Crisis financiera a nivel global y una “preocupación superficial” demostrada por la Presidenta Cristina Fernández es el contexto en el que se encuentra indefectiblemente inmersa la economía del país, la cual, más allá de especulaciones oficiales con tono insuficientemente tranquilizador, debe contar con un plan concreto para evitar cualquier efecto externo colateral que la haga tambalear más de lo que por naturaleza tiembla.
La interrogación surge cuando se analiza las ideas que el Gobierno baraja como posibles “soluciones” para no sentir el efecto rebote que si o si la caída de Wall Street generará, y que ya ocasionó.
El salvataje de bancos al borde de la quiebra se convirtió en una “pequeña moda obligada” en Estados Unidos y Europa. La bolsa norteamericana, que prácticamente vive del régimen de créditos e hipotecas a largo plazo, expuso las debilidades del sistema bancario que no pudo soportar la debacle financiera.
En Argentina, el entorno de la Mandataria si ha manifestado con anterioridad cierta inquietud – relativa - acerca de la caída de las bolsas en el mundo, causada por el estallido de la burbuja crediticia que mantenía en pie al sistema económico norteamericano.
Por ello, el jefe de Gabinete Sergio Massa, quien oficia de vocero total de cualquier acción de la Presidenta, organizó un comité de crisis que se encargará de hacer un seguimiento y análisis de la incertidumbre que reina en los mercados internacionales, que a nivel local ya amenaza con salpicar seriamente diversas variables que contempla el andar económico del país.
Incluso el ex Presidente Néstor Kirchner, infaltable presencia dentro del circo mediático oficialista, “alentó” a un encuentro plural de concertación y enfrentamiento a la crisis, sin intenciones electorales. De todas maneras, se descuenta la ausencia de cualquier “opositor real”, sea un Macri, una Carrió, un Saa, un Binner, un Morales. Y la lista sigue. Entonces no tiene mucho sentido profesar con la palabra la “pluralidad”, y omitirla en los hechos.
¿Pero que medidas se tomarán? Además de mostrar para la opinión pública que el joven jefe de Ministros se pone al hombro la pesada mochila de desbandes y pifies serios que el Gobierno realiza en muchas de sus políticas económicas, la situación general del país en varios sectores tiñe de gris oscurecido el futuro a corto y mediano plazo.
¿Qué va a pasar con el nuevo paro agropecuario? Enmarcados en una disminución considerable de precios internacionales de los granos – que implica una baja en las pretensiones de recaudación de la administración K -, las protestas del sector rural vuelven a copar los costados de las rutas y re surgen los cruces de declaraciones de ambos lados, que no sirven más que para embarrar la cancha, carente de pastos frescos.
El recordado “No” de Cobos solo sepultó a la resolución 125, pero el plan agropecuario se hace desear. Solo con subsidios no alcanza.No es dato menor recordar las pérdidas millonarias que las sequías no prevenidas ni atendidas inmediatamente han ocasionado en las ganancias pensadas a comienzos de año.
El cese de actividades implica el cese de exportaciones.
Y para la economía Argentina, eso significa un golpe bajo y doloroso.Ya en el Foro de Negocios América Latina y Sudeste Asiático realizado en Singapur (uno de los países más desarrollados del mundo) se resaltó la ausencia de Argentina en el mercado de exportación de carnes, que esa región del mundo tanto consume.
Y millones de divisas se esfuman en el denso aire de confrontación campo – gobierno.
¿Y el INDEC? Tema para nada menor. Es esencial para los potenciales inversores extranjeros contar con índices económicos confiables y convincentes que generen previsibilidad para la realización de sus actividades. Pero la férrea y caprichosa defensa de la Presidenta en Estados Unidos hace una semana y del Jefe de Gabinete en el Congreso obstaculizan cualquier esperanza de modificación pronta de la agencia de estadísticas nacional.
El arte grotesco del secretario de Comercio Interior Guillermo Moreno y sus súbditos se podría entender como apertura para la llegada de capitales extranjeros que buscan invertir alejados de cualquier índice inflacionario amenazante. Pero a esta altura, fuera de los límites del país se ha extendido la “mala praxis” del INDEC, y ya nadie – o casi nadie – se la cree.
Y si a ello se le suma la excesiva intervención estatal en varios sectores dinámicos de la economía (como alimentos y energía) y la fuerte presión tributaria para las empresas (que ya prevén para el futuro cercano una caída en sus actividades, lo cual impactará en la producción y en el empleo) el escenario para cualquier capital externo que quiera descender en Argentina parece estar minado con escollos que ni siquiera una especie de “tapete oficialista de medidas aparentemente beneficiosas” puede ocultar. Y la retracción mundial y local en las acciones hecha por tierra algún riesgo que en este momento nadie va a tomar.
La pérdida de valores en papeles de sectores muy pesados (como energía) y diversos instrumentos de inversión local, el resbalón de los precios internacionales de materias primas, el abandono por parte de accionistas de los activos que amagan con la posibilidad de caída, y la dolarización inmediata que se lleva a cabo ante cualquier duda – lo que ocasiona una suba del precio de cambio y una depreciación del peso argentino, inevitable pese al intento del Banco Central de usar sus reservas para contrarrestarlo - fueron advertidos en el Merval (La Bolsa porteña), que llegó a sufrir en las últimas horas un pico de descenso del 11,5 %.
¿Y el gasto público? El “consumo insaciable” de millones de pesos para con los subsidios juega un papel más que importante, a tal punto que excede el 40% del gasto. Y todo para congelar tarifas que de todas maneras siempre amenazan con aumentar. Vale la pena recordar los tratos millonarios que no tienen ninguna justificación seria. Ejemplo: Tren Bala.
La sensación de estar haciendo las cosas de manera errónea o con intenciones simplemente paliativas generan mayor incertidumbre a nivel local (y regional), ya que más allá de las intenciones del pago al Club de París y la reapertura del canje de la deuda con tenedores de bonos, la economía nacional se encuentra ligada a los movimientos del poder del norte, en mayor o menor medida, como el resto del mundo.
Más allá de la crisis global, la administración del matrimonio santacruceño no se ha puesto al día con cuentas pendientes que solo estiran por tiempo indeterminado – sin necesidad – respuestas y soluciones que tarde o temprano deben llegar, para aumentar la seguridad de la valla contenedora que tratará de filtrar lo más que se pueda los efectos del conflicto financiero mundial, que ya está golpeando la puerta.
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