El comienzo: La jura de la negociación y la resignación
Hacer pesar la mayoría en el Congreso Nacional es una ‘tradición constitucionalmente permitida’. Por ende, el contar con la posibilidad de sancionar leyes sin pasar por el filtro del debate y los consensos es el camino más sencillo para presentar proyectos de cualquier índole con necesidad de estar en vigencia a corto plazo.
Generalmente esa facultad la ostenta el poder central de turno. Después de 6 años, el matrimonio santacruceño que maneja las riendas de la república, sufre el golpe de tener que, de ahora y durante los próximos dos años, resignarse y sumergirse aún más profundo en la búsqueda de negociaciones y arreglos para no alterar, a nivel legislativo, lo que lograron construir durante ambos mandatos.
Tras dejar atrás una estela de leyes sancionadas sin considerar, como se debería, al fragmentado arco opositor, el jueves 10 de diciembre significó una fecha clave: la mayoría en la cámara de diputados y de senadores dejaba de ser kirchnerista. La oposición copó el Congreso y, desde el mismo momento de prestar juramento, hizo pesar la diferencia a su favor que consiguieron tras las elecciones del 28 de Junio.
La ceremonia de jura de los diputados llevada a cabo en el recinto el día jueves 3 se destacó no por el proceso formal obligatorio que se realiza en estas situaciones – tal como sucedió con los nuevos senadores hace una semana – sino por el show que dieron Néstor Kirchner y sus súbditos.
La llegada del cacique sureño atrajo a masas de personas que festejaban y alentaban la asunción de su mandamás y que también apoyaban al resto de los legisladores oficialistas.
En perfecto equilibrio con ese marco que se daba en las calles aledañas al Congreso Nacional, en el recinto se dieron circunstancias de desorden total. El bloque kirchnerista, ante la amenaza de perder totalmente el control, aunque sea mínimo, se lanzó con uñas y dientes a tratar de conseguir un acuerdo con la creciente oposición.
El objetivo: mantener la presidencia y la mayoría en las comisiones de mayor peso y preocupación para la cúpula K: Hacienda y presupuesto, por un lado, y Asuntos Constitucionales, por el otro.
Una negociación, más parecida a un show, se dio entonces entre los emisarios K y los líderes opositores, encabezados por el titular del bloque radical, Oscar Aguad.
La intención era mantener la mayoría en dichas comisiones (4 integrantes sobre 7) a cambio de concederle al resto de los bloques la oportunidad de presidir otras comisiones.
En medio de esa negociación, el ex presidente Kirchner hacía alarde de su extremo control sobre los diputados oficialistas, al punto tal de manejar las negociaciones – el santafesino Agustín Rossi y el jujeño Eduardo Fellner de por medio – y mostrar su enojo ante cualquier palabra que no se atuviese a lo que el deseaba.
El revés final llegó de todos modos. Luego del comienzo de la labor de los nuevos diputados, salió a la luz la repartición: De las 45 comisiones existentes en la cámara baja, el oficialismo solo preside 20 – cuando antes, entre sus diputados y aliados comandaba 35 -, y a ello se le suma que, en la totalidad de comisiones, tienen minoría. En ninguna celebran contar con mayoría de congresistas.
La salvedad: La oposición le concedió la presidencia en comisiones de alto valor para el Ejecutivo: Presupuesto, Peticiones, Poderes y Reglamento y Juicio Político.
Como detalle no poco significativo, la oposición le propinó al oficialismo un poco de su propia medicina. Con el quórum suficiente para iniciar la sesión – 129 sobre 257 -, los bloques de la UCR, el peronismo disidente, Coalición Cívica, PRO, Proyecto Sur, PS, GEN, Frente Cívico para Córdoba, Libres del Sur, Diálogo x Buenos Aires, dieron por iniciada la ceremonia, que comenzó a presidir la actriz y conductora de TV, devenida en política, Lidia Satragno,– “Pinky”.
Recién en ese momento, Néstor Kirchner dio la orden. Había que hacerse de cuerpo presente.
Entonces, por primera vez, Néstor Kirchner tuvo que doblegarse a la decisión de una mayoría y descender para jurar. El primer signo de presión de la mayoría opositora se hacía concreto, a la vista de todo el público allí presente en los palcos, que de todos modos no claudicaron en su apoyo al ‘pingüino’.
¿Será esto una fija, una constante en el Congreso hasta las presidenciales del 2011?
La mirada escéptica es inevitable. Muchos de los que copan las bancas coquetearon con el Gobierno en el pasado, y son eternos posibles aliados, de acuerdo a las circunstancias.
Sucede con Felipé Solá (Hoy cercano a De Narvaez y Mauricio Macri) y con la izquierda, desunida y fragmentada, con Fernando ‘Pino’ Solanas como máximo referente. Sus diputados apoyaron muchas de las artimañas legislativas del oficialismo en los últimos meses.
Bien es sabido que las promesas de ‘coparticipación del poder’ son frecuentes, y que los números impresos en los billetes suelen tentar a quienes se rozan con las más altas esferas del Ejecutivo. También es fundamental seguir los pasos de la oposición en sí. Las uniones de palabra para las pasadas elecciones ponen en riesgo cualquier esperanza de organizar un frente común.
El revanchismo contra los Kirchner desaparecería si la participación del ex presidente y sus diputados se sumerge en la nebulosa, y todos supuestos fines comunes resultarían efímeros.
La lucha promete ser dura. El jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, vocero permanente de Cristina Fernández, ya anunció: El veto presidencial será, aparentemente, una herramienta común a partir del mismo instante en que la oposición desee promulgar un proyecto.
"Si no estamos de acuerdo, volverán al Congreso para su revisión o para su archivo", confirmó Fernández, mientras minimiza la supuesta preocupación que debería tener la Casa Rosada al resignarse a las nuevas discusiones que se generarán en el Parlamento e, incluso, al tratamiento de contra leyes a las que el oficialismo sancionó en los meses recientes."Son rejuntados y los rejuntados no piensan parecido, solamente son un número circunstancial. No hay que preocuparse", sentenció.
Gran parte de verdad y lógica política, aunque no deja de ser una idea triste y vergonzosa si se la piensa ubicada en el marco en el que se dice.
La respetuosa resignación y adaptación que se esperaría de los líderes de – parte del -partido gobernante continúa siendo una utopía.
Bajando a la realidad, el año 2010 se presenta especialmente empalagoso en materia legislativa.
El futuro cercano dirá si fue para mejor, para peor, o si la realidad social y económica del país mantiene su baja línea de estancamiento.
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario