Tantas promesas lanzadas al aire como globos llenos de gas sobrevuelan el clima de campaña electoral cada vez que se avecina una elección, a nivel nacional o en cualquier distrito. Pero esos globos permanecen flotando a la deriva por un corto lapso de tiempo. Y finalmente, se pinchan.
El Argentino, saturado de tanto palabrerío previo, esta de alguna manera entrenado para pronosticar en algún momento cuando esas promesas vayan a perder consistencia, y finalmente declararse “incumplibles”. A veces ese pronóstico resulta tan alevoso como augurar tiempo tormentoso cuando ya se está bajo la lluvia. En otras ocasiones, las esperanzas se mantienen en el tiempo, hasta resultar ser decepcionados otra vez.El Jefe de Gobierno, Mauricio Macri, ya debió dar de baja una de las prioridades con las que ganó las elecciones de Octubre del 2007, las que lo alejaron del recinto de Diputados al que tan poco llegó a visitar en su gestión como legislador.
¿Quiénes son los perjudicados en esta ocasión? Los más de 1.600.000 usuarios de las líneas subterráneas que recorren la ciudad, que el día jueves 18 de Septiembre escuchó en boca del mismo Macri el destino fatal que recibieron las promesas de 40 kilómetros nuevos de trenes que se construirían durante su gestión, para contribuir a un tránsito más fluido y más abarcativo en el terreno que constituye la Capital del país.“Como un viaje a la luna”.
Con tal contundencia definió Macri a la posibilidad de cumplir con las construcciones de las líneas F, G e I, las extensiones de los recorridos de la A, B y E y la finalización del trayecto de la línea H, que en su momento de manera apurada inauguró el anterior jefe de Gobierno, Jorge Telerman, cuando intentaba conseguir votos.¿Por qué este lapidario anuncio? Porque no hay plata. Porque las tradicionales pujas de “poder político y posicionamiento entre la masa” vuelven a atentar contra el cumplimiento de algún objetivo, alguna promesa, que supone el bienestar para la sociedad, en este caso, los habitantes de la Ciudad de Buenos Aires.
El tire y afloje se sucede entre Mauricio Macri y el Gobierno Nacional.
El empresario acusó a la administración de la Presidenta Cristina Fernández de retrasar el traspaso del control de los subtes al ámbito de la Ciudad, lo cual permitiría manejar los fondos y avanzar de este modo con las construcciones tan anunciadas.Las palabras de Macri imputaban “poca voluntad” y “aislamiento financiero” que se le aplicaba a su gestión desde la Casa Rosada. Además de ello, últimamente se deslindó de responsabilidades, las cuales adjudicó a la “política de entorpecer” que, según su mirada, le aplican desde la Nación, la oposición, los gremios y la justicia, como si se tratara de un chiquito lloriqueando porque sus compañeros no lo dejan jugar tranquilo. El juego de la política es tan complicado como lleno de artimañas, y quienes allí participan, deben aprender a “respetar esas peculiares reglas”.
Aunque si es verdad que Macri había pedido con insistencia una reunión con el Jefe de Gabinete, Sergio Massa, la cual después de ser pospuesta infinidad de veces, se canceló, sin saber la real razón, si bien se asume que desde el Poder Ejecutivo le bajaron línea al ex intendente de Tigre.De todas maneras, la financiación de los subtes no provendría enteramente del Estado.
En Mayo pasado, la legislatura porteña aprobó la llamada ‘Ley de subtes’ – ley Nº 670 - que establecía que de los 2500 millones de pesos que se necesitan para financiar los 40 kilómetros nuevos de tramos de subtes, 1500 provendrían de créditos del exterior, seguramente el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Y según el mismo Jefe de Gobierno, distintos grupos inversores europeos y chinos estaban ansiosos por ‘regalar’ equipos de suma importancia para este medio de transporte. Dicho de otra manera, endeudarse.Obviamente, para el circo mediático al que nos tienen acostumbrados los funcionarios, hace falta el contraataque del otro lado.
Y la Presidenta no defraudó. Le adjudicó a Macri falta de responsabilidad al no asistir a un acto en la Provincia que inauguraba obras para el tratamiento de líquidos cloacales, y más grave aún, cuestionó a la administración PRO de no cumplir con su parte de dinero para bancar el saneamiento del Riachuelo.Naturalmente, desde el oficialismo porteño, todo fue negado y rechazado.
Historia repetida. Ya había sucedido al inicio de la gestión del empresario cuando se debatía la transferencia de los fondos y manejo de la Policía Federal a la ciudad. Aquello no llegó a buen puerto, y Mauricio Macri decidió formar su propia academia de policía porteña.
Teóricamente, el sistema subterráneo, que recibe un subsidio por mes de $ 27 millones – una contribución estatal además de los subsidios a los trenes y colectivos - proporciona una alternativa rápida y cómoda de viajar hacia cualquier punto de la capital.
En la práctica, saltan dos errores principales, origen de la falta de previsión y de actualización de todo lo que atañe al subte: funcionamiento de los trenes, infraestructura y cuidado de los vagones y andenes. (En 60 años solo se construyeron 5 estaciones de la línea H)Error número 1: ‘rápida y cómoda’ dejó de serlo. Ya no existen las horas pico. No importa el momento del día, los vagones siempre se encuentran atestados de gente que lucha como peces en una red por hallar la posición menos incómoda y dolorosa de viajar. Y las demoras e interrupciones son moneda corriente.El segundo error se verifica al momento de ver el mapa: Los distintos recorridos de las 5 líneas y media de subtes todavía dejan “aisladas” de este sistema de transporte a muchos puntos de la ciudad.
Y ello se solucionaría con las tan mencionadas y promocionadas extensiones y construcción de los nuevos trayectos. Y todo se vuelve un círculo vicioso sin fin.De todas maneras, la ventaja que provee el viajar bajo tierra es que las cabeceras desembocan en puntos neurálgicos de la ciudad, que engloban zonas donde se reúnen paradas de muchos colectivos y estaciones de trenes (que lamentablemente no significa tampoco “descansar luego de un duro viaje en el subte”)
Actualmente, la Capital cuenta con las cinco líneas tradicionales de Subtes (A, B, C, D y E), mitad del trayecto de la H, y estaciones aún sin estrenar – nadie sabe porque – en la extensión de la línea B, además de contar con construcciones para alargar el tramo de la A y la E. Los nuevos trayectos serían: La F, que unirá Constitución con Plaza Italia, en 8,6 kilómetros de extensión. La G irá de Retiro al Cid Campeador, en Caballito, con 7,3 kilómetros. Y la línea I correrá desde Emilio Mitre hasta Plaza Italia, en 6,6 kilómetros.
Muy útiles para descontracturar el agobiado sistema subterráneo y disminuir la densidad de gente que se agolpa en los andenes cada mañana, tarde y noche. No hay respiro. Pero como siempre, los plazos se extienden, se alargan – Y en el tema subtes ya ha sucedido en variadas ocasiones - Y seguimos en la misma situación. Mientras tanto, el transporte público en todas sus variables continúa su proceso de decadencia y auto destrucción.
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