"El problema fue que mi vicepresidente me votó en contra". La Presidenta Cristina Kirchner volvió a lanzar dardos a aquellos que el jueves no votaron a favor del proyecto oficialista, pero esta vez apuntó concretamente hacia el Vicepresidente Julio Cobos, quien el jueves 17 a la madrugada desempató la votación en 36 que se había dado en la cámara de Senadores.
“Mi voto no es positivo, es en contra”, había sentenciado el mendocino, sepultando de esa manera el sueño del matrimonio K de aprobar el sistema de retenciones que inconstitucionalmente habían implementado el 11 de marzo.
Desde ese preciso instante, todos esperaron las palabras de Cristina Fernández, que horas después en un acto en el Chaco, frente a simpatizantes K y acompañada del gobernador Jorge Capitanich, se dirigió a quienes habían protagonizado la maratónica sesión en el Congreso.
En esa oportunidad felicitó a los legisladores que acompañaron, pero se refirió de manera poco feliz a los que habían votado en contra. “Me han acompañado en este camino algunos que pertenecen a otros partidos políticos y han defeccionado otros que pertenecen al nuestro”. Un término muy duro, el cual se enmarcó dentro de un discurso que lejos estuvo de poseer una orientación conciliadora de promoción para la apertura de un nuevo debate y por ende, un nuevo proyecto de ley.
Pero ayer, en el marco de una reunión con los legisladores “leales” en Olivos, volvió a descargar artillería pesada, y esta vez, directamente hacia su compañero de gobierno, por estas horas tan querido y odiado.
Aunque desde el oficialismo se trata de resaltar que lo sucedido el jueves no fue una derrota, el revés sufrido ha golpeado con dureza en el corazón mismo del Gobierno Nacional. Y el nivel de confrontación que el matrimonio K manejó hasta el momento parece no querer ceder. Lo preocupante es que ese tinte “agresivo” choque contra la personalidad de Cobos, quien se ha ocupado de esparcir calma a pesar del revuelo que su llegada a Mendoza provocó. Allí fue recibido como una estrella y un héroe – aunque las pintadas en su contra no se hicieron esperar, adjudicándole el adjetivo de “traidor”.
"Hay algunos que no han entendido lo que le dijimos a la gente en octubre", declaró la Mandataria santacruceña en el Chaco. ¿Eso significa que el ser parte de una lista partidaria impide el discenso y la libertad de opinión? Aparentemente eso pretendía de “sus congresistas” y más aún, de su compañero de fórmula.
Es lamentable tener que ser testigo de una visión de la democracia tan confusa de la misma Presidenta de la Nación, línea que sus diputados, senadores y gabinete se ocupan de mantener en pie.
Ya se había escuchado al jefe del bloque de diputados, Agustín Rossi, en palabras expresadas en el programa “Juego Limpio”, frente a Nelson Castro, referirse a la decisión de Cobos como sorpresiva, ya que entiende que el Vicepresidente es una extensión del poder Ejecutivo en el Congreso, en representación de la Presidenta y del partido que ganó las elecciones de Octubre.
Un error tal vez imperceptible pero profundo. Vale recordar que el poder Ejecutivo es unipersonal, que su único componente es el Presidente, y que tanto el Vice como el gabinete conforman un grupo de asesores que se adosan al mismo. Incluso, cuando el compañero de fórmula presidencial asiste al Congreso es específicamente como Presidente del Senado, no como “enviado” del Ejecutivo.
El ex presidente Néstor Kirchner, de papel lastimosamente preponderante en el conflicto, no se ha expresado con respecto a la votación, ya que tuvo que asistir al velorio de un amigo de la familia (Oscar Vásquez) en Río Gallegos, pérdida que es sufrida por la relación de estrecha amistad que mantenían.
Desde el lado de la oposición, las pronunciaciones de satisfacción se hacen presentes desde los más diversos y diferenciados sectores partidarios. Elisa Carrió, titular de la Coalición Cívica, declaró que "esta decisión abre la puerta a que desde la próxima semana se pueda empezar a tratar la agenda postergada, que es la inflación, la situación energética y la problemática de los jubilados".
Vilma Ripoll fue más dura al señalar que “la derogación confirma que la movilización derrotó la 125, la soberbia y la mentira del Gobierno".
Mientras se producen estos cruces y declaraciones, el Jefe de Gabinete Alberto Fernández, en compañía del ministro de Economía Carlos Rafael Fernández – quien al igual que su antecesor Lousteau, muy pocas veces se lo vio durante el conflicto -, anunció ayer la derogación de la resolución 125. Se caía de maduro, ya que si no era anulada por orden Presidencial, la Corte Suprema de Justicia podía llegar a tomar parte y declararla inconstitucional. A pesar de ello, el decreto 1176 no contempla el término “derogar”, pero si “limitar”, cuestión que no fue desatendida por la dirigencia rural, que también fue criticada en el mensaje del Jefe de Ministros, al relacionarlos una vez más con la teoría del golpe y las presiones anti democráticas ejercidas por medio de cortes y paros.
No hay que creer que los Congresistas y el Vicepresidente son héroes ni traidores. Estaban en juego intereses económicos de las provincias – y en muchos casos también se superponían intereses personales – y el sistema de retenciones impuesto por el Gobierno afectaba seriamente a la producción de la que viven casi todos los pueblos del interior. Y ello no sucede solamente en este caso, que tomó una dimensión popular increíble pero sana, logrando que la sociedad en general tome partido.
Sin embargo, este conflicto entre la administración K y el campo sirvió para que se adosen actores políticos que poco tienen que ver – o nada – y que solamente aprovecharon a posicionarse en alguno de los dos lados. Desde el esposo de la Presidenta hasta Eduardo Duhalde –quien había “prometido” retirarse de la política - y Luis Barrionuevo. Hay de todo en el escenario político argentino. Lo malo es que la mayoría, es todo “de lo mismo”.
¿Realmente se puede esperar un cambio de rumbo en la gestión? La Presidenta ya ha dado indicios de no modificar en nada su postura. Todo lo contrario. ‘La mejor defensa es una buena ofensiva’ sea tal vez lo que desee la administración actual implementar de ahora en más. El problema es que en su catarsis de lo sucedido no logre entender al juego de la democracia, y peor aún, que incremente la obsesión por el control desmedido e irregular, acompañado de algunos personajes que poco bien le hacen a su gobierno, al que el pueblo argentino le desea le vaya bien.
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