y sociales, además de la gente que acarrearon los intendentes bonaerenses. En Palermo asistieron representantes de la oposición, sumados a actores políticos que en las últimas horas renacieron de sus cenizas y resurgieron de la oscuridad, tales como Luis Barrionuevo – que busca diferenciarse del la CGT de Moyano con la “nueva CGT” – y el ex presidente Eduardo Duhalde, quien no estuvo presente, pero que ya ha hecho declaraciones venenosas con respecto a su antiguo aliado político. En ambos actos, más de lo mismo.
Los sucesos de esta tarde son una demostración más que refuerza la sensación de “desunión” que distintos sectores de la población experimentan diariamente. Además de ello, las presiones políticas hacia quienes tienen que decidir – en este caso los senadores – torna en hartante la falta de autonomía y la dependencia del poder central, o de un jefe fuerte, que en los diversos estamentos de la política argentina se visualizan tan evidentemente.
Como si se tratara de un juego de ajedrez, un conflicto que debía haberse resuelto desde el comienzo en el Congreso, fue acumulando jugadores y entredichos. Las piezas se mueven, pero en lugar de comerse, se van sumando, y ya dejó – hace rato – de ser una cuestión económica a resolver. Esto es un juego de poder, a ver quien gana y sale fortalecido para el futuro inmediato. Y muchos se cuelgan del potencial éxito para picar los desperdicios como águilas carroñeras, en defensa de intereses personales y reubicación en el planisferio político. Detrás de esta maraña de brazos que se estiran, aparecen los intereses de la sociedad, del usuario, del consumidor.
En caso de ser aprobado el sistema de retenciones, por más injusto que sea, se convertirá en ley. Y por ley se entiende obligación a acatarla, así son las reglas de la democracia. Pero los ruralistas prometieron que las protestas no finalizarán allí, que queda el espacio de la justicia y el derecho a manifestarse. Lamentablemente, más allá de las buenas intenciones, ello significará más confrontación, igual disconformismo, y mayores problemas para el libre movimiento.
Los celulares de los legisladores explotarán en las próximas horas. Y las presiones desde el Ejecutivo se duplicarán. Con el empuje eterno de Néstor Kirchner, la Presidenta Cristina Fernández intentará juntar la cantidad de soldados necesarios para la aprobación de la resolución 125. Y desde afuera, los dirigentes del campo se reunirán con representantes de la oposición e indecisos para convencer desde el argumento y el sentimiento, para rechazar la aprobación.
La diferencia que marcó este complicado y ya “demasiado extenso” conflicto es que muchas provincias quedarían seriamente afectadas con las retenciones y la nulidad total de una política estatal concreta y seria para el sector agropecuario. Y los reclamos de los habitantes y trabajadores rurales han contado con la fuerte participación de gobernadores “valientes” que han salido al cruce de los dictámenes que partieron y parten del poder central. Y ello teniendo en cuenta que la no coparticipación de los ingresos atenta rotundamente contra el presupuesto de todas las provincias. Y los territorios de Córdoba y Santa Fe ya lo han sufrido.
También los legisladores han quedado entre la “espada y la pared”: O defender los intereses de a quienes legítimamente representan, el pueblo y los habitantes de sus lugares de origen, o acatar a quienes pueden voltearlos o desaparecerlos del mundo político de un solo manotazo.
Sea de una manera justa y correcta, o mediante presiones implícitas y no tan implícitas, el trabajo de los legisladores y funcionarios se ha degradado. Ya no es mera ideología y pensamientos políticos propios. Eso apenas persiste en casos aislados o en porcentajes bajos. Todo es actualmente negociación. Como en una empresa. Triste, si se piensa que nos referimos al Gobierno Nacional y el Congreso.
Más triste resulta al ver que en dos puntos diferentes de la Capital Federal, dos actos representaron a dos facciones diferenciadas, con discursos que confrontan y enferman aún más a la política nacional, y que no logran más que separar.
Como dato “anecdótico” – aunque en las mediciones de “rating” de ambas partes cuenta y mucho – el acto del campo atrajo a más de 200 mil personas. Los Kirchner convocaron a 80 mil. Una imagen dice más que mil palabras.
La Plaza de los dos Congresos y las cercanías del Monumento a los Españoles, en Palermo, se transformaron en los epicentros del caos que vivió la Ciudad de Buenos Aires, que tuvo una vez más que sufrir cortes en varias de sus arterias principales, ocasionando embotellamientos y demoras vehiculares. Parálisis total.
¿Qué pasó durante los actos? Lo que viene sucediendo desde comenzado el conflicto. El ex presidente Néstor Kirchner, en “representación” de los intereses gubernamentales con Cristina Fernández a la cabeza, atacó severamente a los máximos dirigentes rurales – A quienes volvió a adjudicarle intenciones golpistas, esta vez al extremo, al compararlos con el ex ministro de Economía Martínez de Hoz - y acarició con las palabras a la distante clase media y el resto de los productores, tirando sogas que tal vez no muchos agarren.
Del otro lado, el “apriete discursivo” del sector del campo se caracterizó una vez más por resaltar las desigualdades que imperan dentro del sistema político – económico del actual gobierno, y por llamar a la sensatez de los senadores, quienes mañana tomarán la decisión de aprobar o no el proyecto oficialista.
Para “comodidad” de los senadores, todos estuvieron presentes. Y no se trataron de simples manifestantes. Muchos pesos pesados concurrieron en apoyo al Gobierno por un lado y al sector agropecuario por el otro: Frente al Palacio Legislativo llegaron Moyano con sus camioneros y todos los gremios amigables que maneja, la pesada UOCRA y diversos movimientos gremiales y sociales, además de la gente que acarrearon los intendentes bonaerenses. En Palermo asistieron representantes de la oposición, sumados a actores políticos que en las últimas horas renacieron de sus cenizas y resurgieron de la oscuridad, tales como Luis Barrionuevo – que busca diferenciarse del la CGT de Moyano con la “nueva CGT” – y el ex presidente Eduardo Duhalde, quien no estuvo presente, pero que ya ha hecho declaraciones venenosas con respecto a su antiguo aliado político. En ambos actos, más de lo mismo.
Los sucesos de esta tarde son una demostración más que refuerza la sensación de “desunión” que distintos sectores de la población experimentan diariamente. Además de ello, las presiones políticas hacia quienes tienen que decidir – en este caso los senadores – torna en hartante la falta de autonomía y la dependencia del poder central, o de un jefe fuerte, que en los diversos estamentos de la política argentina se visualizan tan evidentemente.
Como si se tratara de un juego de ajedrez, un conflicto que debía haberse resuelto desde el comienzo en el Congreso, fue acumulando jugadores y entredichos. Las piezas se mueven, pero en lugar de comerse, se van sumando, y ya dejó – hace rato – de ser una cuestión económica a resolver. Esto es un juego de poder, a ver quien gana y sale fortalecido para el futuro inmediato. Y muchos se cuelgan del potencial éxito para picar los desperdicios como águilas carroñeras, en defensa de intereses personales y reubicación en el planisferio político. Detrás de esta maraña de brazos que se estiran, aparecen los intereses de la sociedad, del usuario, del consumidor.
En caso de ser aprobado el sistema de retenciones, por más injusto que sea, se convertirá en ley. Y por ley se entiende obligación a acatarla, así son las reglas de la democracia. Pero los ruralistas prometieron que las protestas no finalizarán allí, que queda el espacio de la justicia y el derecho a manifestarse. Lamentablemente, más allá de las buenas intenciones, ello significará más confrontación, igual disconformismo, y mayores problemas para el libre movimiento.
Los celulares de los legisladores explotarán en las próximas horas. Y las presiones desde el Ejecutivo se duplicarán. Con el empuje eterno de Néstor Kirchner, la Presidenta Cristina Fernández intentará juntar la cantidad de soldados necesarios para la aprobación de la resolución 125. Y desde afuera, los dirigentes del campo se reunirán con representantes de la oposición e indecisos para convencer desde el argumento y el sentimiento, para rechazar la aprobación.
La diferencia que marcó este complicado y ya “demasiado extenso” conflicto es que muchas provincias quedarían seriamente afectadas con las retenciones y la nulidad total de una política estatal concreta y seria para el sector agropecuario. Y los reclamos de los habitantes y trabajadores rurales han contado con la fuerte participación de gobernadores “valientes” que han salido al cruce de los dictámenes que partieron y parten del poder central. Y ello teniendo en cuenta que la no coparticipación de los ingresos atenta rotundamente contra el presupuesto de todas las provincias. Y los territorios de Córdoba y Santa Fe ya lo han sufrido.
También los legisladores han quedado entre la “espada y la pared”: O defender los intereses de a quienes legítimamente representan, el pueblo y los habitantes de sus lugares de origen, o acatar a quienes pueden voltearlos o desaparecerlos del mundo político de un solo manotazo.
Sea de una manera justa y correcta, o mediante presiones implícitas y no tan implícitas, el trabajo de los legisladores y funcionarios se ha degradado. Ya no es mera ideología y pensamientos políticos propios. Eso apenas persiste en casos aislados o en porcentajes bajos. Todo es actualmente negociación. Como en una empresa. Triste, si se piensa que nos referimos al Gobierno Nacional y el Congreso.
Más triste resulta al ver que en dos puntos diferentes de la Capital Federal, dos actos representaron a dos facciones diferenciadas, con discursos que confrontan y enferman aún más a la política nacional, y que no logran más que separar.
Como dato “anecdótico” – aunque en las mediciones de “rating” de ambas partes cuenta y mucho – el acto del campo atrajo a más de 200 mil personas. Los Kirchner convocaron a 80 mil. Una imagen dice más que mil palabras.
martes, 8 de julio de 2008
La Independencia incompleta
"¿Queréis que las provincias de la unión sean una nación libre e independiente de los reyes de España y su metrópoli...?”
Francisco Narciso de Laprida, Presidente del Congreso reunido en Tucumán, pronunció con firmeza y decisión las palabras que alentaron a los diputados reunidos a votar afirmativamente, para luego redactar el “acta de emancipación”. Era el 9 de Julio de 1816.
“Nos, los representantes de las Provincias Unidas de Sud América, reunidos en Congreso General, invocando al Eterno que preside el universo, en el nombre y por la autoridad de los pueblos que representamos, protestando al cielo, a las naciones y a los hombres todos del Globo la justicia que regla nuestros votos; declaramos solemnemente a la faz de la tierra que voluntad unánime e indubitable de estas Provincias romper los violentos vínculos que las ligaban a los reyes de España, recuperar los derechos de que fueran despojadas, e investirse del alto carácter de nación libre e independiente del rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli”.
Nacía una nueva Nación independiente. El sueño de libertad que se había comenzado a gestar en la semana de Mayo de 1810 se convertía en una realidad, aunque la unión nacional tan deseada desde aquel momento es, incluso hasta el día de hoy, muy difícil de vivenciar.
Aunque se rompían oficialmente los lazos con España, las cuestiones internas – traducidas en varios casos en luchas mortales - se convirtieron en una conspiración constante que atentó contra la intención de crear un lazo que lograra adherir todos los sectores del país. Y los rastros de la discordancia se sienten hasta nuestros días.
Atrás quedaban las limitadas intenciones independentistas de Rivadavia, Pueryrredón, Alvear y compañía, que se sublevaban contra los vastos y valientes esfuerzos de gente como San Martín, Belgrano y Moreno, quienes deben enorgullecernos como argentinos. De todas maneras, el camino recién se iniciaba.
Los egoístas y avaros intereses personales de muchos que manejaban las riendas políticas en el territorio nacional, encubiertas bajo el “manto sagrado” de ideales partidistas, en un contexto de pleno debate acerca de los pasos a seguir en el plano institucional, se tradujeron en ambigüedades que duraron años. Y esas rivalidades enfrentaron – y enfrentan - a muchos compatriotas.
Desde Morenistas y Saavedristas, unitarios y federales, acuerdistas y antiacuerdistas, radicales y peronistas. Dicotomías por derecho y pensamientos, guerras verbales, y muchas veces, cuerpo a cuerpo. La convivencia política nunca fue realmente posible en Argentina.
Estos “casi eternos” enfrentamientos confabularon contra las variadas oportunidades que la República en toda su historia vio pasar para romper con el techo de nación “sub desarrollada” y realmente convertirse en un país en “vías de desarrollo”, más allá de los pocos buenos momentos políticos, económicos y sociales que se han documentado.
¿Es Argentina realmente independiente? A nivel externo, nuestros incontables recursos fueron mal explotados, y se han vendido a firmas extranjeras muchos de ellos, y cuando se han hecho bien las cosas, una política mal aplicada o casi obligada – no consultada – ha tirado abajo tremendo esfuerzo. Pero muy lejos se encuentra la independencia financiera y económica, en un mundo globalizado y capitalista, en crisis ambiental y alimenticia. Argentina “siempre pudo” marcar cierta diferencia, Pudo, pero “no quiso”.
Admirados por solidarios y cálidos, odiados por egocéntricos y “cancheros”, los argentinos convivimos con los extremos diariamente, pero siempre es tan difícil hallar los grises, y cuando lo hacemos, algún detalle determina que ello no alcanza.
La poca estabilidad de la democracia y las instituciones durante gran parte del siglo XX fue el factor principal que evitó cualquier tipo de crecimiento sustentado.
Pero no toda la responsabilidad se la llevan quienes tomaron el poder a la fuerza. Muchas de las políticas económicas que manejaron Presidentes y Ministros y compañia no contemplaron las consecuencias, ni siquiera en el “durante”. Las políticas de estado en nuestro país no existen. Asimismo, al decir “independencia”, pareciera que solo nos referimos a los sucesos de hace casi dos siglos, cuando el concepto atañe mucho más que su mera mención en un libro de texto.
Podemos referirnos a independencia de los tres poderes de la Nación. Independencia de los funcionarios que deben responder a la ciudadanía, no a un mandamás que obliga y presiona.
Y como ciudadanos, los argentinos fuimos y somos también, en parte culpables. Por que votamos en democracia – aunque a comienzos de siglo los sufragios carecían de orden legal en su totalidad – y porque de ignorancia e impaciencia, apoyamos a gente en momentos delicados, sin saber lo que pasaba, ni lo que sucedería después.
Y hasta el día de hoy sufrimos por el pasado. Es innegable que no hay que olvidar, para no caer en los mismos errores. También es cierto que hay que evitar que lo sucedido influya negativamente en las decisiones del hoy.
Lamentablemente, tenemos que convivir día a día con el desacuerdo, la indefinición, o en todo caso, los “arreglos”, las decisiones unilaterales, o las determinaciones y procedimientos insuficientes. Y a nivel social y económico, las evidencias saltan a la vista. Hemos avanzado, nos hemos estancado. Y en algunos aspectos, como el educativo, hasta hemos retrocedido.
¿Hay buenas perspectivas a futuro? ¿Adónde iremos a parar?… tal vez una pregunta retórica, pero la sociedad argentina necesita saber la respuesta. Y con seguridad y hechos. No solo con promesas, para luego ver los efectos de malos caminos tomados. Por el momento, soñar y esperanzarse, no cuesta nada…
Francisco Narciso de Laprida, Presidente del Congreso reunido en Tucumán, pronunció con firmeza y decisión las palabras que alentaron a los diputados reunidos a votar afirmativamente, para luego redactar el “acta de emancipación”. Era el 9 de Julio de 1816.
“Nos, los representantes de las Provincias Unidas de Sud América, reunidos en Congreso General, invocando al Eterno que preside el universo, en el nombre y por la autoridad de los pueblos que representamos, protestando al cielo, a las naciones y a los hombres todos del Globo la justicia que regla nuestros votos; declaramos solemnemente a la faz de la tierra que voluntad unánime e indubitable de estas Provincias romper los violentos vínculos que las ligaban a los reyes de España, recuperar los derechos de que fueran despojadas, e investirse del alto carácter de nación libre e independiente del rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli”.
Nacía una nueva Nación independiente. El sueño de libertad que se había comenzado a gestar en la semana de Mayo de 1810 se convertía en una realidad, aunque la unión nacional tan deseada desde aquel momento es, incluso hasta el día de hoy, muy difícil de vivenciar.
Aunque se rompían oficialmente los lazos con España, las cuestiones internas – traducidas en varios casos en luchas mortales - se convirtieron en una conspiración constante que atentó contra la intención de crear un lazo que lograra adherir todos los sectores del país. Y los rastros de la discordancia se sienten hasta nuestros días.
Atrás quedaban las limitadas intenciones independentistas de Rivadavia, Pueryrredón, Alvear y compañía, que se sublevaban contra los vastos y valientes esfuerzos de gente como San Martín, Belgrano y Moreno, quienes deben enorgullecernos como argentinos. De todas maneras, el camino recién se iniciaba.
Los egoístas y avaros intereses personales de muchos que manejaban las riendas políticas en el territorio nacional, encubiertas bajo el “manto sagrado” de ideales partidistas, en un contexto de pleno debate acerca de los pasos a seguir en el plano institucional, se tradujeron en ambigüedades que duraron años. Y esas rivalidades enfrentaron – y enfrentan - a muchos compatriotas.
Desde Morenistas y Saavedristas, unitarios y federales, acuerdistas y antiacuerdistas, radicales y peronistas. Dicotomías por derecho y pensamientos, guerras verbales, y muchas veces, cuerpo a cuerpo. La convivencia política nunca fue realmente posible en Argentina.
Estos “casi eternos” enfrentamientos confabularon contra las variadas oportunidades que la República en toda su historia vio pasar para romper con el techo de nación “sub desarrollada” y realmente convertirse en un país en “vías de desarrollo”, más allá de los pocos buenos momentos políticos, económicos y sociales que se han documentado.
¿Es Argentina realmente independiente? A nivel externo, nuestros incontables recursos fueron mal explotados, y se han vendido a firmas extranjeras muchos de ellos, y cuando se han hecho bien las cosas, una política mal aplicada o casi obligada – no consultada – ha tirado abajo tremendo esfuerzo. Pero muy lejos se encuentra la independencia financiera y económica, en un mundo globalizado y capitalista, en crisis ambiental y alimenticia. Argentina “siempre pudo” marcar cierta diferencia, Pudo, pero “no quiso”.
Admirados por solidarios y cálidos, odiados por egocéntricos y “cancheros”, los argentinos convivimos con los extremos diariamente, pero siempre es tan difícil hallar los grises, y cuando lo hacemos, algún detalle determina que ello no alcanza.
La poca estabilidad de la democracia y las instituciones durante gran parte del siglo XX fue el factor principal que evitó cualquier tipo de crecimiento sustentado.
Pero no toda la responsabilidad se la llevan quienes tomaron el poder a la fuerza. Muchas de las políticas económicas que manejaron Presidentes y Ministros y compañia no contemplaron las consecuencias, ni siquiera en el “durante”. Las políticas de estado en nuestro país no existen. Asimismo, al decir “independencia”, pareciera que solo nos referimos a los sucesos de hace casi dos siglos, cuando el concepto atañe mucho más que su mera mención en un libro de texto.
Podemos referirnos a independencia de los tres poderes de la Nación. Independencia de los funcionarios que deben responder a la ciudadanía, no a un mandamás que obliga y presiona.
Y como ciudadanos, los argentinos fuimos y somos también, en parte culpables. Por que votamos en democracia – aunque a comienzos de siglo los sufragios carecían de orden legal en su totalidad – y porque de ignorancia e impaciencia, apoyamos a gente en momentos delicados, sin saber lo que pasaba, ni lo que sucedería después.
Y hasta el día de hoy sufrimos por el pasado. Es innegable que no hay que olvidar, para no caer en los mismos errores. También es cierto que hay que evitar que lo sucedido influya negativamente en las decisiones del hoy.
Lamentablemente, tenemos que convivir día a día con el desacuerdo, la indefinición, o en todo caso, los “arreglos”, las decisiones unilaterales, o las determinaciones y procedimientos insuficientes. Y a nivel social y económico, las evidencias saltan a la vista. Hemos avanzado, nos hemos estancado. Y en algunos aspectos, como el educativo, hasta hemos retrocedido.
¿Hay buenas perspectivas a futuro? ¿Adónde iremos a parar?… tal vez una pregunta retórica, pero la sociedad argentina necesita saber la respuesta. Y con seguridad y hechos. No solo con promesas, para luego ver los efectos de malos caminos tomados. Por el momento, soñar y esperanzarse, no cuesta nada…
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Historia / actualidad
jueves, 3 de julio de 2008
La liberación de todo un pueblo
“Lloramos y no lo podíamos creer”. Frase simple y elocuente para reflejar la sensación que vivió ayer por la tarde Ingrid Betancourt al reencontrarse con su familia, tras ser liberada por el ejército Colombiano que, en una demostración de inteligencia militar, se infiltró entre las FARC – Fuerzas armadas revolucionarias de Colombia – y logró la libertad de la ex candidata presidencial y otros 14 rehenes.
Betancourt, considerada la bandera de la lucha contra el terrorismo en Colombia y en el mundo, había sido secuestrada el 23 de febrero del 2002, en plena campaña presidencial, y apartada de la civilización se sumó a la gran cantidad de rehenes que las FARC poseían bajo su poder.
En los seis años de cautiverio, fueron pocas las señales de vida que el grupo revolucionario permitió darse a conocer de la rehén franco – colombiana. Sin embargo, en los últimos meses, con la caída de sus principales líderes, la agrupación terrorista pareció decaer en fuerzas, más allá de las negociaciones con el gobierno Colombiano, Venezuela y Chávez de por medio, que lograron las liberaciones de 6 secuestrados en dos partes, entre ellos, Clara Rojas (Compañera de fórmula en el 2002) y la congresista Consuelo González.
Ayer, además de Ingrid Betancourt, consiguieron su libertad otros 14 rehenes: cuatro policías y siete militares colombianos y tres contratistas norteamericanos.
Paralelamente a los esfuerzos de Alvaro Uribe – Presidente Colombiano – las FARC habían hecho contactos más que “amigables” con Hugo Chávez, presidente de Venezuela.
La participación e intromisión de Chávez llegó a un punto crítico cuando dispuso el esparcimiento de tropas en la frontera con Colombia, en el marco de una invasión de las tropas de Uribe en territorio Ecuatoriano, en una supuesta persecución de militares revolucionarios. Ello llevó a conflictos diplomáticos entre Colombia y Correa, presidente del país vecino. Sin embargo, la relación que el hijo pródigo de Fidel Castro mantuvo con los principales cabecillas de las FARC se probó que incluiría financiamiento, a cambio de rehenes.
Una situación muy turbia que no ayudó mucho en el proceso, en el que también se vio involucrado el Presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, de papel muy activo, a tal punto que en París se organizó el 6 de abril pasado una “marcha blanca”, en la que participó también su esposa Carla Bruni y la Presidenta Argentina, Cristina Kirchner.
Pero la emoción y la alegría contenida en Ingrid Betancourt fueron suficiente para que, al momento del reencuentro con sus hijos Melanie, de 22 años, y Lorenzo, de 19, todo el contexto político quedara de lado. Una imagen que recorre todo el mundo e invita a compartir el llanto.
A pesar del alivio y la alegría que un suceso de tal magnitud pueda generar, las suspicacias y sospechas enseguida comenzaron a aflorar. Las mismas apuntaban al estado físico de Betancourt, que podría no coincidir con el video que se mostró hace meses atrás, aunque ella se encargó de aclarar que en aquella filmación se recuperaba de una enfermedad. Pero también llama la atención la cercanía de elecciones en Colombia y el destino de los componentes de las FARC que fueron engañados por la milicia de Colombia. La otra cara de la moneda tal vez.
Lejos de estos pensamientos que originan la polémica, la ex rehén se mostró muy lúcida para dirigir palabras de agradecimiento y al mismo tiempo de compromiso para con la lucha contra el terrorismo.
Betancourt instó a los países latinoamericanos a crear una liga para impulsar la liberación de los todavía secuestrados, e incluso pidió a Correa y Chávez que recompongan su relación con Uribe.
Independientemente de la responsabilidad asumida por la valiente rescatada y sus hijos para continuar con las intenciones de traer de vuelta a casa a quienes todavía se encuentran enclaustrados en la selva, el movimiento organizado por las milicias de Colombia significó una exposición de audacia y estrategia – no se disparó un solo tiro – y al mismo tiempo fortalece enormemente al gobierno de Uribe y su política de seguridad.
Del otro lado, es el peor golpe sufrido por las FARC – que han quedado muy debilitadas - en sus más de 40 años de existencia, y también para Chávez, que, víctima de su impetuosidad y una mediación que parecía efectiva hace unos meses atrás – recordar que el ex presidente Néstor Kirchner participó en los intentos de rescate - ahora ha quedado en posición poco cómoda.
Ojala el deseo y el coraje de Betancourt sean imitados por quienes llevan adelante los destinos de las distintas naciones, en pos de la recuperación de la dignidad y libertad de los apresados.
Betancourt, considerada la bandera de la lucha contra el terrorismo en Colombia y en el mundo, había sido secuestrada el 23 de febrero del 2002, en plena campaña presidencial, y apartada de la civilización se sumó a la gran cantidad de rehenes que las FARC poseían bajo su poder.
En los seis años de cautiverio, fueron pocas las señales de vida que el grupo revolucionario permitió darse a conocer de la rehén franco – colombiana. Sin embargo, en los últimos meses, con la caída de sus principales líderes, la agrupación terrorista pareció decaer en fuerzas, más allá de las negociaciones con el gobierno Colombiano, Venezuela y Chávez de por medio, que lograron las liberaciones de 6 secuestrados en dos partes, entre ellos, Clara Rojas (Compañera de fórmula en el 2002) y la congresista Consuelo González.
Ayer, además de Ingrid Betancourt, consiguieron su libertad otros 14 rehenes: cuatro policías y siete militares colombianos y tres contratistas norteamericanos.
Paralelamente a los esfuerzos de Alvaro Uribe – Presidente Colombiano – las FARC habían hecho contactos más que “amigables” con Hugo Chávez, presidente de Venezuela.
La participación e intromisión de Chávez llegó a un punto crítico cuando dispuso el esparcimiento de tropas en la frontera con Colombia, en el marco de una invasión de las tropas de Uribe en territorio Ecuatoriano, en una supuesta persecución de militares revolucionarios. Ello llevó a conflictos diplomáticos entre Colombia y Correa, presidente del país vecino. Sin embargo, la relación que el hijo pródigo de Fidel Castro mantuvo con los principales cabecillas de las FARC se probó que incluiría financiamiento, a cambio de rehenes.
Una situación muy turbia que no ayudó mucho en el proceso, en el que también se vio involucrado el Presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, de papel muy activo, a tal punto que en París se organizó el 6 de abril pasado una “marcha blanca”, en la que participó también su esposa Carla Bruni y la Presidenta Argentina, Cristina Kirchner.
Pero la emoción y la alegría contenida en Ingrid Betancourt fueron suficiente para que, al momento del reencuentro con sus hijos Melanie, de 22 años, y Lorenzo, de 19, todo el contexto político quedara de lado. Una imagen que recorre todo el mundo e invita a compartir el llanto.
A pesar del alivio y la alegría que un suceso de tal magnitud pueda generar, las suspicacias y sospechas enseguida comenzaron a aflorar. Las mismas apuntaban al estado físico de Betancourt, que podría no coincidir con el video que se mostró hace meses atrás, aunque ella se encargó de aclarar que en aquella filmación se recuperaba de una enfermedad. Pero también llama la atención la cercanía de elecciones en Colombia y el destino de los componentes de las FARC que fueron engañados por la milicia de Colombia. La otra cara de la moneda tal vez.
Lejos de estos pensamientos que originan la polémica, la ex rehén se mostró muy lúcida para dirigir palabras de agradecimiento y al mismo tiempo de compromiso para con la lucha contra el terrorismo.
Betancourt instó a los países latinoamericanos a crear una liga para impulsar la liberación de los todavía secuestrados, e incluso pidió a Correa y Chávez que recompongan su relación con Uribe.
Independientemente de la responsabilidad asumida por la valiente rescatada y sus hijos para continuar con las intenciones de traer de vuelta a casa a quienes todavía se encuentran enclaustrados en la selva, el movimiento organizado por las milicias de Colombia significó una exposición de audacia y estrategia – no se disparó un solo tiro – y al mismo tiempo fortalece enormemente al gobierno de Uribe y su política de seguridad.
Del otro lado, es el peor golpe sufrido por las FARC – que han quedado muy debilitadas - en sus más de 40 años de existencia, y también para Chávez, que, víctima de su impetuosidad y una mediación que parecía efectiva hace unos meses atrás – recordar que el ex presidente Néstor Kirchner participó en los intentos de rescate - ahora ha quedado en posición poco cómoda.
Ojala el deseo y el coraje de Betancourt sean imitados por quienes llevan adelante los destinos de las distintas naciones, en pos de la recuperación de la dignidad y libertad de los apresados.
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