lunes, 13 de abril de 2009

La historia en nuestras manos. Parte I.

Literalmente, eso sucede varias veces en el día, cientos de ocasiones a la semana, para realizar los más pequeños intercambios comerciales por bienes y servicios, o las mayores adquisiciones de las que podamos gozar.

Elemento que abre las puertas a la satisfacción materialista del ciudadano – aún en su más sano y coherente sentido -, y objeto de discordia para quienes lo ven como el fin último y máximo.


El billete, un aparente inofensivo pedazo de papel, reviste un valor que estila y encausa el modo de vida de toda una población, ya que su posesión en ciertas cantidades tristemente se cataloga como el indicador – y separador - predilecto de las clases sociales y de las oportunidades en un mundo consumista y capitalista, más allá del temblor que el viejo sistema económica universal pueda sufrir.

No obstante, su sentido más estricto no debería impedir analizarlos de un modo más constructivo. Más allá de los efectos decorativos que los dotan de color y vida, los billetes guardan en sus frentes y contrafrentes una referencia a la historia de la nación, un pasado que nunca es inútil rever, aunque remar contra la corriente que implica las trabas educativas hace más costosa esa tarea.

Este ejercicio se torna más interesante luego que se conociese semanas atrás un proyecto del banco central de proveer a los billetes de nuevos y frescos rostros, en el marco del festejo del bicentenario de la Revolución de Mayo, cuestión que podría abrir un rico debate y un revisionismo necesario, más allá de compartir la presencia o no de ciertas figuras actuales.


Si se tomara cierta porción de una población, un muestreo heterogéneo que contemplara individuos de todas las edades, resultaría interesante obtener los datos concernientes al conocimiento de cada uno de los personajes que ilustran los billetes que se utilizan a diario.

¿Cuál sería ese resultado?
Aún a riesgo de caer en un mal prejuicio, la derivación de una hipotética encuesta no serían los más agradables. Tristemente es fácil constatar que las figuras nacionales impresas en elementos de tanto uso no gocen de cierta popularidad, cuando de enseñanza recibida a través de la vida se trata.

Una breve reseña básica de la vida y obra de quienes seriamente nos ven desde los billetes, cuya única modificación podría ser el cambio entre los mismos para darle un “valor simbólico” más acorde a lo sucedido respecto del crecimiento de la república a cada uno.

Ejemplo: San Martín, el padre de la patria, se encuentra en el billete de 5 pesos, cuando Roca, un ex presidente que borró a los indígenas del sur y repartió las tierras a discreción entre pocos, cubre el billete de mayor valor. ¿Hay coherencia?

Julio Argentina Roca, nacido el 17 de Julio de 1843 en tierras tucumanas, valió su popularidad para alcanzar el más algo grado en la escalafón política en la lamentable “-“Conquista del desierto”, un perfeccionamiento de la “campaña” organizada por Rosas décadas antes, para hacer desaparecer del mapa definitivamente en 1879 la “supuesta amenaza” del salvaje indio.

No obstante, su primera presidencia (1880-1886) arrojó saldo positivo, a nivel infraestructura y con respecto a lineamientos legales para encausar el camino político, económico y social del país.Se crea el Banco Hipotecario Nacional, se sancionan los Códigos Penal y de Minería y se dictan las leyes de Registro Civil, de Matrimonios y de Educación, siendo esta última la famosa ley 1.420, que caracterizaba de laica, gratuita y obligatoria la asistencia a los centros educativos, que se expandieron a zonas rurales.

Lamentablemente, no fue un luchador de la pureza política, ya que colocar a su concuñado Miguel Juárez Celman en el poder para mantener desde atrás el control fraudulento del estado fue su más hábil jugada, para luego retomar la presidencia en 1898, tras aguantar el embate del naciente partido Unión Cívica, devenido más tarde en el radicalismo de Leandro Alem, tras la separación con Mitre, que “pactó” con el inteligente Roca.

Pros y contra de una figura que, como todas e independientemente de sus aciertos y errores, conforman la historia nacional.

Pero, ¿son estos méritos para encontrarse, según los billetes nacionales, por encima de San Martín, Belgrano, e inclusive el polémico Sarmiento?

José de San Martín, nacido el 25 de febrero de 1778, fue un prodigioso militar formado en las experimentadas filas españolas que luego se enfrentaron al poderío napoleónico, cuando Don José es nombrado Teniente Coronel.

Característico de su valiente y voluntariosa personalidad, volvió a sus tierras una vez enterado del movimiento independentista que con la palabra y su patriotismo práctico defendió, guerreando contra la nación que lo había formado.Defensor de la honestidad y los intereses del pueblo, se enfrentó de por vida con Bernardino Rivadavia, amante del centralismo unitario, cuya corrupción y afinidad con los propósitos coloniales – en especial codeándose con el poderío inglés – fueron homenajeados con la avenida más larga del país. Paradójico.

Compartió las ideas federales de coparticipación política y económica de los caudillos como el salteño Martín de Güemes, y abogó por la evolución en cuanto a leyes y normas que abolieran la esclavitud y la repartición de tierras en desmérito de los pobres trabajadores, y fomentaran la producción de la industria nacional, en el marco de un proceso educativo abarcativo.

Sin embargo, su “obra cumbre” fue el cruce de los Andes, paso obligado para concretar su recorrido independentista contra los realistas españoles, en tierras chilenas y peruanas.
Olvidado y odiado por el poder residente en Buenos Aires por no serles funcional a sus nefastos y egoístas intereses, San Martín tuvo que exiliarse para fallecer el 17 de Agosto de 1850, lejos de su patria.

¿No es esto suficiente material como para valorar más la figura de tal patriota?
El orden de los billetes que tanto usamos no indica eso, tanto para él como para Manuel Belgrano, abogado, economista, periodista devenido en militar, nacido el 3 de Junio de 1770, en Buenos Aires.

Activo participante de la Revolución de Mayo y los intentos de gobierno posteriores, dejó la diplomacia que sus saberes económicos y de derecho le proveían para colaborar con gran valor en el proceso de independencia, a lo que contribuyó, además de valiosos triunfos en el campo de batalla y el valeroso éxodo del pueblo jujeño desde el norte donde atacaban los realistas, con la creación de nuestro bello símbolo Nacional: La bandera.

Reconocida su labor por nada más y nada menos que José de San Martín, fue contrariamente olvidado por el falso poder central, cuando falleció en penumbras, dueño de la enfermedad, el 20 de Junio de 1820, sumido en la pobreza, estamento social al que cayó tras donar para creación de 4 escuelas los 40 mil pesos oro que le otorgó la Asamblea del año 1813 por sendos triunfos en Tucumán y Salta. ¿El dinero? Se sumergió en la oleada de la corrupción, para su sueño nunca ser cumplido enteramente.

Trágicas realidades que marcaron el rumbo de un Estado siempre en falta, aún en las etapas más apacibles y de mayor crecimiento en todos los sectores.

¿Son los billetes los indicadores de la importancia, si analizarla en grados o niveles se puede? Si y no. De forma positiva lo son, porque sus valores en pesos aparentan proveerle el número indicado a cada prócer. En su modo negativo, implica ser indiferente a ello, y estudiar las figuras en sus contextos espacio – temporales, bajo el siempre interesante lema “Saber lo que fuimos, para entender lo que somos y proyectar hacia donde vamos”.

El debate esta abierto, y todas las opiniones son válidas, siempre que se basen en el argumento. La segunda parte de la presente nota será la continuidad del mismo, repasando la vida y obra de quienes restan reveer:

Sarmiento, padre del aula pero político y militar de ideas “políticamente incorrectas”, Rosas, federa devenido en unitario, defensor del territorio nacional contra fuerzas extranjeras pero centro de excesivo poder local, y Mitre, ex presidente que “tranzó” en su momento por conveniencia, y que osciló entre los buenos augurios y la oscuridad de la prisión.


Continuará.

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