La Contaminación del territorio es una de las problemáticas históricas con las que los distintos gobiernos tuvieron que lidiar, y que al día de hoy, en demasiados casos, no se llegaron a solucionar. Los ríos del país son una cara visible de políticas ambientales difusas, ineficaces, o incluso, inexistentes, dentro del triste abanico de posibilidades que la polución en Argentina permite sufrir.
El caso más emblemático dentro de dicha problemática implica al tan famoso Riachuelo, cuya poco feliz reputación se originó gracias a las décadas de descuido que los distintos Gobiernos Nacionales, provinciales y municipales aplicaron sobre las aguas de un río que ha sido inmortalizado en el tiempo, lamentablemente, por el nauseabundo aroma que emane.
El saneamiento tan postergado del Riachuelo comenzó una nueva etapa a fines del 2006, cuando se sancionó la Ley Nacional 26.168 que pactaba la conformación de la Autoridad de Cuenca Matanza – Riachuelo (ACUMAR), cuyo “Acuerdo compromiso” fue firmado por Autoridades Nacionales, Porteñas y de los Partidos de Lanús, Avellaneda, Lomas De Zamora, Esteban Echeverria, La Matanza, Ezeiza, Cañuelas, Almirante Brown, Morón, Merlo, Marcos Paz, Presidente Perón, San Vicente y General Las Heras.
El organismo, presidido por la muy cuestionada Secretaria de Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación, Romina Picolloti, cuenta con 2 representantes más del Poder Ejecutivo Nacional y de los Gobiernos Porteño y Bonaerense.
A su vez, se crearon un Consejo Municipal con representantes de los 14 municipios que conforman la cuenca y una Comisión de Participación Social, que básicamente invita a organizaciones civiles a formar parte del duro y largo proceso que la falta de atención a través del tiempo pasado, ha generado para el presente y el futuro.
A la entidad interjurisdiccional se le suma el Control que la Defensoría del Pueblo, encabezada por Eduardo Mondino, llevará adelante por medio de un Cuerpo Colegiado que regulará el accionar de ACUMAR. El accionar de un organismo estatal se ganó la desconfianza histórica, en especial, cuando el dilema en cuestión tiene años de atraso.
Recién tuvo que esperarse un fallo de la Corte Suprema de Justicia, a mediados de 2006, para apurar los trámites de armado del organismo que, como objetivos concretos, se planteó la limpieza del Río y la severa sanción de las más de 40 empresas que no cumpliesen con los requisitos de información acerca de sus deshechos y sus medidas anti contaminación – cuestión inexistente.
El Plan Integral de Saneamiento, aprobado por la Resolución ACUMAR Nº 8/2007 se fijó desde el principio como el pilar más importante de su existencia recomponer la cuenca hídrica Matanza – Riachuelo, cuyo recorrido, integrado justamente por los ríos que dan el nombre a la Cuenca, se extiende por 64 kilómetros, desembocando en el tampoco limpio Río de la Plata.
Sin embargo, el órgano oficial no esta exento del incumplimiento al que las instituciones y dependencias gubernamentales tienen acostumbrados a la sociedad argentina. Y ya el 8 de Julio pasado, nuevamente la Corte tuvo que intervenir e intimar a los funcionarios y fijar multas en caso de no respetar los plazos fijados, que van de los 30 días a los cinco años, dependiendo de las circunstancias.
Picolotti fue determinada a pagar con sus ingresos en caso que no se cumplan con las metas iniciales y sus plazos: Inspección de industrias, eliminación de basurales a cielo abierto y la concreción de las obras de saneamiento.
El próximo límite de tiempo llega el 5 de septiembre, momento en el cual se verificarán el inventario de industrias radicadas en la zona y las muestras de calidad del aire, agua y suelo.
El tiempo corre, pero además de estar legalmente constituida la entidad para higienizar por completo la cuenca, ¿Qué se ha realizado, y que falta por hacer?
“Menos charla y más acción”. Eso es lo que la urgencia de los vecinos le transmitiría a los funcionarios.
La velocidad de la política no va acorde a las necesidades más urgentes de gente que vive al margen de un tiradero de basura y depósito de los elementos químicos más peligrosos. Y el control sobre las empresas sigue siendo deficiente.
El Polo Petroquímico Dock Sud no se atiene a control alguno. Y la amenaza que representa, no solo sobre el Riachuelo, sino contra la ciudad, no ha sido advertida por quienes deben tomar cartas en el asunto.
Los grandes responsables del desastre ecológico siguen en pie, firmes junto al “hijo” que han engendrado. ¿Y las inhabilitaciones? ¿Dónde están? ¿Por qué duran un tiempo tan pequeño aquellas pocas que han logrado “molestar” la actividad diaria de la empresa?
Falta del más mínimo grado de sentido común y conciencia Social. Corrupción total.
Las clásicas promesas previas se han quedado en las firmes palabras de compromiso. Y nada más.
La urbanización o relocalización de las villas, el desarrollo de un sistema cloacal para la provisión de agua potable, los planes de salud – que incluían servicios de toxicología – continúan divagando por el maloliente aire de la Cuenca. Lamentablemente la verborragia política se asimila en este caso al olor que escapa de las espesas aguas de un Río lleno de porquería.
Otras de las características de antaño que el Riachuelo ha expuesto a la Ciudad es su gran variedad de viejos barcos u otros objetos que, semi hundidos, se esparcen como elementos de arte. En este caso: El Arte de la Polución. ¿Esperan removerlos algún día, más allá de la sanción de una Ley?
Los interrogantes se siguen sumando a cada segundo que alguien intenta entender las causas de un trabajo tan prometido como postergado. La política parece vivir justificándose en las licitaciones. Para adquirir la responsabilidad de un territorio con el que hay que trabajar; para comprar maquinarias imprescindibles para la limpieza; para urbanizar; para construir. Todos pasos legalmente constituidos. ¿Por qué la tardanza?
Las enfermedades no esperan. Y la muerte ronda en formato maloliente por la zona.
El elemento natural que tantas veces utilizó de fondo el pintor Benito Quinquela Martín para reflejar la vida en el antiguo y pintoresco Barrio de la Boca, lidera el ranking de los ríos más contaminados en Argentina.
El podio lo completan, además, el Río Reconquista, cuyo tramo más extenso pasa por el partido de Tigre, y el Río de la Plata, aguas que hicieron famosa a esta parte del globo hace 200 años.
Un triste prontuario de desatención total hacia la naturaleza – de parte de funcionarios, empresas sin control y comunidad - y la bandera negra de la corrupción, que no encuentra límite alguno, cuando de pasar y recibir “donaciones” por detrás se trata.
El plazo mínimo de limpieza del Riachuelo, en primera instancia, serían 10 años, según lo calculado por la Secretaría de Medio Ambiente. Y eso si empiezan en el futuro cercano, sino, solo Dios sabrá cuantas “décadas” les tomará.
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario