miércoles, 17 de diciembre de 2008

El descontrol social: la inseguridad

La historia de Argentina marca una serie de cuestiones que nunca han conseguido soluciones duraderas y satisfactorias que mantuviesen en calma a la población, siempre vulnerable a la pasividad en muchos estamentos del Estado Nacional, Municipal y provincial. Una de esas problemáticas, todas protegidas por el tristemente célebre concepto de crisis, es la de la inseguridad.


La irresolución y falta de definición constante para políticas largoplazistas de seguridad ha originado en repetidos lapsos de tiempo la terrible sensación de que “nadie esta a salvo”, y aunque nunca la intención es propagar un clima de alarma general, actualmente esa impresión ha vuelto a latir fuerte en el seno de la sociedad argentina.
Ver noticieros, leer los diarios o escuchar la radio significa, si o si, enterarse de algún crimen en un punto casi azaroso de todo el terreno nacional – y tal vez muchos más que parajes casi solitarios que nadie se entera.

No hay discriminación de clases ni zonas para el ataque de un asesino, un ladrón o un violador. El destino del delito puede ser un barrio pacífico, el centro de una ciudad, las olvidadas calles de una zona “casi rural”, un barrio cerrado o en cualquier esquina, de cualquier lugar.

¿Y las autoridades?
Acostumbrados están los argentinos a escuchar muchas palabras que aparentan reflejar profundo interés, que promete aplicar serias medidas, a conciencia y con el estudio e investigación pertinentes para una problemática tan difícil de superar como riesgosa de enfrentar.Sin embargo, las buenas intenciones de varios chocan contra los intereses e ideas de todos, y los proyectos de un sector nunca llegarán a oídos de otro bloque, pura y sencillamente, porque son “diferentes”. Entonces las políticas van separadas, por partes, y nunca parecería posible en un futuro cercano hallar un paquete conjunto, homogéneo en cuanto al alcance y la aplicación.
Tampoco ayuda algunas determinaciones inentendibles de la justicia. Los asesinos deben saber que al ser capturados, cuentan con una especie de “perdón” o “indulto”, que por el solo hecho de haberse “comportado bien”, gozarían de libertad condicional o incluso total – que los eximiría de todo crimen, aunque esa posibilidad la utilizarán para perpetuar otro hecho poco feliz.

¿Por qué no se aplica la idea de “Si mataste o violaste o secuestraste, te mereces X condena”, y así como resulta la sentencia, aplicarla hasta el último segundo? Tal vez pregunta retórica sin respuesta.

¿Y la policía?
No genera respeto ni inspira confianza. Son comunes cada tanto los anuncios de nuevos patrulleros y nuevas supuestas comodidades y beneficios para que los protectores de las calles puedan ejercer su trabajo de manera eficiente.No obstante, son posibles siempre los casos de corrupción y separación de comisarios o de policías involucrados en casos oscuros, o simplemente, por estar asociado a redes de criminales, e incluso, alcanzando la categoría de ladrón.
Varios de los buenos nombres dentro de las fuerzas de seguridad son manchados por la falsedad de aquellos que bajo el uniforme azul esconden, o bien incompetencia y nula valentía, o intenciones poco honrosas e intereses ambiciosos poco ligados a su verdadera función dentro de la sociedad.
Si a ello se le suma la falta de autoridad en muchos casos y de previsión para situaciones en teoría complicadas y a las cuales se tiene que estudiar (casos emblemáticos: partidos de fútbol y recitales), entonces el cuerpo policial se ganó el ínfimo respeto de la opinión pública en general, y el desafiante tono de sectores de la juventud – y adultos también - que intenta aplicar sus propias reglas y leyes.El concepto de severidad y “mano dura” esta bastardeado en Argentina. Más allá de la relación directa con etapas muy tristes de la historia nacional (la última dictadura en la cabeza de la lista), la autoridad debe ser impartida, en primer lugar mediante las leyes y normas de convivencia – siendo la educación la base de todo su entendimiento -, y en caso de un intento de violación de las mismas, con crudeza a quienes se opongan a colaborar con el bienestar del otro. Con ello nos referimos tanto a aquellos que roban simplemente, hasta aquellos que llegan al extremo de matar y/o lastimar en gravedad.

¿Y en cuanto a infraestructura?
Los anuncios de obras públicas por allá, obras públicas por acá, son moneda corrientes y herramienta de uso frecuente por parte de autoridades en todos los niveles.Al momento de chequear que se ha hecho y que no, las promesas se las ha llevado el viento, y en tierra quedaron simples partículas de polvo. Así como se construyen edificios y espacios verdes para embellecer zonas ya de por sí bellas, o para elevar el prestigio de ciertos barrios y zonas, hay sectores, tanto de la capital como de la provincia de Buenos Aires, así como también en el resto del país, que se convierten en trampas para transeúntes y posibles puntos de reunión o de ataque de delincuentes.

Bajo autopistas, callejones y calles poco alumbradas y alejadas – y no necesariamente muchos metros – de importantes avenidas, espacios baldíos olvidados y destruidos, por ende, ni siquiera iluminados, y la soledad en momentos de la noche o incluso, del día.

¿Cómo puede ser que no se entienda que con sumar policías no alcanza?
El servicio debe gozar de calidad, no de cantidad. Y esos “puntos” de una ciudad o barrio deben ser analizados, aunque sean cientos de miles, aún cuando la delincuencia ahora se ve más estimulada en atacar casi estratégicamente y de manera estudiada zonas de mucho gentío, o casas y edificios previamente seleccionados y espiados.

¿Vale la pena recordar el estado lamentablemente de cárceles, e inclusive, de mismas comisarías?
El desorganizado sistema penitenciario suelta más que lo que retiene, y lo que se conserva dentro, se alimenta de odio, perversión y falta total de educación. Entonces no hay que esperar ningún tipo de re socialización.

¿Cuáles son las pequeñas “medidas” que puede tomar el ciudadano corriente?

Al entrar al hogar, sea casa o ingreso al edificio, tener la llave afuera, sin revolearla, metros antes de arribar, y al abrir la puerta, siempre mirar de reojo que nadie desconocido se haya acercado, y no tardar minutos en buscar en la cartera o mochila.Al caminar por la calle, o viajando en colectivos, trenes o subtes, la billetera y el celular llevarlos en un lugar seguro, sea algún bolsillo ajustado al pantalón o en campera o saco pero no abierto o suelto lo suficientemente como para manotear. Y siempre al estar por salir de cualquier lugar o transporte, verificar que esos dos elementos estén en su lugar.Cuando se pasa cerca de una persona que por distintos motivos no genere confianza o incluso lo haya observado fijamente, no responderle con la mirada y seguir caminando, sin darse vuelta ni responder en caso de recibir un llamado.Si esa persona sigue detrás, buscar zonas donde transite mucha gente, entrar a algún loca, o en su defecto, ubicar a un policía cercano, en caso que lo haya (lo cual debería suceder siempre)


Simples consejos que pueden servir para palear la falta de definiciones de quienes deben tener analizado el tema, y quienes deberían emplear fuerzas en aquellos que delinquen. Aunque la crisis de seguridad ya esta establecida, hay tiempo de mejorar, y de impedir muchos y nuevos crímenes, haciendo justicia de aquellos que injustamente fueron alejados del derecho a la vida.

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