domingo, 6 de diciembre de 2009

El fin y el comienzo: El Congreso de la discrepancia, la manipulación y las advertencias. PARTE I

Vender caro el pellejo es la nueva filosofía K. Resignar el control que el oficialismo ostentaba en el Congreso de la Nación no es parte de la dieta diaria del matrimonio santacruceño y sus co legionarios.

El recambio de diputados y senadores implica mucho más que una mera obligación constitucional de uno de los tres poderes que conforman la república. 6 años de monopolio kirchnerista llegaron – aparentemente – a su fin.

La finalización del mandato de varios diputados afines al gobierno y el ingreso a las cámaras baja y alta de nombres pesados con orientación, a priori, opositora, le provee a esta nueva etapa parlamentaria una imagen que invita a pensar en debates jugosos y enriquecedores – a nivel periodístico – y la posibilidad de rever muchas de las leyes impulsadas por el Gobierno de Cristina Fernández que carecieron del tratamiento adecuado, independientemente de los beneficios o perjuicios que trajeran aparejadas para algún sector en particular.

¿Será realmente así?

Elisa Carrió, diputada electa por la Ciudad de Buenos Aires, no esperó mucho más para lanzar sus tan reconocidas, y a veces fallidas, expresiones fatalistas y determinantes. Según su óptica, Néstor Kirchner es un hombre "débil y desmoronado".

La política es un mundo tan cambiante, impredecible, donde la ética y la moral que las ideologías defendidas a flor de piel sostienen no son prioridades. Es por ello que la subestimación no es un camino de rosas y colores.

Lo mismo pasó tras los resultados electorales del 28 de junio. Y lo que se debía entender como una ‘etapa de transición’ desde aquella noche hasta la semana pasada, el oficialismo lo interpretó como el momento justo para apurar leyes hito en la gestión K, apenas debatirlas y exprimir hasta el final la mayoría en la bancada de diputados y senadores.
Así fue.

El fin: La reforma política.

Acorde a la tradición que acompaña las fiestas de fin de año, el Gobierno de Cristina Fernández les regaló a todos los nuevos legisladores de la oposición un paquete de leyes sancionadas con el afán de explotar al máximo la situación de poder monopólico en el Congreso.

La frutilla del postre para despedir el año de actividad legislativa resultó ser la ley de democratización de la representación política, la transparencia y la equidad electoral, la cual básicamente apunta a reorganizar y delinear un nuevo proceso obligatorio de elecciones primarias internas en los partidos políticos como paso previo al establecimiento de los candidatos electorales, dos meses antes de la elección en cuestión.

No obstante, y aunque ello suene promisorio y parte de un proceso necesario y ordenado, el objetivo encubierto parecería ser la reducción sistemática de las posibilidades de oposición. Esto se deduce al citar las nuevas normativas más polémicas:

En un marco donde, según la Cámara Nacional Electoral, hay 33 partidos de los 746 inscriptos en el país que tienen alcance nacional, es decir, la cantidad de afiliados y la posibilidad de presentar candidatos a elecciones en toda la república.

Allí se presenta la polémica. De esos 33 partidos, solo 5 consiguen alcanzar el número mínimo requerido de representados – los afiliados – en todos los distritos, requisito inalterable según la nueva ley.

Esas 5 agrupaciones son: Partido Justicialista (3.767.311 afiliados), la Unión Cívica Radical (2.360.728), el Frente Grande (170.085), el Partido Socialista (117.897) y el ARI (49.832)

Respecto de la antigua ley electoral, el proyecto K remarca que para crear un partido es necesario tener 5% del total de inscriptos en el registro electoral del distrito en cuestión, cuando antes era 4%. Y por otro lado, marca que los partidos nacionales deben tener entidad en cinco distritos y un mínimo de 1% del total del padrón nacional, mientras la norma vigente hasta hace unas semanas no exigía ningún porcentaje.

Agudizando la mirada y el análisis, los ajustes son aún más estrictos.
La nueva ley establece que la no presentación a dos elecciones nacionales debidamente justificadas es causa para perder la personería jurídica – antes eran hasta 3 elecciones -, así como no alcanzar en dos elecciones nacionales sucesivas un número de votos igual o superior al 3% de padrón electoral del distrito al que corresponda.

De este modo, los sectores más pequeños e “ideológicamente” fragmentados – como sucede con los partidos de izquierda y centroizquierda – se topan con una muralla legal que les impediría alcanzar cualquier sueño electoral a nivel nacional, ya que no cumplen con los requerimientos de constitución como partido de tamaño medio o grande. Entonces deberán contentarse con disputar cargos en sufragios distritales.

O unirse…

Por otro lado, la categoría “disidentes”, en caso de permanecer esta nueva ley sin el tratamiento de una “contra ley” por el nuevo Congreso, se verá obligada a entrar en desuso, ya que aquellos que hoy intencionen moverse en paralelo a la fuerza mayor a la que de “palabra y de corazón” pertenecen, deberán pugnar por vías internas para sobresalir sobre sus colegas.

Tal es el caso de disidentes como Francisco Solá, ex gobernador de Buenos Aires y senador nacional K, e incluso el vicepresidente Julio Cobos puede ser considerado “disidente” del radicalismo al momento en que decidió aceptar el formar parte de un Gobierno puramente justicialista.

Los casos de disidencia o separación son tan comunes como infaltables al momento del armado del “equipo de trabajo”, si es que ese concepto todavía es utilizable al mundo de la política.

Para evitar cualquier alianza temporal y uniones con gran arrastre de masas populares, la nueva ley de reforma política aparenta ser un alivio como método de ordenamiento de los partidos que, supuestamente, representan a civiles en función de sus ideas y proyectos.

"Los candidatos ya no serán elegidos a dedo", remarcó la mismísima Presidente de La Nación, Cristina Fernández. Dicha afirmación es correcta. Con este nuevo sistema de primarias para alcanzar los sufragios presidenciales y legislativos a nivel nacional, la selección de aquellos que tendrán el honor de pugnar por un puesto ejecutivo o legislativo

Lamentablemente, y una vez más, las pretensiones de perpetuación del poder K empañan cualquier objetivo digno que una ley, en su fino y profundo tratamiento, pudiese tener.
Sucedió con la necesitada nueva ley de medios, y sucede en este caso también.

Ahora la próxima meta es retomar el poder del desmembrado partido Justicialista, lo cual, de conseguir un triunfo Kirchner, obligará a peronistas como Duhalde, Solá, los hermanos Rodríguez Saá e incluso el avejentado Carlos Menem, a admitir la representación de alguien a quien, irónicamente, intentan separar de la vida política del país.

Otros puntos a destacar de la ley son:

La reforma también elimina a las listas "colectoras" y a las denominadas "espejo" – artilugio tan útil para muchas elecciones pasadas -, establece que se votará con el mismo padrón que se utiliza en la elección general, y remarca que de las elecciones generales sólo podrán participar las agrupaciones que hayan obtenido en las primarias el 1,5 por ciento de los votos válidamente emitidos requeridos.


Además las agrupaciones que no alcancen el 2 por ciento del padrón electoral del distrito que corresponda perderán su personería. Este fue una de las variables que el oficialismo cedió ante los pedidos de los amigos circunstanciales, ya que en un principio ese porcentaje alcanzaba el 3.
Dos últimas cuestiones son de interesante importancia:

Los fondos correspondientes al aporte de campañas se distribuirán de un modo especial para todas las ocasiones: el 50 por ciento del monto asignado por el Presupuesto en forma igual a las listas y el otro 50 entre los 24 distritos, en proporción al total de electores.

¿Desaparecerán los gastos millonarios de algunos de los candidatos?
¿No más aportes solidarios de individuos de desconfiable presencia?

El proyecto también reduce a 8 días la prohibición para publicar los resultados de encuestas y a 15 la prohibición de realizar actos inaugurales de obras públicas o promoción de planes y proyectos de alcance colectivo y otro acto de gobierno que pueda promover la captación del sufragio a favor de cualquiera de los candidatos a cargos públicos.

¿No más medidas y discursos populistas y clientelistas?

Nuevamente, la astucia K para manipular los procedimientos legislativos condujeron a la oposición a encarar la nueva etapa con muchos desafíos.

La primera parada fue, justamente, el día en que los congresistas ingresantes tomaran juramento del compromiso de cumplir con la Patria.


(Continúa parte 2)

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