(Pido disculpas por la extensión de la siguiente nota. Intenté hacer un análisis crítico y resumido de lo sucedido en materia política en estos 25 años desde la vuelta a la Democracia y el impacto respecto a la idea de país que todavía estamos esperando ver realizada)
“Con la democracia se come, se educa y se cura”……pero en el país continúan existiendo pobres y gente de bajos recursos olvidados; los paros docentes están a la orden del día, los alumnos pierden clases y lo poco que estudian lo intentan hacer en escuelas que se caen a pedazos; y el sistema de salud esta colapsado y quebrado, con hospitales o salitas que en muchos casos no cuentan con elementos básicos de medicina y enfermería.
Argentina vivió gran parte del siglo XX asediada por graves conflictos sociales y políticos y etapas de inestabilidad que incluso causaron renuncias en la parte más alta de la pirámide del poder. Ese desequilibrio impulsó 6 golpes de estado que derrocaron gobiernos democráticos, por muy malos que hayan sido, entre 1930 y 1976, alterando los ínfimos periodos de seguridad que los argentinos han logrado gozar en toda la historia, desde el nacimiento mismo de la República.
El 30 de Octubre de 1983 el pueblo en su totalidad pudo vivenciar al fin una elección libre, tras 7 años de oscuras penurias ocasionadas por el más feroz y violento de los golpes.
Nefastos personajes encabezaron un proceso que manchó con sangre el prestigio de las Fuerzas Armadas, sedientos de poder y control autoritario – y agresivo - por sobre cualquier sujeto, organización o institución en el país, acompañados de movimientos paralelos que quisieron jugar a su manera, dejando en el medio a inocentes que, o bien fueron borrados del mapa, o bien sobrevivieron en medio del terror y el miedo.
El pasado no debe olvidarse, para no volver a caer en los mismos errores. Aprendizaje que la historia del país forzosamente nos obligó a entender. Pero aunque la democracia es el sistema de gobierno “más perfecto” que pueda existir, debido a la posibilidad de libre circulación, expresión y elección de quienes dirigen a un país, en Argentina las fallas han sido constantes, y hasta el día de hoy, en muchos casos demuestran ser todavía irreparables.
Desde el instante en que Raúl Ricardo Alfonsín se alzó desde el partido Radical con el 52 % de los votos, por sobre el 40% del Partido justicialista – peronista, se inició una etapa de reconstrucción institucional y social, que lamentablemente nunca halló en su camino el acuerdo global que requería, y en la actualidad sufre las consecuencias de la falta de lineamiento político a nivel estatal – y distrital – más allá de la bandera partidaria que comande desde el Ejecutivo.
Alfonsín tuvo que lidiar con las cenizas que habían dejado atrás las malas hierbas dentro del cuerpo militar. Aunque fue él quien impulsó el importante juicio a las Juntas, el constante acoso, que se llegó a traducir en el lamentable levantamiento armado sobre el regimiento de la Tablada, lo empujó sin remedio a buscar conciliar con los rebeldes, hasta tener que sancionar las injustas leyes de Obediencia debida y punto final.
El desastre económico que había heredado de la dictadura no pudo ser nunca solucionado, al punto tal que se alcanzó la categoría de hiperinflación que hirió de muerte al primer gobierno democrático tras el infierno.
El sideral monto de deuda externa e interna y la falta de inversión, entre otras variables negativas, borraron de raíz las buenas intenciones de Alfonsín, complementado además por la falta de apoyo político por parte de las líneas opositoras, y errores propios de su administración.
En su lugar, asumió el peronista Carlos Saúl Menem, que llevó adelante una política de estabilización basada en la famosa ley de convertibilidad del austral, una devaluación y apertura empresaria hacia los intereses extranjeros. Por un corto lapso de tiempo, todo fue color de rosas. Un presidente aparentemente carismático que se codeaba con el “jet set” presidencial a nivel global, presentaba una economía en crecimiento y expansión, argumentada en las nuevas posibilidades de la gente de adquirir productos importados y costosos a gusto. Nada importa si nadie toca el bolsillo.
La burbuja paradisíaca que el ex gobernador Riojano había creado era un mundo de ensueño tal que hizo posible la modificación de la Constitución en su favor, para lograr la reelección. Hasta anuncios de viajes a Asia en una hora sonaban coherentes.
Pero la burbuja estalló. Y el mundo de las privatizaciones que vendieron al país en manos extranjeras ya no pareció tan positivo. Viejas malas palabras a las que los argentinos nos hemos acostumbrado resurgieron: Desempleo y pobreza, inflación, inseguridad social y financiera.Se lanzó el desesperado plan bonex, que congeló todos los plazos fijos, y se restringieron distintas actividades y beneficios. Se destruyó la industria y se achicó el aparato administrativo.A su vez, escándalos de enorme proporción como la explosión en Río Tercero, las ventas ilegales de armas a Ecuador y Croacia y las crecientes denuncias de corrupción crearon un clima de confusión y disturbio.
En ese turbulento panorama tomó la posta Fernando de la Rúa que, junto a Carlos ‘Chacho’ Álvarez, justificaba su fama de “aburrido” adjudicándole a la situación del país un tono que no daba para la risa. Los hechos demostrarían que esa idea que la gente tenía de él no solo sería real, sino que se perfeccionaría con su lentitud e incompetencia a nivel político, hasta darle el empujón final al país por sobre el borde del abismo.
Su administración nunca vislumbró importantes aciertos: Aumento de los impuestos desde el presupuesto para el año 2000, recorte salarial, pérdida de credibilidad e inversión y renuncias de ministros y funcionarios de alto rango, incluido el mismísimo Vicepresidente, que en medio del escándalo de coimas en el Senado que el denunciaba, contrariamente a la actitud que podía esperársele, dejó su cargo, lo que dejó a nivel público herido mortalmente al Presidente.
La muerte de su gobierno se produciría a finales del 2001, cuando la economía se hundía sin remedio, y Domingo Cavallo, llamado desesperadamente creyendo que milagrosamente evitaría la caída, solo será recordado popularmente como el autor material del recordado “corralito”, que enfriaba los depósitos de la gente en los bancos, limitándolos a extraer solamente una suma mínima.
El clima de guerra que se vivió aquel fatídico mes se cobró caro el presente y futuro del país: De la Rúa tuvo que renunciar y escapar en helicóptero, la desesperación impulsó cientos de saqueos a comercios y mercados, y se sucedieron feroces represiones que acabaron con vidas.
Los días siguientes se respiraba tensión extrema, y como dato curioso dentro del desastre, la presidencia fue manoseada por diferentes individuos que disfrutaron de pocas horas el sabor del poder en su más alto cargo: Ramón Puerta, presidente Provisional del Senado; Adolfo Rodríguez Saá, gobernador de San Luis; y Eduardo Camaño, Presidente de la Cámara de Diputados.
Finalmente, Eduardo Duhalde tomaba el timón de un barco que zozobraba por todos los costados, sabiéndose parte de un periodo de transición hasta llamar a elecciones.
¿Alguien recuerda que fue el mismo Duhalde que apoyó al santacruceño Néstor Kirchner para competir con el incansable Carlos Menem? Así es. Afortunadamente, el riojano renunció a la segunda vuelta, entendiendo que perdería a manos del que durante su presidencia había sido un aliado – punto a tener en cuenta.
Con solo el 22 % de los votos, el 25 de Mayo del 2003 tomaba el bastón y se vestía con la banda un gobernador prácticamente desconocido para la opinión pública en general, pero que en sus primeros años como Presidente, logró estabilizar a la economía.Se produjo un crecimiento apoyado en la leve suma del empleo, de los salarios y mayor inversión, manteniendo el cambio con el dólar en $ 3,10, privilegiando a la industria nacional, que logró reactivarse.
Asimismo, el ex gobernador de Santa Cruz sacó del cajón la olvidada política de Recursos Humanos que Alfonsín en su momento había iniciado, e instó a la justicia a hacerse cargo de los culpables de la dictadura iniciada en 1976 – aunque no todos los responsables de aquella barbarie fueron presentados en el banquillo. Muchos pululan por el poder ahora mismo.
Lamentablemente, los malos hábitos de Kirchner se hicieron notar a medida que se acercaban las elecciones presidenciales de 2007.
La confrontación con distintos sectores como el campo, se hicieron características de su personalidad política, hasta trascender fronteras y enfrentarse con el país vecino y hermano, Uruguay, en un tire y afloje que a Kirchner, por alguna razón, le gusta y le sienta bien.
El manejo de los índices de Inflación arruinó el prestigio del INDEC como agencia de estadísticas modelo a nivel continental, y la centralización de los fondos en la Caja del Gobierno central, en detrimento de las provincias, le regalaron un poder excesivo, solamente delegado en pocos funcionarios estratégicamente elegidos.
De esa manera arbitraria mandó a su esposa y senadora, Cristina Fernández, a tomar su lugar en el sillón presidencial. Más allá del holgado triunfo que la denominada “concertación” cosechó en las urnas – en medio de denuncias de mal conteo de los votos – la continuidad de la metodología de administración implementada por el ahora presidente del desordenado Partido Justicialista fue potenciado, hasta alcanzar niveles extremos de confrontación y defensa férrea e incoherente de cuestiones como: La resolución 125 de retenciones al sector agropecuario, la millonaria inversión en el innecesario Tren Bala y el traspaso de los fondos jubilatorios al estado, para contar con más dinero en una caja que se debilita a causa de la crisis financiera mundial y la falta total de proactividad histórica. Estos son algunos “hitos” de la administración kirchnerista, aunque la lista se engrosa, en particular durante el año que corre.
Actualmente Argentina se adentra una vez más en la turbulencia.
El temblor que encuentra sus fundamentos en la desunión total que existe en la política, la falta de acuerdos reales y concretos.Suena utópico pensar en un desacuerdo de criterios que no envenene a las instituciones. La discrepancia en el país se trata de una cuestión de ubicación e intereses temporales, y no ideologías o lineamientos con continuidad en el tiempo.
¿Somos como sociedad capaces de pensar y realizar algo trascendental? (Interesante pregunta retórica de Jorge Lanata) La posible respuesta puede ser tan compleja como imposible de efectuar.
El término ‘largo plazo’ en materia económica, social y política no existe. En cambio se privilegia las decisiones del momento, y la idea de ‘borramos el pasado inmediato, cuenta nueva y a empezar de cero’, o peor aún, remar desde ‘menos cero’.
Entonces el balance de los últimos 25 años crecerá en déficit en el futuro inmediato, si es que solo se aplican determinaciones paliativas y no se proyecta de hoy a 10, 15, 20 años.
“Con la democracia se come, se educa y se cura”…pero la democracia demostró ser ineficaz, y la comida no llega a la boca de todos, la educación es mediocre y la enfermedad del poder corroe hasta los rincones más puros de una sociedad que, detrás de la solidaridad y la calidez, esconde violencia y egoísmo.
Las promesas se hacen para cumplirlas. Si sabes que no las harás realidad, no prometas, solo actúa, y a atenerse a las consecuencias.
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