viernes, 5 de septiembre de 2008

Los trenes de la violencia y la decadencia

El ferrocarril en Argentina continúa transmitiendo la enfermedad de la inseguridad en todos los aspectos y variables posibles: irresolución acerca de la pésima manera de viajar, en los horarios trastornados y las eternas tardanzas e interrupciones y la creciente violencia que en torno al sistema en los últimos años ha madurado.

La intolerancia manifestada en su más “apasionada” expresión volvió a copar las vías de un formación ferroviaria, en este caso el Sarmiento en las estaciones Castelar y Merlo, aunque el malestar que ocasiona cuestiones como estas, en el caso de ayer sirvieron de excusa para accionar realmente fuera de lugar.Más allá que los actos vandálicos que culminaron con fuego 7 vagones distan de ser protagonizados por los fastidiosos pero decentes pasajeros que usan las líneas de trenes interurbanos, y se parecen más a actos premeditados, la historia reciente remite a infinitos casos de incidencias relacionadas directamente con los trenes, que encienden todo el tiempo la luz de alerta y emergencia.“Este gobierno cree en el transporte ferroviario. Nosotros hacemos mucho esfuerzo para que el servicio de trenes mejore; de hecho para el año que viene hay un presupuesto de 5 mil millones de pesos destinado a ello", afirmó el ministro del interior, Florencio Randazzo, en un intento de esperanzar a los pasajeros. No alcanza.

La versión oficial enseguida se alineó con la actitud constante de este Gobierno. Confrontar, acusar y desligar responsabilidades. Y una de las personas a las que fueron dirigidos una nueva carga de innecesarias municiones fue el director de Cine, Pino Solanas, quien acaba de estrenar su película documental “la próxima estación”, que cuenta la historia con testimonios de la decadencia del sistema ferroviaria nacional. Una tontería que significa un puntito más dentro del desorden oficial.


¿Qué esta pasando con el servicio de transporte más antiguo que unió al país?
Mientras la administración de la Presidenta Cristina Fernández se aboca a desembolsar más de 10.000 millones de pesos en el innecesario tren bala a un banco francés acusado de corrupción, los subsidios caen como gotas de lluvia a las empresas privadas que explotan los distintos trayectos de los trenes: TBA, a cargo del Mitre y Sarmiento, Metrovías con el Urquiza, Trenes metropolitanos, que controlan al ex Roca, Belgrano Sur y San Martín y Ferrovías con el Belgrano nortePero en sintonía con la metáfora de la lluvia, el casi millón de pasajeros que viajan por día – Y eso que los número hace pocos años eran más altos - a través de este medio sufren como si se tratara de una tormenta constante el viajar en condiciones precarias y peligrosas, de manera tan incómoda como primitiva.

Nuevamente surge uno de los grandes misterios de la política económica argentina con respecto a los subsidios: ¿Dónde van a parar? ¿Qué pasa con las enormes sumas de dinero que se giran para las empresas privadas, no solamente las de trenes?La idea original del pago de un subsidio radica en compensar a las empresas por no alcanzar un piso mínimo de ganancias que sirvan para equilibrar los gastos. Y de ese modo, no se verían en la “penosa necesidad” de aumentar las tarifas – que de todos modos incrementan, como sucedió en marzo, cuando rondó un aumento del 20%.

Pero no hay cambios. Las formaciones, deterioradas y descuidadas – por parte de la empresa y en muchos casos también por el irrespetuoso pasaje – arriban con demoras, y hasta a veces ni llegan, a estaciones que escasamente cuentan con controles básicos de higiene y seguridad. No solo se trata de embellecer las terminales – que de todas maneras dejan mucho que desear -, también las distintas paradas son o bien de difícil acceso normal (porque no es imposible que alguien ingrese sin pagar) o bien un sufrimiento un día de lluvia o de sol intenso. Las reformas edilicias y estructurales también son de imperiosa urgencia. Pero, aparentemente, no hay plata.

Peor panorama aún se presenta a nivel nacional. Ya ni siquiera formaciones históricas como “el gran Capitán” que conecta a Misiones con la Capital, o el fabuloso Tren de las Nubes en Salta, sumadas a las extensas líneas en pleno desuso, cuentan con un cuidado adecuado, como un “país serio” con su patrimonio debería hacer. Desde los distintos gobiernos y empresas, y también un pasaje que muchas veces olvida que rompiendo o pintando donde no debe, agrega un granito de arena más hacia la destrucción total del transporte.

La emergencia ferroviaria decretada por el ex presidente Eduardo Duhalde se alineaba con una situación general del país muy crítica, consecuencia de la devastadora crisis que en el 2001 derrocó a un gobierno fantasma. Y en cuanto al ferrocarril, las presidencias de Menem fueron el “empujoncito final” para llevar a la desaparición a diversas líneas de trenes que unían pueblos y ciudades. Las vías inutilizadas ahora son cientas. Desperdicio total. Error fatal.

Pero a partir de la llegada de Néstor Kirchner al poder, las variables socio económicos fueron torciendo su destino fatídico, y Argentina entró en una época de recuperación innegable. Sin embargo, se hace real y dolorosa la conocida frase “lo bueno dura poco”. Y las mentiras y los fracasos encubiertos o negados se hicieron presentes, con turbios personajes detrás.

La frívola figura detrás de toda problemática de transporte es el secretario – supuestamente especialista en la materia – Ricardo Jaime, quien manipula en sus manos un presupuesto puramente destinado al pago de las “pequeñas contribuciones”, que hasta el momento en lo que transcurrió del 2008, supera los 1500 millones de pesos. 1570 para ser exactos.Similar a lo que hace Moreno con “su” secretaria de Comercio Interior, Jaime, que debería encontrarse bajo órdenes del Ministro de Planificación Julio de Vido, actúa por fuera de su órbita natural de acción, y se convirtió con el tiempo en un funcionario no poco importante para el andar de la administración Kirchner.

Criticado desde la oposición por su ineficacia ante problemáticas tan graves y complicadas como lo es el transporte y el colapso de varios de los medios – vehicular en la ciudad y sus accesos, trenes y el desastre financiero de Aerolíneas – Jaime se convirtió en un simple intermediario entre el gobierno y las empresas concesionarias, que reciben en hermoso paquete de dinero, y no cumplen con nada. Además de mantener contactos dudosos con grupos asociados al transporte de mucho peso, es avalado por la Presidenta y su esposo, y es un sueño imposible pensar en su salida.

Los “números de la decadencia” son contundes. Antes de aterrizar en Argentina el proceso de privatizaciones por todos lados, el sistema de trenes en Argentina contaba con más de 36 mil kilómetros de vías que se redujeron a solo 14 mil, y la velocidad de 100 k/h promedio, por desgaste y falta de recambio y refacciones, bajó a solo 60 (sin contar las interrupciones totales claro)


Al final, la víctima es siempre el mismo: el usuario. Y como esta acostumbrado el pueblo Argentina, los sueños de algo mejor le ganarán una vez más a la realidad.

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