Como sucede cada vez que se presenta un proyecto de Ley que contempla una cuestión de gran significancia para el total de la población, el Congreso de la Nación se convierte en lo más parecido a un campo de batalla, donde los discursos y las negociaciones son las armas que tanto el oficialismo y la oposición utilizan para ceder la balanza a su favor, accediendo a todo tipo de artimañas para atraer el voto de los “rebeldes” o “indecisos”, sabiendo los Legisladores que en este tipo de sesiones pueden jugarse el puesto y su futuro político.
La esencia de la ideología y el valor de la palabra pierden fuerza ante el torrente de “promesas e incentivos” que un bloque puede presentar para aquellos que no sepan que camino seguir. Aunque hay excepciones a tener en cuenta, el grueso de los congresistas saben que deben resignar para ubicarse favorablemente dentro del cambiante mundo de la política, y no pasar a la intrascendencia total.
Esta semana ingresó al recinto de diputados el proyecto de presupuesto para el año 2009 que originó un intenso y esperado debate, que incluyó naturalmente las férreas defensas de los legisladores oficialistas, y la réplica acalorada de la oposición.
El presupuesto para el año siguiente, que se caracteriza por ser electoral – se renuevan las cámaras – marca un monto de 233.817 millones, que según el desconocido Ministro de Economía, Carlos Fernández, se aumentó con respecto al 2008 para solventar gastos en inclusión social, gasto en infraestructura y gasto en educación.Las “sorpresas esperables” llegan desde las estimaciones utópicas e inentedibles que el Gobierno de Cristina Kirchner realizó para encuadrar el proyecto: Inflación del 8% - que se encargará de mantener el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno – un crecimiento del PBI (Producto Bruto interno) del 4%, y un tipo de cambio con el dólar a $ 3,19.
Llama poderosamente la atención vislumbrar ninguna previsión por parte del oficialismo con respecto a la crisis financiera mundial, que amenaza con una recesión global y que ha estancado variables del mercado que indefectiblemente afectan a la economía Nacional.Aparentemente eso no sucederá para la administración K, que no se cansa de explicar que la situación del país se encuentra en un punto sólido, en especial a nivel reservas.
¿Realmente se puede esperar un gasto comprometido en ámbitos tan fundamentales y colapsados como la educación, la salud e infraestructura y tantos otros?
Es difícil creerlo. Habrá temas primordiales en la agenda política del 2009. Elecciones legislativas – para lo cual seguramente se asignarán recursos excesivos, sino “donaciones” sospechosas, tan en boga actualmente - que significarán para el oficialismo una chance para levantar su pobre imagen luego del conflicto con el campo, y comenzar a asegurar las alianzas y posiciones para las presidenciales 2011.Es triste que algo que parece tan lejano sea de suma importancia.
El otro punto a intentar cumplir es el pago de deuda con el club de París, a lo cual la Presidenta se comprometió antes que estallara la crisis y que, en vista de los sucesos financieros que han ocurrido, la ha obligado a firmar su primer DNU (decreto de necesidad y urgencia), que la misma mandataria había prometido no usar durante su campaña.Esta vez, la determinación impulsó la modificación de la Carta Orgánica del Banco Central de la República Argentina (BCRA), para autorizar la utilización de mayores reservas para el pago de dicha deuda de manera discrecional, totalmente contrario a lo estipulado por el inciso a) del artículo 19 del documento del Banco, que “prohíbe al Banco conceder préstamos al gobierno nacional, a los bancos, provincias y municipalidades, excepto cuando se financie al gobierno nacional a través de la compra, a precios de mercado, de títulos negociables emitidos por la Tesorería".
Ignorando ello, La Presidenta se aseguró incrementar el presupuesto del año que viene, en comparación al 2008, alrededor de 36.700 millones de pesos.
El malestar acerca de la posible aprobación del proyecto del Gobierno también se extiende a las provincias, que verán complicada su autonomía, ya casi inexistente a esta altura, en materia fiscal. Solamente 24% de la recaudación se coparticipará, lo que convierte al resto del territorio en totalmente dependiente de lo que la Administración central decida, ya que obligará a los gobernadores a tener que rogar por mayores partidas para aplacar los efectos de la inflación y de los reclamos salariales, teniendo que lidiar como un pobre empleado, para llegar a fin de mes y tener que dejar de lado muchas otras cosas.
Las dudas no se detienen allí. Independientemente de la decisión final del Congreso de la Nación, todavía los K cuentan con los superpoderes que ostenta el jefe de Gabinete, Sergio Massa, que tarde o temprano podrá estrenar el privilegio de repartir dinero a quien el matrimonio santacruceño determine.
¿Qué pasará con los subsidios y las locas inversiones como el Tren Bala?
Lamentablemente, en política es común utilizar “tretas lingüísticas” para confundir al ojo y oído corriente, cuando en la aplicación práctica, los millonarios montos se pueden redireccionar sin pudor. Entonces los usuarios del transporte público en todas sus variables deberán sepultar sus esperanzas de soñar con un 2009 de cambios concretos.
Como sucedió durante el conflicto con el campo, cuando Cristina Kirchner se vio forzada a enviar el proyecto de retenciones al Congreso, tanto diputados como senadores se ven en la “penosa necesidad” de trabajar.
La disputa en diputados ya fue ganada sin demasiados problemas por el oficialismo, que obtuvo un apoyo de 149 votos, contra 87 en contra. Ahora el proyecto ingresó a la cámara de Senadores, donde los K tratarán de asegurarse un triunfo inmediato, para evitar el fantasma del desempate que levantó la imagen del vicepresidente Julio Cobos a la escala de “querido” – muy difícil de lograr en la política nacional – tras rechazar el proyecto del Ejecutivo.
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