jueves, 7 de agosto de 2008

Violencia interminable en el templo del saber

Los héroes patrios como Manuel Belgrano, José de San Martín, Juan José Castelli, Mariano Moreno y tantos otros que contribuyeron al surgimiento de la Nación, abogaron por el acceso a la educación de manera gratuita, como la única herramienta que impediría a las siguientes generaciones caer en las manos de la injusticia y luchar por sus ideales, en pos de la defensa del prójimo y la patria.

Pero los nobles intereses comunes que protagonistas de la historia como ellos, que a través del tiempo apoyaron de diversas maneras para la construcción de escuelas, como templos del saber, se vieron contrarrestados permanentemente por los sucios negociados de otros personajes que poca importancia le imprimieron al desarrollo de la Argentina – no solo en la educación, sino también en sectores como la industria, el campo y la tan ansiada unidad nacional.Basta con ello estudiar e investigar acerca del destino fatídico que sufrieron los 40 mil pesos que Manuel Belgrano destinó a la fundación de cuatro escuelas y que desde entonces hasta el día de hoy, su robo y mal uso es el símbolo del manoseo que la historia injustamente aplica sobre héroes como Belgrano y su guerra contra el analfabetismo en todos sus sentidos.

Este oscuro prontuario en el ámbito educacional continúa vigente actualmente, aunque en este caso, no son solamente las autoridades que flaquean al momento de determinar políticas o normas firmes, sino también – en varios casos – de los mismos integrantes de una institución: los maestros y profesores, y en particular, los alumnos.
Desde la Unión Docentes Argentinos (UDA) se denuncia el crecimiento de la violencia escolar, y el silencio que se aplica desde los directivos.

El Observatorio Argentino de violencia en las Escuelas, bajo jurisdicción del Ministerio de Educación de la Nación, y conformado también por la Universidad Nacional de San Martín y la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) se planificó con el objetivo de regular, controlar e investigar las diversas variables que confluyen en un solo problema: violencia escolar.Entre algunos de sus objetivos básicos se encuentran investigar las causas de la problemática desde una perspectiva interdisciplinaria, promover una red de investigadores y tal vez uno de los puntos más relevantes: Concientizar a la opinión pública acerca del enorme mal que se le esta haciendo a las generaciones futuras.

¿Cómo se podría solucionar este grave conflicto que lleva mucho tiempo?Antes que nada, es importante tener en cuenta las deficiencias sociales que viven muchos argentinos, que ven en la escuela un lugar para poder comer, ser contenidos y escaparle a la horrible situación de desprotección total que el Estado no soluciona.Esta situación implica a padres que, o bien imposibilitados de ofrecerles a sus hijos algo mejor, o bien como estandartes de un contexto familiar caracterizado por la brusquedad y el maltrato, le escapan al cuidado total que los chicos en edad de crecimiento y aprendizaje deberían gozar.

Y esta etapa es el momento clave en donde los jóvenes aprenden y entienden el ‘porque’ y el ‘como’ de cuestiones básicas de vida y convivencia en la comunidad; el valor del esfuerzo y el estudio; la importancia de saber cada una de las materias que les toca cursar, y la habilidad de aplicarlas en el presente y en el futuro.Pero con esta realidad imperante, tales objetivos tradicionales de la educación se convierten en batallas diarias complicadas de resolver.

Este escenario también incluye el mal ejemplo que los chicos reciben de los distintos medios. Hoy en día, muchas cosas que ayudan al desarrollo del morbo, la ingenuidad y la idea de la perfección física por sobre la inteligencia y el sentido común, son transmitidas sin restricción de horarios. Las cámaras, los micrófonos y una revista vacía de contenido se convirtieron en una tentación para la facilidad y la falta de esfuerzo y responsabilidad. Y el símbolo de ello es Internet. Muchas ventajas y demasiadas carencias educativas para un medio tan masivo.

Otro punto a tener en cuenta es la tecnología, que se ha puesto – sin ser este su objetivo – al servicio de la exaltación de la violencia en las instituciones educativas. Los celulares actualmente están al alcance de los chicos que, por orden de sus padres o por insistencia, los obtienen, con la excusa de ser una medida de seguridad. El simple proceso de apretar un botón para informar a los padres donde están sus hijos es un elemento que suma al momento de pensar en el bienestar de los niños y adolescentes en las calles de cualquier barrio o ciudad.Pero el control se ha ido de las manos. Esos pequeños aparatos contienen cámaras y sonido.
Y filmar o sacar fotos es una moda que continúa en expansión. Y así como se ha acrecentado la intolerancia juvenil a las normas y al respeto contra los compañeros y profesorado, se incrementó el número de casos de filmaciones vía celular a las tremendas riñas indiscriminadas que dos (o más) chicos mantienen, como si se tratara de la lucha por la supervivencia.

¿Qué es aun peor de notar? La complicidad. Nadie los detiene, nadie se interpone, nadie los intenta calmar. La sociedad se ha convertido en el fomento a la violencia. Y no nace en callejones en penumbras como en las películas. Nace en el patio de una escuela. En un aula. En plena clase.
¿Dónde quedó la disciplina? Los estudiantes le han perdido respeto a quienes imparten las clases, y al mismo tiempo, los docentes en varios casos prefieren intentar “congeniar” con el alumnado, y no marcar el límite entre ser “compinche” y ser la figura de autoridad que realmente debería ser.Un dilema radica en determinar que significa esa autoridad. Por un lado, los chicos deben saber que el maestro frente suyo posee la capacidad de enseñarles diversos temas y que debe ser escuchado, atendido y respetado. Al mismo tiempo, primitiva quedó la figura de autoridad que lo hace parecer un dios inalcanzable. Es un límite fino que debe ser aclarado, en primer lugar, entre las autoridades – más allá del modo de ser y de enseñar de cada profesor.

Una cuestión a revisar seguramente y debatir es el regreso definitivo de las amonestaciones, o sanciones similares que tenga como único fin dar el ejemplo para quienes piensen o crean que un golpe o un “chiste” a un profesor sea material de divertimento o gozo.Es el mismo ejemplo que debe aplicar la justicia con las leyes hacia quienes perpetúan un crimen o un delito, y que en incontables ocasiones, están escritas nomás, y no son aplicadas. Mismo ejemplo, mismo resultado.

Cuando el análisis que un medio, un grupo de personas o un único individuo realiza acerca de esta degradación educativa, es imposible alienar a la violencia y separarla del nivel de la educación argentina, que desde mediados de la década de 1960, viene en caída libre, y el nuevo siglo ubica a la Argentina en posiciones bajas en evaluaciones internacionales de aprendizaje de alumnos de primaria.En Junio de este año se dieron a conocer los resultados de una evaluación internacional de la UNESCO sobre lectura, matemática y ciencias naturales a chicos de tercero y sexto grado, de 16 países de la región. Argentina quedó superada por Cuba, Uruguay, Costa Rica, Chile y México.Y ya anteriormente, en las pruebas internacionales PISA, organizadas por la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo (OCDE), nuestro país se había ubicado en los puestos 53° en lectura y comprensión de textos, 52° en matemática y 51° en ciencia, por debajo de Chile, Uruguay y México.

Un retroceso tan claro como alarmante. Y todo va de la mano. En el ambiente escolar debe respirarse sabiduría, convivencia y entendimiento. Pero se vive violencia, desorden y angustia. No todas las instituciones educativas sufren esto, pero el número de casos en barrios, ciudades, provincias, crece por semana. Y las noticias nos han acostumbrado a enfrentarnos día a día con algo nuevo.Las autoridades deben aprender a moverse velozmente, tratando de acortar los plazos de modificaciones y aplicaciones efectivas para erradicar de lleno y gradualmente los conflictos actuales.De todas maneras, la lentitud de trámites y “manos a la obra” son marca registrada, y por una razón u otra, las cosas siempre se retrasan. Ejemplo perfecto: Deficiencias edilicias básicas. Falta de gas, luz, agua potable y chicos protestando y cortando una calle. Convivir con eso también influye en la educación con la que día a día se nutren los jóvenes y adolescentes.

Siglo XXI, y cada vez parece que avanzamos más, pero de espaldas.

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