El concepto de ‘cambio’ presupone la modificación necesaria de hábitos y costumbres que, de algún modo, se vieron alteradas por un suceso o circunstancia determinada que alteró el orden imperante.
Durante la última semana, la embrollante y complicada dinámica del país sufrió severos cambios que hacen hasta el día de hoy tambalear el equilibrio de la rutina diaria del ciudadano común, sin importar las tensiones o satisfacciones que dichas prácticas puedan ocasionar de modo individual.
Acostumbrados a ser parte de la mezcla indiscriminada de la desorganización y la falta de un camino común a seguir más allá de las ideas, el argentino tuvo que lidiar entre las repercusiones políticas de las elecciones Legislativas del domingo 28, con la decepcionante reacción tardía ante el avance de lo que dejó de ser ‘gripe porcina’, para ser llamada ‘gripe A’.
El frío y nublado domingo en que se abrió la votación fue una especie de metáfora del clima que durante meses se vivió a causa de la larga, peleada y agresiva campaña pre – electoral, que protagonizaron personajes más ocupados en utilizar herramientas de marketing y denunciar lo ajeno, que en mostrar sus – supuestas – ideas base y proyectos que defiendan intereses de quienes, en definitiva, los colocan en donde se hallan.
La lluvia nocturna le proveyó al conteo de votos el marco novelesco perfecto para determinar la saturación que la población en general siente de un sistema de gobierno poco claro y transparente de quienes mayoritariamente perdieron – aún sin admitir completamente su derrota y minimizando lo que ellos mismos maximizaron en épocas pasadas recientes.
La renovación en el Congreso Nacional ya fue sentenciada. De todas maneras, el Gobierno Nacional, más allá de la clara pérdida de poder de su cacique – el ex presidente, y ahora también ex líder oficial del partido Justicialista, Néstor Kirchner – intentó hacer valer un punto de vista endeble y negador de la realidad, cuando el pasado Lunes la mandataria Cristina Fernández, relativizó absolutamente el resultado de unos comicios que, en definitiva, apuntan a proveer de oxígeno al Parlamento, aunque ello también implique “tomar todo con pinzas”.
Mientras el tablero político movió sus fichas para acomodarse adecuadamente a la situación actual que devino de la votación – y lamentablemente ya pensando en las presidenciales del 2011 -, el territorio argentino en su totalidad se vio afectado por el surgimiento casi ‘mágico’ de una gripe que, antes del Domingo, parecía englobarse dentro de la categoría “un problema más”.
Efectivamente, a las evidencias nos remitimos, esto no es así.
Salió a la luz, “llamativamente de manera inmediata tras saberse el resultado del domingo”, que la renunciante ministra de Salud, Graciela Ocaña – cuya profesión es contadora pública, un área bastante diferente a la que se encontraba, afianzando la idea de que el amiguismo y la sumisión puede más que la idoneidad en la política – había alertado acerca de la posibilidad de suspender todas clase de actividades que impliquen reuniones masivas de gente, en el marco del anuncio de la Emergencia Nacional.
¿Mala publicidad? Definitivamente. Una vez más, prevaleció el ocultamiento de algo que podría entenderse como “punto en contra” para ganar la aceptación del pueblo. Y una vez más, Argentina arranca en desventaja de forma reactiva en cuestión de políticas públicas.
¿Por qué se dio nuevamente esta práctica desleal y deshonesta? Ello queda como pregunta retórica cuya respuesta no sería fácil de dilucidar.
La titular de la cartera de salud pagó con su incompetencia los platos rotos, así como Ricardo Jaime, turbio funcionario K que manejaba a discreción millonarias sumas de dinero en subsidios a empresas privadas desde la Secretaria de Transporte, debió pagar con su puesto el ‘cambio’, mínimo, que esboza la Presidente, aunque no es tal, ya que los nombres no significan ninguna alteración de la política. Un hombre de De Vido ocupó ese cargo. Guillermo Moreno sigue controlando los números del INDEC desde la secretaria de Comercio Interior, dependiente de un Ministro de Economía totalmente inexistente.
El sector agropecuario y tambero sigue esperando su turno. El pésimo estado del transporte público y de la salud, la contaminación de los ríos – el riachuelo en primer lugar – y la explotación de suelo argentino indiscriminado concedido a empresas extranjeras por negociados – como en sucede en San Juan -, la ineptitud de gobernadores como Jorge Capitanich (Chaco) para utilizar artimañazas kirchneristas para esconder graves cuestiones como el dengue, la pérdida de trabajos a gran escala y las peleas sin sentido.
Toda una gama de situaciones sin solución, y que podrán ser tema de debate y exposición en otra ocasión. No obstante, a estar alertas: La esencia de tales temas no son patrimonio exclusivo de la pareja presidencial.
El problema mayor que enfrenta el país en su conjunto en la actualidad es el crecimiento desmedido de la ‘gripe A’, que ya se instaló con fuerza y crudeza en el país, especialmente en la zona centro (Buenos Aires y Capital, Córdoba y Santa Fe)
Lamentablemente, el ciudadano común está poco conciente de la magnitud de la cuestión. No es objetivo de nadie instaurar la alama que encienda el sentimiento paranoico. Sencillamente se trata de ser precavido y prevenir. Y como sociedad no se lo entiende.
Por un lado, las cifras oficiales, tristemente, ganaron en impopularidad y falta de credibilidad. Y ello se refuerza aún más cuando trasciende que la presidente de enoja con el recientemente designado nuevo Ministro de salud de la Nación, Manzur, por comentar a los medios la cifra de víctimas. ¿Por qué alguien debería enfadarse por ello?
Esa carencia de autenticidad crea confusión. Y la población, en casos como estos, requiere de debida información, clara y transparente.
Por el otro lado, el sentimiento de rebeldía e irresponsabilidad que empaña muchas de las cosas que como sociedad se llevan adelante, impulsa a hacer caso omiso a la palabra autorizada para referirse al tema. En este caso, el mundo de la medicina en un tópico estrictamente médico.
La higiene es la clave. Antes y después de transitar por la vía pública, evitando el manoseo desmedido con los elementos sólidos que ocupan una vereda, una calle. La prevención no significa inmunidad, pero si resulta efectiva cuando se la realiza con responsabilidad y conciencia. Por todos y para todos.
Un dato más para testificar la carencia total de sentido común: El estado obliga a cerrar escuelas y universidades. Hasta allí llega su papel. Pero la intermediación con los intereses privados debe ser fundamental para concientizar acerca de acompañar las medidas estatales.
Es inconcebible que tanto shoppings, cines, pubs y boliches continúen abiertos. ¿Acaso importa más el fin de lucro que la salud? Definitivamente sí. Y muchos hogares abrirán sus puertas a la calle para dar libertad y rienda suelta a sus componentes jóvenes para divertirse, con tal vez el único aviso de “cuídate y no toques nada”. Como si ello sirviera de algo.
Retomando el concepto utilizado al comienzo de la nota, como eje del desarrollo posterior, el ‘cambio’ de hábitos y costumbres tendrá que ser obligatorio, en este caso, de manera temporal hasta que el Estado, en decisión correcta, crea pasado el “mayor peligro” de contagio – lo cual no quiere decir volver al descuido diario.
El ‘cambio’ no es siempre malo, y nunca es totalmente bueno. Es una circunstancia que es de mentes claras el tomarlo con calma, paciencia y voluntad. El ‘cambio’ en escala grupal no se puede dar de manera individual. Y eso los argentinos lo saben bien.
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